Sexto Informe de Gobierno del presidente Ernesto Zedillo Ponce de León

Intervenciones de legisladores

Partido Verde Ecologista de México
Senador Jorge Emilio González

Partido de la Revolución Democrática
Diputado Martí Batres Guadarrama

Partido Acción Nacional
Senador Jorge Zermeño Infante

Partido Revolucionario Institucional
Diputada Beatriz Paredes Rangel


Contestación al VI Informe de Gobierno
Diputado Ricardo Francisco García Cervantes
Presidente de la Cámara de Diputados








Septiembre 1, 2000.

Presidencia del Congreso
Diputado Ricardo Francisco García Cervantes

ASISTENCIA

El Presidente del Congreso:

Solicito a la Secretaría dé conocimiento a esta Presidencia del resultado del cómputo de asistencia de los diputados.

El secretario diputado Manuel Medellín Milán:

Se informa a la Presidencia que se han registrado previamente 408 diputados.

El Presidente del Congreso:

Solicito al Secretario de la Cámara de Senadores haga del conocimiento de esta Presidencia la asistencia de senadores.

La secretaria senadora Rita María Esquivel Reyes:

Señor Presidente, con base en el registro previo de asistencia de la Secretaría, se informa que están presentes 113 senadores.

El Presidente del Congreso
(a las 17:10 horas):

Se abre la sesión, habiendo quorum, de Congreso General.

El secretario diputado Manuel Medellín Milán:

Se suplica a todos los presentes ponerse de pie.

DECLARATORIA DE APERTURA

El Presidente del Congreso:

El Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, abre hoy, 1o. de septiembre del 2000, el Primer Periodo de Sesiones Ordinarias del Primer Año de Ejercicio de la Quincuagésima Octava Legislatura.

Se procederá a entonar el Himno Nacional.

(Himno Nacional.)

COMISIONES REGLAMENTARIAS Y DE CORTESIA

El Presidente del Congreso:

En virtud de que cada una de las cámaras al constituirse designó las comisiones de cortesía a que se refiere la Ley Orgánica y el Reglamento del Congreso, esta Presidencia ruega a los legisladores integrantes de las mismas, procedan en su oportunidad, a cumplir con el cometido asignado por sus cámaras.

INTERVENCIONES PARTIDISTAS

El Presidente del Congreso:

De conformidad con lo que establece el artículo 7o. numeral dos de la Ley Orgánica del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, harán uso de la palabra los siguientes legisladores:

Del Partido Alianza Social, el diputado José Antonio Calderón Cardoso.

De Convergencia por la Democracia Partido Político Nacional, el diputado Angel Enrique Herrera y Bruquetas.

Del Partido de la Sociedad Nacionalista, el diputado Gustavo Riojas Santana.

Del Partido del Trabajo, el diputado Alberto Anaya Gutiérrez.

Del Partido Verde Ecologista de México, el senador Jorge Emilio González.

Del Partido de la Revolución Democrática, el diputado Martí Batres Guadarrama.

Del Partido Acción Nacional, el senador Jorge Zermeño Infante.

Del Partido Revolucionario Institucional, la diputada Beatriz Paredes Rangel.

En tal virtud, se concede el uso de la palabra al diputado José Antonio Calderón Cardoso, hasta por 15 minutos.

El diputado José Antonio Calderón Cardoso:

Con el permiso de la Presidencia; diputadas y diputados; senadoras y senadores presentes; ciudadanas y ciudadanos:

La Cámara de Diputados del Congreso de la Unión inició la toma de protesta de las diputadas y diputados, realizando acuerdos para la designación de las comisiones legislativas en un marco de exclusión de las fracciones parlamentarias minoritarias a cualquier cargo de gobierno de la Cámara.

Con estas actitudes es muy claro que los grupos parlamentarios mayoritarios corren el riesgo de traicionar los valores democráticos que ofrecieron representar a los electores mexicanos.

Las actuales mayorías nos han mostrado señales de intolerancia, de rechazo al diálogo y de ataque al derecho a la diferencia que representamos la diputada y el diputado de Alianza Social, que es una nueva fuerza ciudadana.

Resulta trágica la negativa de las arrogantes mayorías para vivir a cabalidad los principios y los valores de la democracia dentro de esta Cámara. Las minorías somos desoídas, avasalladas y lastimadas en nuestra dignidad parlamentaria.

Las fuerzas parlamentarias mayoritarias le deben respeto a la diferencia y a las minorías como un valor democrático en todas las esferas de la actividad humana. Para nosotros conlleva un enorme reto moral luchar por el derecho de las minorías, ello nos representa un deber político, por lo cual convocaremos a los hombres y las mujeres libres y revolucionarios, a manifestarnos públicamente para dinamitar los últimos vestigios del anciano régimen.

Recordemos que el autoritarismo vivió gracias a la complacencia de una oposición leal que simulaba ser oposición y que hoy, hoy que ella es gobierno, no nos muestra que efectivamente inicie el gran proyecto de la democracia, desde el seno del Poder Legislativo. La democracia no será posible sin diálogo con las minorías y sin su participación plural en los órganos decisorios de la vida política; porque aquella mayoría que atenta contra los derechos de las minorías, atenta contra la democracia.

Los diputados de Alianza Social tenemos muy clara la filosofía política que queremos instaurar: queremos que los poderes del Estado promuevan el derecho a la diferencia, el respeto absoluto y completo de todas las prerrogativas y facultades que la ley le confiere a las minorías de cualquier signo, así sea ético, económico, religioso, cultural, político y ecológico. Queremos un gobierno de leyes, no de hombres; queremos que los órganos de gobierno sean abiertos a la voluntad ciudadana en la toma de sus decisiones; que haya racionalidad y una vocación humanista, para que toda acción de gobierno sea a favor del desarrollo integral de las capacidades de todos los mexicanos de cualquier edad, pero especialmente de quienes más necesitan de la solidaridad social, de los 71 millones de pobres que viven en el territorio nacional.

Nos resulta evidente, compañeros legisladores, que en caso de no haber rectificaciones en la Cámara, que los grupos parlamentarios mayoritarios han comenzado a defender los intereses de la oligarquía, del capital y del mercado globalizado que están detentando el control de las comisiones legislativas para impedir que desde ellas se trabaje en la producción de propuestas políticas en bien de los principios de la soberanía, la independencia, el nacionalismo y de quien menos tiene. Eso habremos de revertirlo mediante la lucha auténticamente democrática a través de la permanente consulta a los ciudadanos para obtener propuestas inteligentes e imaginativas de los hombres y mujeres que aman verdaderamente a México.

Alianza Social, por otra parte, quiere expresar su reconocimiento a la participación cívica de los mexicanos y mexicanas que votaron el 2 de julio, a los candidatos que promovieron la discusión pública electoral en todas las plazas, a todos los ciudadanos que fungieron como representantes de casilla o de partido, a los consejeros electorales, a todos los consejos del IFE y al Presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León, cuyo reconocimiento de los resultados electorales fue un claro pronunciamiento a favor de la civilidad de la competencia electoral; un pronunciamiento que despertó un nuevo ánimo de aliento a la nación que nos permite volver a creer en nosotros mismos y a creer en un futuro mejor.

En este reconocimiento también queremos dejar constancia de la labor del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, que tiene un lugar señalado por su promoción de la voluntad popular que encauzó hacia la transición pacífica y democrática para lograr la alternancia en la presidencia de la República.

Reciban un fraternal saludo las ciudadanas y ciudadanos nacionalistas que libremente nos agrupamos en la Alianza por México que representó un ejercicio plural y que enriqueció la cultura democrática por su vocación de respeto a la diversidad de las fuerzas políticas emergentes.

Las nuevas fuerzas partidistas estaremos presentes en las cámaras con el deber constitucional y legal de recibir el informe y analizar objetivamente lo que señale el Presidente de la República.

En este VI Informe de Gobierno del Presidente no podemos dejar de advertir el estado que guarda la población del país, que es un desastroso estado por la injusta distribución de la riqueza económica, pues existen 71 millones de pobres, de los cuales 30 millones son producto de la actual administración.

Nueve de cada 10 mexicanos se encuentran en niveles de ingreso personal inferiores a los alcanzados en 1994, al tiempo que una docena de mexicanos acumulan fortunas insultantes equivalentes al total de las percepciones anuales del 40% de la población del país.

Mientras siga habiendo unos pocos que tienen mucho y unos muchos que tienen poco, la afirmación de que arribamos a la normalidad democrática será una expresión incompleta. Sin igualdad funcional no hay democracia.

Si a nuestra transición no le damos contenido social corremos el riesgo de estancar nuestro desarrollo democrática.

La Administración Pública Federal guarda un estado de irracionalidad de la distribución del gasto público. Por una parte, el rescate bancario y carretero recibieron recursos 50 veces superiores a los orientados al rescate de las decenas de millones en pobreza extrema que, por otra parte, fueron solamente atendidos por el Progresa 5 millones de ellos.

El Gobierno Federal no promovió reformas administrativas en abono de la eficacia y transparencia en la recaudación fiscal y del sistema tributario, sino que promovió de facto una paulatina desgravación de los grandes capitales a través de diversas fisuras de la norma.

La gobernabilidad del régimen careció del respaldo popular para emprender reformas tributarias acordes al principio de justicia social, lo que nos permite señalar que la presente administración que termina fue un régimen neoliberal con la implicación del grave sometimiento de la soberanía nacional al mercado mundial, en perjuicio de la población mexicana.

El actual gobierno continúa el proceso de descentralización de la administración pública, transfiriendo de manera inadecuada responsabilidades y competencias a los estados, las cuales nos arrojan, hasta este momento, resultados desastrosos.

Hoy existe un desabasto hospitalario en el sector público y un progresivo deterioro de la calidad del sistema de la educación pública que son dos ejemplos graves de la debacle y deficiente descentralización, descentralización que más bien está desmantelando la política de gasto social, a pesar de la increíble coexistencia de un cuantioso superávit del erario federal.

La administración federal nos ha ocultado que de acuerdo a cifras del Ceneval hoy el 22.5% de los aspirantes a ingresar al nivel de educación media superior ignoran que Miguel Hidalgo promovió la independencia del país.

Debido a la improvisada descentralización de la administración pública nos encontramos con que más de 23 mil millones de pesos descansan inútiles en las arcas de la tesorería.

Históricamente, amigos legisladores, estamos asistiendo al término constitucional del periodo del presidente Zedillo. La Presidencia se transferirá pacíficamente a un presidente electo de un partido distinto, quien habrá de entregar las riendas de un país que vive expectante por los posible beneficios de la alternancia democrática.

Sin embargo, y paradójicamente, no dejaremos de reconocer que la pésima gestión terminará en medio de un ambiente festivo y de esperanza que está viviendo la mayoría de mexicanos porque su gestión a favor de los ricos no empaña la esperanza ciudadana en la democracia y en la alternancia partidista para corregir el rumbo de la nación.

Tenemos confianza de que podremos derribar los últimos muros del autoritarismo y de las acostumbradas concertacesiones políticas. El diálogo y la razón son las únicas armas con las que contamos los diputados democráticos, debemos emplearlas para rechazar el mal y apoyar el bien, vengan de donde vengan. Tal es la intención de nosotros, los legisladores de Alianza Social.

La transición del 2 de julio, que se refiere al cambio en el Ejecutivo Federal y a la pluralidad en este Congreso, no será completa si nosotros no erradicamos la cultura propia del antiguo régimen de no liquidar sus usos y costumbres, entonces estaríamos ante un cambio de fachada o un simple gatopardismo.

La realidad deberá ser enteramente distinta después del 2 de julio. Para ello es urgente que propongamos una reforma constitucional que logre la plena vigencia de la democracia representativa y participativa, la implementación del referendum, el plebiscito, la iniciativa popular, la vigilancia ciudadana y la revocación del mandato.

Finalmente, los diputados de Alianza Social queremos reiterar que para un pueblo con 71 millones de pobres y con uno de los perfiles de distribución de ingreso más desiguales del mundo, una constitución política que no tenga carácter social y redistributivo o permítanme decirlo en otros términos, si no representa una clara defensa preferencial por los pobres, resultará absolutamente incapaz de contener las tensiones y las fricciones internas que hoy asolan a la nación, las cuales pueden representar su fractura como Estado y perder por tanto su independencia.

Un Estado social de derecho existe que Estado y sociedad sean garantes eficaces contra la exclusión y los desgarramientos del tejido social. Postula que la solidaridad es la verdadera base de toda ciudadanía. Adopta como punto de partida el respeto esencial a la dignidad del hombre y la mujer y adopta como instrumento principal un constante y renovado compromiso societario contra sus flagelos seculares: la miseria, el aislamiento, la injusticia y el dolor.

El Estado social de derecho que proponemos es en esencia un pacto contra la exclusión. De este pacto dimana su fuerza y justificación. Ser ciudadano en un Estado social de derecho es no estar solo, es apoyarse en otros, es apoyar a otros. Si no adecuamos nuestras instituciones el vínculo que nos une corre un grave riesgo de ruptura. Para los ciudadanos que conformamos Alianza Social el futuro de México, señoras y señores legisladores, está indisolublemente unido al futuro de los millones que conforman la nación mexicana.

Muchas gracias.

El Presidente del Congreso:

Recuerdo a los diputados y senadores que harán uso de la palabra, que conforme a las disposiciones de la Ley Orgánica, se concede hasta por 15 minutos.

Tiene la palabra, del Partido de la Sociedad Nacionalista, el diputado Gustavo Riojas Santana...

Se cede la palabra al diputado Angel Enrique Herrera Bruquetas, hasta por 15 minutos, del Partido Convergencia por la Democracia.

El diputado Angel Enrique Herrera y Bruquetas:

Con su venia, señor Presidente; honorable Congreso de la Unión; distinguidos invitados; señoras y señores:

Felizmente y para bien de la patria termina el más mediocre sexenio de la historia contemporánea. ¡Ernesto Zedillo empezó mal y terminó peor: simulaciones, inercias, inseguridad, irresponsabilidades, demagogia, ineptitud! Fuimos seis años un barco sin timón, navegando por aguas fangosamente turbias.

A un Presidente se le juzga por su obra y también por sus colaboradores. Elegir es elegirse. El tamaño del actual Presidente de la República como gobernante lo define su errático ejercicio administrativo, así por ejemplo como su muy cercano colaborador, Espinosa Villarreal, supremo exponente del funcionario ideal que apoyaba y distinguía el Presidente.

El tema de la creciente pobreza de las mayorías, el de la democracia, el de la seguridad pública, el tema de la independencia y soberanía nacionales, el tema de las devaluaciones encubiertas, se expresan todos ellos enpalabras, pero fundamentalmente se reconocen en los hechos de gobierno.

Pocos trazos definen al Presidente que venturosamente se va. La investigación del crimen de Estado cometido en contra de la persona de Luis Donaldo Colosio, queda sospechosamente no aclarada. El error de diciembre partió a la economía del país en dos y la paridad monetaria de esa fecha al día de hoy, nos deja una depreciación del 300%.

El problema de Chiapas, tan importante para la agenda nacional, fue saboteado, enturbiado y olvidado desde Los Pinos. ¡El prometido "Bienestar para la Familia" nunca, pero nunca llegó!

¡Zedillo es el Fobaproa, es Acteal y es Aguas Blancas!

El fallo del pueblo es irrevocable. Salgamos a las calles y preguntemos a lo largo y a lo ancho de toda la geografía nacional cómo califican los que nada tienen, la obra de Zedillo. La respuesta será reveladora. La herencia ideológica, política y teórica de aquel malandrín llamado José María Córdoba, empobreció crecientemente a las mayorías y enriqueció hasta límites intolerables a las clases privilegiadas de siempre. Sirvió a los menos y les dio la espalda a los más, por eso ya va siendo hora de juzgar como se debe y con todo el rigor del caso a los presidentes, sin evitar llegar hasta donde sea necesario si su conducta así lo amerita.

Democracia es la palabra sustantiva de nuestro tiempo. Todas las inquietudes de la sociedad política y de la sociedad civil se han dirigido hacia ella. Se ha buscado afanosamente una democracia donde la libertad sea parte integrante de la justicia y en la que la justicia legitime plenamente el ejercicio público de la libertad. No queremos una democracia en la que pocos estén de acuerdo con pocos, sino una democracia en la que muchos estén de acuerdo con muchos.

México salió enriquecido de la jornada electoral del 2 de julio. Tenemos un pueblo que se afirma y que lo demuestra en las urnas. Nos hemos rejuvenecido como país sorprendentemente. Ha sido el producto innegable de un esfuerzo sistemático de imaginación, de lucidez, de valor y de suprema honradez de todos los ciudadanos, Profundizar en la democracia es el reto, la magnitud y la simultaneidad de los grandes problemas a enfrentar exige la construcción de un gran consenso básico que involucre a la gran mayoría de la sociedad.

Se gobierna a través del ejemplo o no se gobierna; ética y política van por caminos paralelos, la moral es una sola y la casa del político debe ser de cristal y está bien que así lo sea porque un país que se respete no puede construirse a base de crímenes y de impunidades, a la fuerza de la corrupción hay que oponer el indestructible baluarte de la fuerza del derecho, a la intriga y a la deslealtad hay que enfrentarle el cinismo en plan de indomable adversario, el pueblo mexicano esta urgido de que se le reinstale la esperanza en los valores legítimos de la patria.

Luchemos porque la democracia política dé paso a la democracia económica, aquélla que busca afanosamente una mejor calidad de vida para todos; lo imposible parece hoy posible, la democracia del dedo murió y este país cargado de siglos y de historia conoce la prueba de la verdad del sufragio.

Hoy, con el VI Informe de Gobierno concluye el último acto de un proyecto de nación neoliberal profundamente desigual e injusto. Pronto empezaremos a ver actuar a un nuevo gobierno y es ahí donde juzgaremos su congruencia y su eficacia o donde condenaremos su engaño o su ineptitud; hechos, muchos hechos son los que reclama la nación, no más palabras y menos, mucho menos engaños. La paciencia popular, virtud ciudadana por excelencia se agota, no es eterna, es una profunda verdad que la rectitud en el quehacer político y el vigor ético en su instrumentación son los resortes básicos de un gobierno genuinamente democrático.

De ahí la necesidad de una crítica permanente y vigilante que sirva para la preservación de los más altos y genuinos valores de la nación, la soberbia del tecnócrata es la antítesis del sentir republicano, quien gobierna por seis años a su capricho es un demócrata o es un monarca; libertad, justicia y democracia no se realizan por sí solas con la alternancia en el poder, es preciso defenderlas, provocarlas, sostenerlas, sus bases se hayan en la distribución y entrañas ciudadanas maduradas por el debate parlamentario, garantizadas por el consenso legitimador y por la presencia responsable y vigilante de cada uno en el quehacer de todos.

Estamos ante el nacimiento de un nuevo tiempo político, tiempo de espera y de esperanza; todo una confianza compartida en lo que puede llegar a ser México toca a la puerta. La filosofía política contemporánea, hija de las preocupaciones crecientes del siglo que se fue, había denunciado ya hace algún tiempo los peligros que encierra para la conciencia de nuestra época la muerte de la esperanza.

Los jóvenes que arrancan con el siglo, no pueden confiar su propio destino a los milagros de una tecnocracia calificadamente inútil para redescubrir el valor del ser humano y el sentido de la historia. Como nos hace falta ese patriotismo que pone voluntad en los corazones y cómo nos estorba esa indiferencia y cobardía que hace vanas y tristes las palabras: justicia, trabajo, seguridad y dignidad.

Quien no se sacrifica por el futuro de los suyos, no puede entender al que lo hace. La verdad suprema de la política está en la acción; el deber de los ciudadanos es estar ahí, donde sean más útiles. ¡Empecemos a caminar!

Muchas mexicanas y muchos mexicanos esperan resultados tangibles de esta legislatura, no los defraudemos. ¡La nación nos lo exige y la historia, la historia nos lo reclamará algún día!

El Presidente del Congreso:

Se concede el uso de la palabra al diputado Gustavo Riojas Santana, del Partido de la Sociedad Nacionalista.

El diputado Gustavo Riojas Santana:

Gracias, señor Presidente:

Integrantes del Poder Judicial; señoras y señores legisladores; miembros del gabinete; mexicanas y mexicanos:

Con el informe que hoy se nos presenta a todos los mexicanos, finaliza una etapa en la vida de nuestro amado México: el poder continuo de una era priísta en la Presidencia de la República, llega a su fin y la historia juzgará mejor que nosotros, los partidos políticos, los verdaderos avances o retrocesos, equivocaciones o aciertos, incumplimientos o realidades a nuestro pueblo y a nuestra nación.

Si bien es cierto que estamos viviendo un proceso de transición democrática y que algunas cosas han cambiado, también lo es, tendremos que admitirlo, que nos queda mucho trabajo y camino por transitar; desafortunadamente, aún no se alcanza entre los mexicanos un estadio superior de comunicación entre Gobierno y ciudadanos.

El uso político indebido que se hizo de las generaciones pasadas, nos deja un endeble andamiaje de compromiso moral con la patria y con la construcción de un México moderno y democrático.

En la percepción del Partido de la Sociedad Nacionalista, se nos hereda a los mexicanos un estado de derecho debilitado, una desestabilización social en ciernes, un país con las grandes mayorías empobrecidas y una inseguridad creciente. Son las promesas incumplidas a las mexicanas y a los mexicanos, las que lastiman y ofenden; son las promesas incumplidas de los gobiernos las que provocan el distanciamiento y la falta de solidaridad que debemos tener todos; es la necedad, es la necedad y la soberbia principal elemento de alejamiento entre Gobierno y ciudadanos, entre partidos políticos y autoridades. Es la falta de respeto y de compromiso con nuestra gente la que nos ha separado y enfrentado en muchas de las ocasiones. Es, por otro lado, la marginación y la injusticia, madre de toda violencia, la que aún hasta estas fechas nos muestra los exiguos resultados que podemos haber tenido.

Continuamos llevando como una vergüenza lacerante ante nosotros y ante las nuevas generaciones, la pobreza extrema, la falta de oportunidades y la injusticia social.

La unidad y reconciliación nacional, el resurgimiento de nuestro orgullo, el sentimiento de pertenencia, la verdadera defensa de nuestra soberanía y la autodeterminación que los mexicanos debemos tener en todos y cada uno de los aspectos económicos, políticos y sociales, es y debe ser obligación de todos.

¿Cómo exigir al mundo respeto para nuestro país, trato justo y equitativo, si en muchas ocasiones al interior no nos respetamos? ¡Cómo pedirle a los jóvenes de hoy y del mañana que empiecen a volar, si vemos a los adultos arrastrándose permanentemente con posiciones de sumisión vergonzante y entrega mezquina y mercantilista! Para el Partido de la Sociedad Nacionalista, nuestro proyecto es y será un México para los mexicanos, un México justo y democrático, un México de oportunidades y sobretodo de respeto a todas y cada una de las mexicanas y mexicanos que habitamos este hermoso país.

Por eso, nos hemos fijado como meta colocar al nacionalismo como eje de la toma de decisiones políticas y económicas, que permitan el desarrollo sustentable de nuestra nación.

En el Partido de la Sociedad Nacionalista lucharemos para que la pluralidad no sea o no continúe siendo mensajes de campaña y letra muerta en la realidad. Impulsaremos el derecho de participación política que tenemos todos y cada uno de los mexicanos, derechos consagrados en nuestra Carta Magna. Por lo que, los nacionalistas seremos los cimientos y estructura para la consolidación plena de la transición democrática.

Nacionalismo y ser nacionalista no significa pertenecer a una organización o partido político; ser nacionalista significa luchar permanentemente por el bienestar de todas y todos los mexicanos; es impulsar a nuestro país a ser nuevamente un líder moral y auténtico de los demás países. Ser nacionalista significa el pensar que por encima de la lealtad y compromisos partidistas, está el interés supremo de la nación.

Los nacionalistas decimos que por encima de la lealtad está el honor a la patria.

En el Partido de la Sociedad Nacionalista sentimos que algunos no han evaluado objetivamente lo que somos y cómo logramos constituirnos como partido político nacional. Se olvidan o no saben y no quieren hacer el mínimo esfuerzo de investigación, de los antecedentes, logros y participación permanente que hemos tenido.

Hay personas que no logran comprender cómo puede existir un partido sin grandes y connotados personajes políticos, cómo puede existir un partido sin ataduras ni compromisos. Les es difícil entender cómo pudo estructurarse un partido político nacional sin mecenas, padrinos o la aprobación de los grandes jerarcas de la política nacional. No pueden aceptar que existimos mexicanos osados que rompemos con la añeja tradición de formar partidos con dinosaurios o camaleones.

El Partido de la Sociedad Nacionalista participó en la Alianza por México porque consideramos que el proyecto que presentó el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, fue un proyecto nacionalista, dirigido al bienestar y progreso de las mayorías, respetuoso de la naturaleza ideales de la mujer y del hombre e impulsa e impulsaba a la unidad nacional y al resurgimiento de nuestro orgullo que como mexicanos tenemos.

Participamos en todo el país, pero específica y puntualmente en 19 distritos electorales, enmarcados principalmente en los estados de Guanajuato, Jalisco, Nuevo León, Querétaro y San Luis Potosí, con candidaturas de mexicanas y mexicanos profundamente nacionalistas; los resultados de nuestra participación no fueron los que hubiéramos deseado, pero de ninguna manera fueron menores a los obtenidos por el Partido de la Revolución Democrática en las elecciones de 1994 y 1997.

Aceptamos la crítica y reconocemos nuestros alcances, pero de ninguna manera aceptaremos los señalamientos provenientes de la falta de información, de la falta de objetividad y de la falta de profesionalismo y ética.

En el Partido de la Sociedad Nacionalista contamos con 6 años de lucha permanente en el impulso del nacionalismo en México y un año, un año como partido nacional.

Después de 6, 12, pero seguramente antes de 62 años seremos serios contendientes a la Presidencia de nuestro país.

El derecho de participación en los asuntos de la vida nacional, es un derecho constitucional de todas las mexicanas y mexicanos, el deseo fascistoide de algunos, de dejar dos o tres expresiones en los diferentes ámbitos del quehacer político es igual que el querer monopolizar en dos o tres industrias o televisoras o radiodifusoras o periódicos y negar la existencia de toda nueva expresión u organismo en México, es tanto como dejar a un lado a los más de 20 millones de mexicanos que se abstuvieron en las pasadas elecciones obligándolos a decidirse o permanecer en abstención al no ofertarles nuevas expresiones políticas.

Por otra parte, en el ámbito de la agenda legislativa, manifestamos nuestra disposición para coincidir en lo programático, ideológico y en lo político con todas aquellas propuestas, provengan de donde provengan, que busquen el fortalecimiento de un estado nacionalista que quiera avanzar en un país de políticas públicas, de valores, de rendición de cuentas, de transformación, de bienestar social para todos los mexicanos.

El compromiso de los nacionalistas es con la mayoría de los mexicanos, con los marginados, con la clase media soporte de la economía nacional, con el magisterio, con las mujeres y los jóvenes, con las personas de la tercera edad, con los discapacitados y con los pueblos indígenas.

Somos un partido de reciente registro, pero no por ello carente de propuestas, de energía, de compromiso con México o de iniciativas. La falta de atención y apoyo al magisterio ha provocado que nuestro nacionalismo se vea disminuido y que el arraigo a nuestras raíces y a nuestras costumbres se vaya perdiendo cada día más. Qué mejor inversión a un país, coincidimos todos, que la educación, pero los nacionalistas decimos: qué mejor inversión que el apoyo justo y permanente a los principales impulsores del amor a la patria, a la unidad nacional, al respeto de nuestras instituciones y a la creación de generaciones con un alto sentido de responsabilidad en sus obligaciones con México.

El deber de los nacionalistas es frenar y revertir la tendencia privatizadora de nuestras áreas estratégicas, como son los recursos naturales; los espacios aéreos, marítimos y terrestres; la intervención extranjera, la postración y sumisión ante los grandes consorcios.

Los nacionalistas decimos: no más renaves, fobaproas, rescates carreteros o de cualquier otra índole que afecten los intereses de los mexicanos.

En cuanto al informe que de su mandato rinda el doctor Ernesto Zedillo Ponce de León, esperamos que no contenga omisiones y que por primera vez con la responsabilidad que el cargo que tiene, nos diga verídicamente el estado en que deja a la nación.

De lo anterior para los nacionalistas, este sexenio fue un gobierno de voluntades y de promesas, en donde se benefició a unos cuantos y se perjudicó a millones, donde las tecnocracias aplastaron el compromiso social, en donde la intransigencia y la soberbia pudo más que el bienestar de las mayorías, en donde los rescates y privatizaciones fueron ideología, en donde existió dos méxicos: el de los discursos y el de las realidades.

Finalmente, el Partido de la Sociedad Nacionalista quiere hacer un gran reconocimiento a los nacionalistas más grandes de México: nuestras fuerzas armadas. Organismo que salvaguarda la soberanía nacional y que rescata lo mejor de nuestros valores costumbres. Son pues, las fuerzas armadas bastión del nacionalismo y no por unos cuantos los mexicanos dejaremos de sentirnos profundamente orgullosos de esta institución.

El impulso a un nacionalismo sano, moderno, pensante, es tarea de todos los mexicanos y sobretodo obligación de todos los actores políticos. En el Partido de la Sociedad Nacionalista creemos firmemente, que el cumplimiento de nuestras obligaciones, de todas y cada una de las mexicanas y mexicanos, deberá ser el principal elemento para la exigencia de nuestros derechos.

Los nacionalistas hemos llegado a una postura firme e irrevocable: México para los mexicanos, recordando que la patria es primero.

Muchas gracias.

El Presidente del Congreso:

Se concede el uso de la palabra al diputado Alberto Anaya Gutiérrez, del Partido del Trabajo.

El diputado Alberto Anaya Gutiérrez:

Con su permiso, señor Presidente; compañeras y compañeros legisladores; señoras y señores:iniciamos hoy los trabajos de la LVIII Legislatura, la cual repite su conformación pluripar tidista, sin que alguna fuerza política por sí misma tenga la mayoría absoluta en ninguna de sus cámaras. Tenemos como reto concretar la plena vigencia de la división de poderes que por tantos años fue letra muerta.

La anterior legislatura dio los primeros pasos hacia una relación de mutuo respeto con el Poder Ejecutivo, ahora nos toca convertirla en una realidad irreversible.

En esta sesión el presidente Ernesto Zedillo habrá de rendir su último informe de gobierno, son momentos muy especiales para el país, luego del mandato ciudadano de concluir el prolongado régimen priísta de más de siete décadas y comenzar la construcción de un México mejor, con base en la democracia, la justicia social y la soberanía popular.

No obstante, como en similares ocasiones, hoy habremos de presenciar lo que el pueblo ha denominado "la danza de los millones", es decir, la mención interminable de cifras sobre supuestas acciones en favor de la sociedad mexicana y un discurso que tratará de convencernos del promisorio futuro que tenemos casi al alcance, en la mano.

El Partido del Trabajo reconoce lo positivo, pero no comparte las cuentas alegres de la tecnocracia, que nos hablan de una economía aparentemente sana cuando la mayoría de la población está sometida a la pobreza y a la marginación. Reconocemos el crecimiento del producto interno bruto, la estabilidad cambiaria, el descenso de las tasas de inflación, el equilibrio en las finanzas públicas, el crecimiento de las exportaciones y el aumento en las reservas monetarias internacionales. Sin duda son indicadores económicos positivos, pero no los aceptamos como reflejo de una economía sana, cuando constatamos que la mitad de la población está al margen de los beneficios de este crecimiento, cuando vemos descender continuamente el poder adquisitivo de los trabajadores del campo y de la ciudad.

No aceptamos, en suma, una política económica neoliberal que ha generado un crecimiento económico en favor de unos cuantos a costa de la vivienda, el vestido, la educación, la alimentación y la salud de la mayoría de los mexicanos. Tampoco aceptamos que ese crecimiento sea sinónimo de desarrollo nacional, cuando contemplamos el desmantelamiento de la infraestructura básica del país, cuando tenemos un sistema financiero al margen del sector productivo, cuando asistimos al colapso del campo, cuando importantes ramas económicas se encuentran en peligro de desaparecer, cuando el pequeño y mediano empresario no pueden salir adelante.

México no puede seguir por ese camino. La votación del 2 de julio fue un claro mandato por el cambio del rumbo nacional, primordialmente en lo relativo a la política económica; fue una sanción categórica para que el gobierno que termina, para un gobierno que se va dejando graves y grandes saldos sexenales.

En lo político, el gobierno de Ernesto Zedillo cierra envuelto en escándalos, fruto de una política errática que ha ido del autoritarismo a la ausencia del mando en el ejercicio del poder. Desde su primer discurso el presidente Zedillo prometió una reforma electoral definitiva que desterraría la iniquidad de los comicios; prometió asimismo alcanzar la paz digna en Chiapas y realizar la reforma democrática del Estado.

La reforma electoral quedó muy lejos de ser definitiva; la iniquidad en las contiendas electorales prevaleció en los hechos como razón de Estado y pasó a la agenda por venir. Se dio un paso importante con la autonomía de los órganos electorales, que favorecieron la celebración de comicios auténticos, pero nada se avanzó en el ámbito de la democracia participativa.

Será imperativo honrar los ofrecimientos realizados durante las campañas, al calor de la voz, de la búsqueda del voto ciudadano; tendrá que iniciarse una reforma que admita sin regateos el referendum, el plebiscito, la revocación de mandato, la iniciativa popular, la afirmativa ficta, el gobierno comunitario como cuarto nivel de gobierno y la voz ciudadana en los cabildos.

En Chiapas el Ejecutivo Federal no buscó realmente la paz. Del rechazo a los Acuerdos de San Andrés Larráizar se pasó al pisoteo de la Ley de Concordia y Pacificación, al rompimiento traicionero de la tregua pactada, a la ocupación militar de la zona de conflicto y a la promoción de grupos paramilitares. Ahora, tendrá que retomarse la senda pluralmente trazada para alcanzar la concordia y la pacificación con dignidad, desterrando la tentación de aplicar soluciones de fuerza que ya demostraron su rotundo equívoco. El camino más promisorio pasa por restablecer el diálogo directo con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, con base en el reconocimiento de los Acuerdos de San Andrés, el retiro de la ocupación militar y la plena rehabilitación de la Cocopa.

Será indispensable avanzar hacia una verdadera reforma de Estado que permita profundizar y consolidar la democracia; el espíritu republicano, la división de poderes y la constitución de una sociedad justa y generosa con sus hijos más desprotegidos.

Los mexicanos sufrimos la violencia cotidiana del crimen organizado, que se ha convertido en delincuencia de Estado; en no pocos casos, alimentada por altos mandos de los cuerpos policiacos federales y estatales. Sufrimos las consecuencias de un narcotráfico convertido en problema de seguridad nacional, cuyos tentáculos visibles alcanzan a gobernadores y altos mandos del Ejército mexicano.

El Partido del Trabajo, está convencido que la seguridad pública no es un asunto policiaco, sino un problema complejo, cuyo sustento radica en dos graves flagelos: la corrupción y la impunidad.

Sostenemos también que la solución a la inseguridad pública pasa necesariamente por el saneamiento de fondo de las estructuras de Estado, tarea imposible si no se lleva a cabo con la participación de toda la sociedad. La impunidad y la corrupción, solapadas desde la misma Presidencia de la República, hoy salen a la luz pública con los recientes escándalos vinculados a la administración federal. Lo vemos con el ex secretario de Turismo, otrora encargado de las finanzas de su campaña presidencial, convertido hoy en prófugo de la justicia. Lo vemos también con el Secretario de Comercio y Fomento Industrial, al que le estalló en las manos el escandaloso caso del Renave, verdadero ejemplo de complicidad política y absoluta irresponsabilidad social. La renuncia de Herminio Blanco es lo menos que debe de proceder en este caso.

Por otra parte, a la lista de matanzas nunca aclaradas, como la de Aguas Blancas y Acteal, se suman ahora los recientes y trágicos enfrentamientos de Chimalhuacán, donde vimos enfrentarse al PRI contra el PRI. Además, están pendientes los juicios contra gobernadores y ex gobernadores, frenados anteriormente por un poder presidencial que ya no da para más, pareciera que de repente se agolpa en la escena el elenco principal de la impunidad, reinante en el sexenio por concluir: Oscar Espinosa Villarreal, Carlos Cabal Peniche, Víctor Cervera Pacheco, Jorge Carrillo Olea, Roberto Albores, Rubén Figueroa y Mario Villanueva; el propio Ernesto Zedillo tendrá problemas para explicar el origen de recursos de su campaña, presuntamente inscritos hoy en el Fobaproa.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, en una acción sin precedente, falló en favor de la Cámara de Diputados la controversia constitucional que obliga al titular del Ejecutivo a presentar la información de los fondos del Fobaproa. Bajo el disfraz de apoyar al ahorrador, el Fobaproa se convirtió durante el sexenio que termina, en el megafraude del siglo; monumento a la impunidad y a la corrupción en nuestro país. Hablamos de una gigantesca suma que se convirtió en deuda pública por las complicidades del Gobierno Federal, los pasados legisladores del PRI y del PAN. Se trata a todas luces de una carga injusta, inmoral y perniciosa que habrán de pagar los que menos tienen las deudas de quienes más tienen, que en muchos casos se llevaron a cabo mediante actos ilícitos realizados con la complicidad de las autoridades correspondientes.

Hablamos de un verdadero saqueo de magnitudes históricas que alcanza más de 70 mil millones de dólares, en el que falta contabilizar todavía otro saqueo, el de la banca de desarrollo, del cual aún no sabemos la suma de los recursos públicos transferidos ilegalmente a bolsillos privados. Entre ambos saqueos seguramente superarán los 83 mil millones de dólares de la deuda pública externa acumulada hoy en el país.

Si a todo esto le sumamos los 45 mil millones de dólares reconocidos como deuda pública interna, hablamos de una deuda pública total que nos heredará el actual gobierno, muy superior a los 200 mil millones de dólares.

El Fobaproa evidencia así el verdadero rostro de rapiña del modelo económico neoliberal que privatiza las ganancias y socializa las pérdidas privilegiando la especulación y el dinero fácil a la sombra del contubernio entre el poder económico y el poder político.

Junto a lo anterior el saldo social que deja el actual gobierno resulta por demás indignante. Hablamos de los 50 millones de pobres, 20 millones de ellos reconocidos en situación de pobreza extrema; hablamos del empobrecimiento y de solución de las clases medias y del salario que no alcanza para lo indispensable; hablamos de la gran desnutrición infantil; del deterioro de la seguridad social; del déficit de viviendas; de la deserción escolar y de la explosiva explosión que alcanza a la niñez mexicana.

A pesar de esta realidad lacerante, el Gobierno actual redujo sus programas destinados a los sectores más desprotegidos. En compensación despegó enormes campañas publicitarias. El ofrecimiento debienestar para la familia, lema central de Zedillo, quedó nada más en la promesa. Solamente unas cuantas familias privilegiadas fueron las que se beneficiaron.

Hoy se habla de querernos imponer de nuevo el IVA; desde esta tribuna señalamos que nos vamos a oponer al aumento del IVA en alimentos y medicinas. A esta política económica rapaz, el Partido del Trabajo no le concede ni el beneficio de la duda. La hemos combatido desde las trincheras porque ha sido la causante del empobrecimiento de nuestro pueblo y lo seguiremos haciendo aunque ahora venga con la máscara del cambio.

Ante el pueblo de México el Partido del Trabajo refrenda aquí su compromiso de luchar por un México verdaderamente democrático, libertario, justo y soberano.

Muchas gracias.

El Presidente del Congreso:

Se concede el uso de la palabra al senador Jorge Emilio González Martínez, del Partido Verde Ecologista de México.

El senador Jorge Emilio González Martínez:

Muchas gracias, señor Presidente; honorable Congreso de la Unión; mexicanas y mexicanos: Primero que nada quiero agradecer la confianza a los legisladores del Partido Verde para, a nombre de mi partido, representarlos este día tan simbólico para todos nosotros.

Hace apenas unas semanas este querido México nuestro era un país muy distinto al de hoy. La incertidumbre, el temor y las dudas eran sentimientos que de alguna manera todos compartíamos antes del 2 de julio.

Pero gracias al esfuerzo y a la determinación de todos podemos sentirnos muy satisfechos y orgullosos de haber superado todas las dificultades y ser hoy un país más democrático, más justo y más seguro de su destino.

El Gobierno de la República, el Instituto Federal Electoral, el Tribunal Electoral, los partidos políticos y sobre todo los ciudadanos hemos conseguido dar el paso hacia el futuro que todos queríamos. Felicidades a todos.

Hoy, al iniciarse los trabajos de la LVIII Legislatura de este Congreso de la Unión, los diputados y senadores que la constituimos nos sentimos profundamente orgullosos de ser una de las tres columnas que sostienen a nuestro régimen constitucional y sabemos de la responsabilidad que esto implica.

También reconocemos el esfuerzo patriótico realizado por los diputados y senadores que formaron la anterior legislatura, en especial por establecer las bases para que la instalación del Congreso y sus trabajos se lleven de forma civilizada.

En el Partido Verde Ecologista de México estamos muy satisfechos por el trabajo que hicieron nuestros diputados en la pasada legislatura. Durante los últimos tres años la representación verde en este Congreso obtuvo logros importantes, tales como la reforma al artículo 4o. constitucional, que establece el derecho de todos los mexicanos a vivir en un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado; al artículo 25 constitucional, para garantizar que la rectoría del desarrollo nacional que dicta el Estado sea ambientalmente sustentable; a la Ley Federal de Turismo en lo referente al ecoturismo; a la Ley General de Salud con la reforma que prohibe fumar en edificios federales; a la Ley del Impuesto sobre la Renta para que se exente del pago de impuestos a las empresas que den donativos a organizaciones civiles que se dediquen a la protección de animales en peligro de extinción; la iniciativa que creó la Comisión Investigadora de la Empresa Exportadora de Sal, S.A. de C.V., ubicada en la reserva de la biosfera El Vizcaíno, en el Estado de Baja California Sur, en la que después de un año de intensos trabajos obtuvimos la cancelación del proyecto de expansión de dicha empresa por el Presidente de la República y así quedó a salvo el santuario de la ballena gris en la laguna de San Ignacio.

Las anteriormente mencionadas son solamente seis de las 17 iniciativas presentadas por el Partido Verde Ecologista de México y aprobadas por la Cámara de Diputados.

El compromiso de trabajo de los diputados del Partido Verde por la causa del medio ambiente y una mejor calidad de vida para todos los mexicanos queda patente en lo realizado por la anterior legislatura, pero estamos conscientes de que apenas es el inicio de mucho trabajo que tendremos los legisladores verdes por la causa del medio ambiente.

En esta LVIII Legislatura los verdes trabajaremos para cumplir los compromisos legislativos pactados en la Alianza por el Cambio. También trabajaremos por una gran reforma del Estado que dé cauce a nuestra nueva realidad política, así como por una reforma fiscal y por la modernización de nuestros sistemas productivos, entre muchos otros grandes temas. Pero nunca, nunca olvidaremos nuestra esencia, nuestro principal compromiso con la sociedad que es trabajar por la ecología y el medio ambiente.

Sería imposible nombrar todas las iniciativas ecológicas que mi partido presentará pero en términos generales el objetivo que buscaremos será el de adecuar todas las leyes al marco de un desarrollo sustentable, es decir, generar beneficios para las comunidades con la utilización responsable de los bienes de la naturaleza.

Nosotros, en el Partido Verde, somos ecologistas por convicción. Crecimos y vivimos convencidos de ello. Nuestro principio y fin es la ecología en todo su significado, es decir, convivir en armonía con la naturaleza y el respeto a todos los seres vivos.

Este es el sentido por el cual estamos aquí y es la principal responsabilidad ante todo nuestro país. Trabajemos incansablemente para cumplirle a los presentes y a las futuras generaciones, que tienen todo el derecho de disfrutar los elementos naturales que no son de nuestra exclusividad.

Decía al principio que México ha tenido un gran cambio y creo que si una palabra expresa con claridad este cambio, esa palabra es la esperanza y es que hoy estamos los mexicanos disfrutando con ese maravilloso sentimiento humano que es la esperanza. En todos estuvo el cambio, de un sentido u otro. Seguramente la historia será la responsable de juzgar a todos los actores de este gran cambio. Pero yo no quiero dejar pasar esta oportunidad para en nombre de mi partido hacer un reconocimiento público a algunos de los principales actores:

Al Instituto Federal Electoral y al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, por su gran profesionalismo.

Al Partido Revolucionario Institucional, por demostrar su patriotismo y civilidad política.

Al Partido Acción Nacional, nuestros aliados, por su larga lucha democrática y su entrega a la gran causa que es México.

Y al Presidente de la República, Ernesto Zedillo Ponce de León, por su voluntad democrática y su amor a México.

Hoy, 1o. de septiembre del nuevo milenio, es un día histórico para mi país. Tendremos muchas oportunidades para dar discursos políticos sobre todos los temas de interés nacional, pero hoy, hoy es uno de esos días que quiero hablar con el corazón a mi país...; hoy quiero hablarle a mi país con el corazón.

Quiero decirle a México del sentimiento de alegría que nos llena a todos los militantes del Partido Verde Ecologista de México por haber participado y cooperado con la Alianza, que le ha regresado la esperanza a México.

Quiero decirle a mi país de la responsabilidad que tenemos en mi partido con la juventud mexicana, que tanto ha sido castigada por las crisis económicas y la falta de oportunidades para un desarrollo sano y digno.

Nuestro compromiso con los jóvenes es claro y permanente. Seremos siempre impulsores y defensores de los jóvenes mexicanos. Promoveremos su participación en todos los sectores, en especial el político, y seguiremos demostrando que los jóvenes sí podemos.

Ante mi país doy las gracias a nuestro Presidente electo Vicente Fox Quesada..., por su compromiso con la ecología y el desarrollo sustentable. Por su propuesta para hacer del problema de la destrucción de los bienes de la naturaleza un asunto de seguridad nacional. Por su valor y tenacidad para llevarnos a vivir el sueño de todos los mexicanos y las mexicanas: la alternancia. Por devolvernos la esperanza de un México más justo y próspero, y porque su entrega y su amor a México será un ejemplo para todas las actuales y futuras generaciones.

También quiero hacer un reconocimiento a nuestro líder nacional, por los 20 años de lucha incansable, por su convicción verdadera, desde los momentos más difíciles, cuando nadie creía en la causa verde, hasta la fundación y consolidación del Partido Verde Ecologista de México...

El Presidente del Congreso:

A las señoras y los señores legisladores les solicito el respeto y la atención que todos merecemos en esta sesión de Congreso.

Continúe señor orador.

El senador Jorge Emilio González Martínez:

Muchas gracias, señor Presidente.

Como decía, quiero hacer un reconocimiento a nuestro líder nacional, por los 20 años de lucha incansable, por su convicción verdadera desde los momentos más difíciles, cuando nadie creía en la causa verde, hasta la fundación y consolidación del Partido Verde Ecologista de México, para después liderearnos hacia la conformación de la gran alianza que nos dio el cambio.

Cómo olvidar los primeros años, las primeras luchas tan difíciles, cómo olvidar los viajes desde hace más de 20 años para liberar tucanes en las selvas del sureste, cómo olvidar el significado de todo esto. Nunca, nunca, los del Verde los vamos a olvidar, permanecerán siempre en nuestro corazón, siempre. Gracias por el ejemplo.

Gracias a la vida por las oportunidades que nos da de servir a México. Tenemos un largo camino por recorrer, tendremos que trabajar y lograr consensos. Confiamos que en todos los partidos habrá voluntad para ello.

Todo en la vida es incierto, lo único cierto para nosotros es que no vamos a defraudar la esperanza, es que no vamos a traicionar la confianza de México. ¡ México no te vamos a fallar, porque el triunfo es de todos! ¡Hoy tenemos esperanza en el futuro, hoy, todos, todos, tenemos paz!

Todo México hoy puede decir con orgullo y la mirada en alto: ¡Ya ganamos! ¡Viva México!

El Presidente del Congreso:

Esta Presidencia quiere exhortar a las señoras y a los señores legisladores a conservar el clima de respeto entre nosotros.

Se concede el uso de la palabra al diputado Martí Batres Guadarrama, del Partido de la Revolución Democrática.

El diputado Martí Batres Guadarrama:

Compañeras y compañeros legisladores; distinguidos invitados; pueblo de México que nos escucha:

Hoy inician los trabajos de la nueva legislatura del Congreso de la Unión y asistimos al informe del fin de sexenio. Culmina una época y están por definirse los trazos de la nueva era.

Es momento de balances y de perspectivas. Debería ser también momento de intercambio entre el Presidente de la República y los legisladores, el doctor Ernesto Zedillo sin embargo, no está aquí para escuchar y menos aún para contestar preguntas. Este formato también debe llegar a su fin.

El día 2 de julio la sociedad conquistó la alternancia en el poder, esta transformación positiva es el resultado de intensas luchas, entre otras de los estudiantes de 1968, de personalidades como Salvador Nava, Rosario Ibarra de Piedra, Heberto Castillo, Valentín Campa, de la insurgencia cívica de 1988 encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas.

Detrás de la caída del sistema de partido de Estado se encuentra también la lucha de más de 600 perredistas que fueron asesinados por defender el voto. Nuestro reconocimiento para la ciudadanía que no se rindió ni perdió la esperanza.

El Presidente felicitó al ganador de la contienda presidencial, qué bien, pero no tuvo el mismo gesto hacia Andrés Manuel López Obrador, ganador de la elección en el D.F. Se respetó la voluntad popular en muchos casos pero no fue así en Guerrero y nunca se resolvió el agravio en Tabasco. Hoy no evaluamos a un partido, hacemos el examen crítico de un gobierno que con una visión dogmática viene destruyendo a nuestro país, sus políticas se cuestionan ahora desde todos los partidos políticos, no hay motivo para el balance positivo, Zedillo falló, ahora mismo nos parece increíble que con los cambios ocurridos el Presidente se haya negado a recibir al gobernador de Zacatecas y a los presidentes municipales de todos los partidos de aquel Estado, es una despedida con sabor a despotismo.

Habiendo excedentes presupuestales deben reponerse las partidas que afectan al pueblo y al gobierno de Zacatecas como lo señala el propio decreto del presupuesto. El gran saldo del gobierno saliente es la pobreza, la caída de los salarios, la desesperación de los campesinos que mueren al cruzar la frontera norte, es la ironía trágica de quien prometió bienestar para las familias.

Los gobiernos neoliberales han actuado de manera desalmada, nada los conmueve y grandes obras son sus grandes negocios, en unos cuantos años se enriquecieron con devoción y como proyecto a una familia, alegaban que así competiríamos con éxito en el mundo, ahora algunos mexicanos figuran en la lista de los 30 hombres más ricos del mundo pero ninguna de sus empresas se encuentra entre las 100 más poderosas del planeta, el dogma de la estatización ha sido canjeado por el dogma de la privatización.

Ahora quieren insistir en la venta de la industria petrolera y de la industria eléctrica y desde aquí decimos a la nación, no avalaremos ninguna nueva privatización, no podemos estar de acuerdo en ninguna privatización más sin hacer el balance histórico de las mismas; ahí está la privatización bancaria, completo fracaso que todos pagamos, nos vendieron la idea de que el Estado era pésimo administrador; sin embargo, vendieron los bancos a los privados y privó la corrupción y la ineficiencia, pero eso sí los banqueros corrieron a pedir el subsidio del erario público, el apoyo del Estado para sobrevivir en la crisis.

Los neoliberales han destruido así los subsidios al consumo popular, pero han levantado el más grande subsidio para los banqueros 1 billón de pesos, 1 millón de millones de pesos de todos los mexicanos, recursos que alcanzarían para pagar 100 años del presupuesto de la UNAM.

Zedillo parece querer ser un Robin Hood al revés, que expropia a los pobres para darle a los ricos, su Gobierno es un inventor de negocios como el Renave, que en el colmo de la privatización concesionó un servicio que debía ser público a particulares; lo hicieron además en favor de un genocida torturador, ¿Qué otros negocios tienen como ése? ¿A qué clase de personaje se los entregan? ¿Qué esperan para cancelarlo? ¿Y qué espera el Secretario de Comercio para renunciar?

El sexenio de Zedillo, es el del aumento al IVA; el de la requisa a las aerolíneas; el que castiga al Distrito Federal y le quita los recursos; el que declara inexistente la huelga de Volkswagen. Ernesto Zedillo sí pasará a la historia, como el presidente Fobaproa.

El conflicto de Chiapas está por cumplir ya los siete años y este tema ha sido el gran ausente de los últimos tres informes presidenciales; el Gobierno se va sin honrar su palabra de cumplir los acuerdos de San Andrés Larráinzar.

Recientemente nos indignamos también con la noticia del encarcelamiento de Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, en Iguala, defensores de los recursos naturales, y ahora presos políticos. El Gobierno del doctor Zedillo se empecinó en ahorcar a la Universidad Nacional, provocando, alargando y reprimiendo el conflicto que vivió esa institución.

No hay un solo caso, un asunto en el que el Gobierno de Zedillo tomara una decisión a favor de los pobres; no hay un solo gesto social del Gobierno que vaya a trascender históricamente. Este, es también el Gobierno de la impunidad, el que toleró la violencia y el crimen sin castigo.

A los espinozas Villarreal, a los Cabal Peniche, a los Mario Villanueva, Aguas Blancas, Acteal, Chimalhuacan, Colosio, cardenal Posadas, fraudes y crímenes sin castigo. El presidente Zedillo nunca entregó la información sobre el Banco Unión y tuvo que intervenir la Suprema Corte de Justicia para obligarlo a cumplir con el requerimiento del Poder Legislativo.

Se ha detenido recientemente, al general Acosta Chaparro, acusado de narcotráfico; sin embargo, hace décadas que dicho personaje ha sido responsable de desapariciones políticas, torturas y matanzas, protegido siempre por los gobiernos federales.

La política económica neoliberal, ha llegado a un tope de tolerancia: o la cambia el próximo presidente o este Congreso de la Unión tendrá que modificarla. Y si el Ejecutivo insistiera en seguir cediendo soberanía, el Legislativo puede y debe, marcar otro rumbo y tomar decisiones.

A los demás grupos parlamentarios, los convocamos a asumir con valentía el reto de cambiar la política económica; a rechazar el dogma fundamentalista neoliberal; a redistribuir la riqueza; a terminar con el sacrificio eterno del pueblo. Hagamos ahora del Congreso un espacio de cambios, no esperemos a que otras instancias lo hagan; no esperemos pasivamente a que llegue un Constituyente; no esperemos a que el Ejecutivo reinvente la tradición de decirle al Congreso lo que debe aprobar. El tema de la reforma del Estado es un tema propio de este Congreso, del Poder Legislativo, no del Ejecutivo. Hagamos los cambios ahora y aquí, en esta legislatura.

Proponemos a todos los partidos, encontrar las convergencias para el cambio. De nuestra parte habrá consensos en todo lo que signifique nuevos beneficios para la gente, y discrepancia cuando se trate de ahondar desigualdades.

Compañeras y compañeros legisladores: seremos oposición firme a todo signo de gestión neoliberal del próximo gobierno y a todo intento de retroceso oscurantista, y sin embargo, apoyaremos las propuestas de avanzada que presenten otras fuerzas políticas. Están dadas las condiciones para lograr la ratificación del gabinete económico, la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo y la elección del Procurador General de la República en el Congreso; el establecimiento de las figuras de referendum y plebiscito, el voto de los mexicanos en el extranjero.

Proponemos que los delitos cometidos por funcionarios públicos federales no tengan más el beneficio de la libertad bajo fianza. En el centro de nuestro discurso planteamos: equidad de los géneros; derechos culturales y autonomía de los pueblos indios; elevación de las jubilaciones y pensiones; educación pública gratuita en todos niveles; impuestos al capital especulativo; reforma laboral sólo para agregar nuevos derechos de los trabajadores; revisión de los tratados de libre comercio, y por supuesto, por la estabilidad democrática de la nación, el cumplimiento de los acuerdos de San Andrés Larráinzar y la apertura plena del caso Fobaproa.

Compañeras y compañeros: hagamos del Congreso un verdadero poder del Estado: autónomo, digno, productivo, reformador, visionario y social. Cumplamos con el mandato popular del cambio del 2 de julio.

Muchas gracias.

El Presidente del Congreso:

Se concede ahora el uso de la palabra al senador Jorge Zermeño Infante, del Partido Acción Nacional.

El senador Jorge Zermeño Infante:

Señor Presidente del Congreso de la Unión; señores legisladores; señoras y señores:

Fijaré la posición de los grupos parlamentarios del Partido Acción Nacional de la LVIII Legislatura Federal.

De entrada, quiero destacar que para los panistas de México, lo sucedido recientemente es mucho más que el fin de una competencia electoral en la que unos ganaron y otros perdieron. Tenemos una visión diferente de lo acontecido. En nuestro concepto, se trata de una gran victoria cultural y política de todo un pueblo.

Los mexicanos fuimos capaces de dejar atrás una subcultura de falsificaciones y desconfianzas, para hacer nacer en paz y en orden nuevas formas de instituir el poder público y de establecer modalidades sustancialmente distintas en el ejercicio. Esto, de suyo, es algo portentoso que habrá de generar bienes públicos y hará posible alcanzar una vida más digna para todos. En nuestras manos está lograrlo.

Sin embargo, no nos engañemos, en México de ahora en adelante no será el número el que determine de modo inexorable la verdadera correlación de las fuerzas políticas ninguna mayoría absoluta o relativa podrá atropellar impunemente.

La sociedad ha descubierto que cuenta con reservas morales, con valores cívicos y con herramientas democráticas para su propia defensa y liberación. La sociedad ha comprobado que el optar por la vía del derecho, así como por el cumplimiento del deber y el ejercicio del sufragio, implica en sí mismo generar condiciones propicias para vivir la fuerza de la esperanza y creer en nosotros mismos.

Los legisladores de Acción Nacional estamos conscientes de que en el ámbito partidario ha sido modesta nuestra aportación en el esfuerzo, que la millonaria cosecha de votos se explica y justifica por el talento y la generosidad que durante 61 años han venido sembrando en el campo de México cientos de miles de mujeres y hombres de buena voluntad que abrazaron las banderas del humanismo político y lucharon democráticamente en un sistema profundamente antidemocrático.

En tal contexto, los legisladores panistas asumimos sin soberbia, pero con altura de miras, la responsabilidad parlamentaria que deberá ser compartida en pluralidad respetuosa, con todas las expresiones ideológicas y partidistas representadas aquí.

No nos animan propósitos menores. Frente a la esperanza de millones de seres humanos que exigen y merecen mejores oportunidades concretas para desarrollarse y vivir mejor en plenitud, tenemos la certeza de que con ustedes, señores legisladores de otros partidos, podemos y debemos emprender la gran tarea de reconstrucción nacional.

En la nueva etapa de la vida de México al nacer esta legislatura, los diputados y senadores de Acción Nacional, ofrecemos con la mayor sinceridad y de cara a la nación, hacer nuestro mejor esfuerzo por contribuir al perfeccionamiento de la vida democrática del país, a promover una relación digna, respetuosa y de cooperación con los poderes Ejecutivo y Judicial, a impulsar el verdadero federalismo y el desarrollo municipal, a crear una conciencia clara de que siendo México un país inmensamente rico no es posible seguir hablando de pobres, sino del imperativo moral de lograr que nuestra patria deje de ser erial de desposeídos. En fin, ofrecemos que todo lo que sea bueno en nosotros, estará al servicio de las mejores causas de México.

Hemos de insistir en que la descalificación maniquea de buenos contra malos ha probado su ineficacia y perversidad. Son tiempos para la inteligencia, para la razón, para la tolerancia, para el ejercicio responsable de las libertades nada debe llevarnos a la confrontación que degrade, divida o elimine. La falsa disyuntiva entre seudoliberalismo premoderno y su contraparte el populismo voluntarista, deberá quedar atrás.

Tampoco resultará benéfico que las más valiosas defensas de la vida y de las libertades humanas, se pierdan en reyertas que transgredan los mismos valores que pretenden salvaguardar.

Hoy, hoy más que nunca, debemos recordar que todas las instituciones, estados nacionales, iglesias, gobiernos, escuelas, sindicatos y organizaciones de toda naturaleza, tienen como única justificación, estar al servicio de los seres humanos, jamás como instrumento de expoliación y dominio.

Los legisladores de Acción Nacional tenemos la certidumbre de que llegó la hora de hacer de México un gran país, un gran estado nacional, una patria grande, libre, ordenada y generosa. Lo hemos dicho en esta tribuna y lo ratificamos hoy, los nuevos tiempos plantean a los tres poderes de la Unión, el enorme desafío de lograr el fortalecimiento de las instituciones de la República:

Para garantizar la vigencia de los derechos humanos.

Para hacer posible la unidad en la diversidad y la concordia en la competencia.

Para elevar el nivel de vida del pueblo.

Para que la convivencia armoniosa entre personas, familias e instituciones, sea protegida por leyes justas y por gobiernos honestos y eficaces. Para que la riqueza nacional sea racionalmente aprovechada en beneficio de las generaciones presentes y venideras. En suma, para que la soberanía de México sea una realidad que preserve y engrandezca el ser y el modo de ser de la patria.

Muchas gracias.

El Presidente del Congreso:

Se concede el uso de la palabra a la diputada Beatriz Paredes Rangel, del Partido Revolucionario Institucional.

La diputada Beatriz Elena Paredes Rangel:

Honorable Congreso de la Unión, distinguido señor Presidente; señoras y señores legisladores:

Hoy 1o. de septiembre del año 2000, acudo a esta tribuna con orgullo de militante del partido que fue factor esencial de la estabilidad política y la transformación del México del Siglo XX.

Participo con la responsabilidad de quien representa en esta ceremonia a las bancadas que hacen la mayoría relativa en el Senado y en la Cámara de Diputados: 60 senadores priístas y 211 diputados integran la fuerza del partido en el Poder Legislativo de la Unión, a aquellos que nos brindaron su respaldo para acceder a esta representación, nuestra gratitud y compromiso de congruencia; a la nación entera, a todo el conjunto social, la certidumbre de que seremos parlamentarios responsables, conscientes del momento histórico que atraviesa el país, capaces de seguir el ritmo de la sociedad actual, llegando al consenso cuando del interés superior del país se trate y siendo enérgicos en la divergencia cuando de afectar principios, conquistas o expectativas sociales se refiera.

A la LVIII Legislatura del Congreso de la Unión le corresponderá ser la primer del Siglo XXI mexicano y del nuevo milenio, este Sigo XXI en el que el pueblo de México quiso mostrar a través de sus instituciones su rostro plural y diverso, pero no nos engañemos. La proyección del voto ciudadano en el Poder Legislativo implica que ninguna de las fuerzas políticas aquí representadas pueda legislar por sí misma, resultando indispensable el acuerdo entre diversos partidos para lograr la mayoría absoluta, y la necesaria convergencia del Partido Revolucionario Institucional, con el Partido Acción Nacional cuando se requiera de las dos terceras partes para realizar reformas constitucionales. El voto ciudadano no desechó el criterio del PRI para la toma de decisiones fundamentales.

Efectivamente, no nos engañemos. Al nuevo Presidente de México lo eligieron cuatro de cada 10 votantes. Así se expresó la regla de la mayoría en la elección presidencial, nada menos, pero nada más.

El mensaje del electorado deberá derivar en prudencia, tolerancia y apertura de todas las fuerzas políticas que ejerzan el poder público, tanto en el Poder Ejecutivo como en el Legislativo. En este México de hoy, nadie detenta la unanimidad.

No llego a este foro con el rosto bajo, la mirada huidiza o la voz titubeante; que no se confundan los analistas, que no magnifiquen nuestros adversarios y nuestros detractores; el PRI perdió la elección presidencial pero no está aniquilado. Detrás de cada uno de los legisladores, diputados y senadores que ostentan nuestra divisa en el seno de las cámaras, está una genuina representación social y el legado de la corriente histórica que estableció el principio de igualdad de todos frente a la ley, la libertad de los mexicanos de pensar, de escribir, de expresar y de crear, de reunirnos y asociarnos, la libertad de conciencia y de culto. Que forjó al Estado mexicano como un Estado laico, democrático y federal, que consagró a la educación como un derecho universal a través de la educación pública y el libro de texto gratuito, que distribuyó más de la mitad del territorio nacional a través de la reforma agraria y reconoció patrimonio y espacio social a los campesinos, que reivindicó la propiedad de la nación sobre los hidrocarburos, que perfiló un sistema de economía mixta alentando la inversión privada con sentido social, que consagró el derecho de huelga, que instituyó la seguridad social, que, en síntesis, estableció las bases del México moderno y realizó las reformas estructurales que nos pusieron a tono con el entorno mundial de nuestro tiempo.

En este largo proceso, el PRI evidenció siempre su aptitud no sólo para renovarse, sino para renovar a las instituciones del país y ensanchar los cauces democráticos por los que habría de transitar el México contemporáneo.

Baste recordar que la reforma electoral de 1977, que confirió a los partidos políticos el carácter constitucional de entidades de interés público e incorporó la participación de fuerzas otrora marginadas, fue votada sólo por el PRI; baste recordar que las sucesivas reformas electorales, contaron siempre con la concurrencia del PRI y que la de 1996 fue votada sólo por nuestros correligionarios, porque teníamos que actuar con responsabilidad frente a la exigencia mayoritaria de la ciudadanía y en concordancia con la convicción democrática que ha animado nuestros mejores momentos; a los logros que con rigor histórico nadie podrá escatimarnos, habrá que sumar también problemas, desaciertos e insuficiencias.

Sin duda, el continuo gobernar implica un proceso de desgates y gobernar un país que vivió 300 años de coloniaje; en el que se engendraron desigualdades sociales abismales y procesos de discriminación que no hemos sabido erradicar gobernar un país cuya vecindad geopolítica marcó su sino en el Siglo XIX y el modo de su inserción económica en el Siglo XX; gobernar una nación pluriétnica, pluricultural que se ha multiplicado por más de seis veces en los últimos 100 años, ha representado un grave reto y en el claroscuro del juicio al PRI, en muchas ocasiones se encuentra poca objetividad y también alguna mezquindad.

De los errores sabremos ocuparnos los priístas Åya nos dio su opinión el electoradoÅ, como también de realizar las reformas internas necesarias e ineludibles que permita acrecentar nuestro lugar en el actual espacio social; que permitan ampliar nuestra representatividad para reconstruir vínculos con las nuevas causas del nuevo protagonismo ciudadano; que permitan, en fin, que los mexicanos acrediten que somos una opción viable, democrática y experimentada para un buen gobierno.

Quienes creemos que la política es el instrumento privilegiado de la civilización humana para transformar la historia, pensamos que debemos aquilatar con estatura moral y con visión de Estado el espíritu de cambio que anima a la sociedad mexicana, para que nuestro accionar se le corresponda.

Todas las ofertas que contendieron el pasado 2 de julio, presentaron una propuesta que tenía como eje el cambio; en el fondo, los votantes se expresaron, todos, a favor de planteamientos que proponían cambios; con diversas intensidades y matices, con diferencias, pero finalmente lo que aglutinó a la ciudadanía, es una vocación por la renovación que caracteriza los tiempos nuevos de la patria, esa, que asoma su rostro joven en las universidades, esa patria que emigra al norte a buscar empleo y sustento; ésa que puebla urbes y megalópolis en el país latinoamericano que constituye la decimatercera economía del mundo.

El compromiso es mayúsculo; debemos evitar recaídas personalistas y monopolios de poder; debemos reconocer sin ambages, que la política no goza de prestigio entre muchos mexicanos y que los políticos en general somos vistos con desconfianza. Tenemos por delante la tarea de demostrar que la política no es una actividad facciosa, deberemos acreditar con hechos tangibles que sabemos y podemos construir los nuevos escenarios que la nación necesita y demanda.

Nuestro papel es claro: privilegiar la capacidad de iniciativa de los legisladores, respondiendo a los compromisos adquiridos en el proceso electoral y encontrando los acuerdos pertinentes para que las iniciativas con sentido social y las que sean básicas para continuar el desarrollo del país se conviertan en leyes. Asumir la trascendencia de formar mayoría relativa en el Congreso de la Unión y ser al mismo tiempo una opción distinta a quien encabezará el Poder Ejecutivo a partir del 1o. de diciembre. Distinta, que la supone antagónica y opositora a todo aquello que lesione principios, cancele conquistas, distorsione la naturaleza popular,democrática, representativa, laica y soberana del Estado mexicano. Distinta, que con originalidad y perfil propio, evidencie que es posible ser oposición seria, constructiva, en la legalidad y en la concurrencia pertinente en aquellas cuestiones válidas para el interés público y de las mayorías sociales. Distinta, pues, a la vez que nuestro origen partidario es diferente al de quien ejercerá la presidencia, somos corresponsables de la conducción gubernamental federal en el Poder Legislativo de la Unión, lo somos en los niveles de las entidades federativas a través de gobiernos locales y de congresos de Estado. Lo somos también en centenares de ayuntamientos.

Para los legisladores reza válidamente la sentencia de Jesús Reyes Heroles:

"Nuestra obligación como representantes no se da exclusivamente frente a los miembros y militantes del Partido, sino que tenemos un compromiso de mayor alcurnia con la nación. Siendo parte de la nación debemos subordinar fines estrictamente partidarios a los grandes propósitos nacionales."

"Creemos que los otros partidos tienen un compromiso igual ante el país. Así como la sociedad está arriba del Estado, la nación está muy por encima de los partidos; éstos sólo son organismos voluntarios intermedios entre la sociedad y el Estado".

Nuestra agenda legislativa será de la mayor relevancia; construida en el consenso al interior de las bancadas y con una visión progresista; de compromiso social; de género, de evolución democrática del Estado; de robustecimiento federalista; de atención a los asuntos estratégicos del desarrollo nacional cuya formulación no puede posponerse. Nuestro comportamiento cotidiano nos permitirá estar permanentemente vinculados a las expectativas regionales de nuestra representación.

Los priístas vivimos esta etapa en medio de sentimientos paradójicos. Compartimos la responsabilidad de haber respaldado durante seis años la gestión gubernamental de un Presidente que entrega un país en paz social, con instituciones constituidas, con estabilidad macroeconómica y significativos avances en las diversas materias de la función pública y nos encontramos ensombrecidos, debatiendo, críticos, porque nuestra campaña electoral, nuestro esfuerzo partidario y la valoración del quehacer público a cargo de nuestros correligionarios, no fueron suficientes para obtener el triunfo en la elección presidencial, es cierto.

El proceso de decantamiento de esta nueva realidad política todavía tiene su curso, así como la justipreciación sobre el deber cumplido por parte del régimen; será el paso del tiempo el que precise la justa valoración.

Apreciamos los logros de la gestión realizada y en todo aquello que beneficie a la sociedad mexicana y sustenta la viabilidad del país. Los legisladores estaremos atentos para cuidar su vigencia y consolidación. Sabemos también adecuar lo que a criterio de nuestras bancadas amerite revisión o complemento a la luz de los nuevos escenarios de la vida nacional.

Señoras y señores legisladores: distinguidos invitados:

Ubicada en el parteaguas de la historia política contemporánea de México, la LVIII Legislatura del Congreso de la Unión puede constituirse en el espacio privilegiado del quehacer político nacional y en el eje del procesamiento de los acuerdos que le den certidumbre y perspectiva al país que queremos ser en el nuevo siglo.

Quienes formamos parte de esta institución, enfrentamos el enorme desafío de prestigiar el papel del Poder Legislativo como representante legítimo de la pluralidad social mexicana, como expresión decantada de las fuerzas partidarias del país, como foro de debate trascendente y con visión de futuro y como un poder de la Federación, el que legisla la norma, que da armonía y cauce al devenir social y dirime contradicciones en la buena ley que a todos honra y distingue, un poder de la Unión que ha de ser eficaz interlocutor ante el Poder Ejecutivo y correa de transmisión del interés popular.

Sólo podrá afirmarse que la transición política de México corresponde a la vocación democrática y de cambio que alienta a la ciudadanía si contamos con cámaras de Diputados y de Senadores vigorosas y actuantes y si se propicia un mayor equilibrio entre poderes.

Si logramos generar en nuestro pueblo la certeza de que el Poder Legislativo será balanza y contrapeso fiel para evitar yerros y excesos en el ejercicio de los otros poderes. Un Congreso de la Unión baluarte del interés social y de la expresión plural de un conglomerado capaz de renovar instituciones y seguir avanzando en la construcción democrática, tolerante y moderno, perceptivo y auténtico.

Legisladores y cámaras a la altura del pueblo que les dio su mandato. Que así sea.

RECESO

El Presidente del Congreso
(a las 19:15 horas):

Señoras y señores legisladores, compañeros: hemos desahogado y satisfecho lo dispuesto en el numeral dos del artículo 7o. de nuestra Ley Orgánica.

Declaro un receso en espera de la llegada del Presidente de la República.

(Receso.)

(A las 19:40 horas) Se reanuda la sesión.

Nos ponemos de pie y se invita a los presentes a escuchar el Himno Nacional.

(Himno Nacional.)

VI INFORME DE GOBIERNO

El Presidente del Congreso:

Para presentar su informe de gobierno y dirigir un mensaje, se concede la palabra al Presidente de la República, doctor Ernesto Zedillo Ponce de León.

El Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Ernesto Zedillo Ponce de León:

Señor Presidente del honorable Congreso de la Unión; señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; señoras y señores diputados y senadores del honorable Congreso de la Unión; mexicanas y mexicanos: Saludo a las ciudadanas y los ciudadanos que integran la LVIII Legislatura de este honorable Congreso de la Unión. Por el bien de México les deseo que realicen una intensa y fructífera labor legislativa.

En cumplimiento de lo que me ordena el artículo 69 de la Constitución de la República, entrego a la Presidencia del Congreso un informe escrito sobre el estado general que guarda la administración pública del país.

Como lo establece la Ley Orgánica del honorable Congreso, en los próximos días las señoras y los señores legisladores analizarán el informe escrito que acabo de entregar. Los funcionarios de la Administración Pública Federal estarán atentos a los llamados de ambas cámaras del Congreso, a fin de proporcionar cualquier información o explicación adicional que requieran las señoras y los señores legisladores.

Por lo tanto, no utilizaré esta honrosa oportunidad de acudir a la apertura de sesiones del Congreso de la Unión para resumir o exponer el contenido del informe escrito que recién he entregado. En vez de ello aprovecharé la valiosa y última oportunidad de hablar desde esta altísima tribuna para ofrecer una reflexión sobre la marcha de nuestra nación durante el periodo de mi mandato y sobre algunos retos que enfrenta el desarrollo de nuestro país.

Por eso conviene subrayar que es en el informe escrito y no en este mensaje donde se hayan extensamente tratados otros temas, muchos otros temas, de interés general.

Deseo iniciar con una breve recapitulación de la forma en que he ejercido el mandato que me confirió el pueblo de México.

Antes que nada me propuse ejercer una presidencia democrática y republicana, rigurosamente atenida a lo que establecen la Constitución y las leyes. Por obligación y por convicción he sido respetuoso de la división de poderes y de nuestro federalismo.

He procurado que esta presidencia no sólo sea democrática sino que impulse firmemente la democracia en México. Desde el primer día de mi mandato renuncié a utilizar todo poder extra, constitucional antes asociado con la presidencia.

He gobernado consciente de que a lo largo de nuestra historia el patrimonialismo, esa idea terriblemente equívoca de que la investidura del cargo y hasta los bienes de la nación son patrimonio de quien gobierna, ha sido la causa de graves desviaciones y abusos.

De ahí la decisión de cumplir con mi obligación y ejercer una presidencia ajena a ese patrimonialismo.

He actuado bajo el principio de que en el ejercicio de su función el Presidente de la República no tiene ni reconoce amigos ni familiares, éstos pertenecen al ámbito de las relaciones personales y afectivas que de ningún modo debe vincularse con el ejercicio del mandato presidencial.

He cumplido con el deber de percibir como salario, exclusivamente, lo que cada año ha sido aprobado en el Presupuesto por la Cámara de Diputados y felizmente seré un ex presidente que deberá trabajar para apoyar el sustento de su familia.

El altísimo honor que significa la investidura presidencial nunca me ha hecho olvidar que la porta temporalmente un ser humano más y que se trata de un poder acotado por la ley y por otros poderes asimismo representativos.

Por eso suprimí diversos aspectos ceremoniales que consideré incongruentes con un ejercicio republicano de la presidencia.

Creo que el gobernante antes que notable y notado, debe ser útil. Asumí la presidencia con la convicción de que es un factor primordial para unir siempre a los mexicanos, nunca para dividirnos.

He trabajado para estar cerca de la gente de todas las regiones del país, de todos los grupos sociales, de todos los credos y de todas las preferencias políticas sin distinción.

He seguido con cuidadosa atención cómo percibe la población los principales asuntos del país y he sido respetuoso de la crítica que libremente se ha expresado.

He informado a la ciudadanía sobre las decisiones del Ejecutivo, pero la responsabilidad de ellas ha sido enteramente mía. A pesar de que reconozco que la suspicacia es la conducta política por excelencia, he preferido asumir el riesgo de equivocarme por un exceso de confianza y no por un exceso de sospecha.

En todo momento he procurado hablar con la verdad a la gente. Apoyado en la verdad he tratado de exponer con franqueza pero sin exageración los problemas del país. Además, siempre he tenido absoluta confianza en que los mexicanos tenemos la capacidad de superar cualquier desafío por grande que sea.

Creo que el gobernante no debe lamentarse nunca por la complejidad de los problemas que afronta y puedo afirmar con toda honestidad que el privilegio de ser Presidente de los mexicanos compensa con mucho cualquier esfuerzo y cualquier aflicción causados por el cumplimiento de esa responsabilidad.

He disfrutado llevar la investidura presidencial con sobriedad y cuidando su dignidad, pues representa el Poder Ejecutivo de todos los mexicanos.

Entiendo la tolerancia como el reconocer y respetar que en el marco de la ley los demás no piensen, no opinen, no decidan y no actúen como uno mismo.

He ejercido la Presidencia practicando la mayor tolerancia posible, pero sin abdicar de ninguna de sus responsabilidades.

Por muchísimas razones, de convicción política, de estrategia básica y de experiencia personal, no creo que la represión sea solución a los conflictos sociales.

Como Presidente de la República he preferido excederme en la tolerancia antes que adelantarme en el uso de la fuerza pública, incluso legal y legítima y aún ante claras provocaciones.

Con palabras y con actos he mostrado mi ideología. Muchas de mis convicciones están fuertemente influidas por el liberalismo que floreció en México con la generación de la reforma. Sin ambigüedades soy liberal en lo político y en lo económico. Creo que la libertad política irrestricta de los ciudadanos, que sólo confiere la democracia, es condición indispensable para el desarrollo de los pueblos y las naciones.

No concibo naciones realmente soberanas si sus ciudadanos no disfrutan de las libertades individuales y políticas esenciales. Asimismo, concibo la libertad económica como el medio más poderoso para acrecentar los empleos, los ingresos, el bienestar y la riqueza de los pueblos.

Veo en la economía de mercado un medio muy poderoso para alcanzar el progreso de cualquier nación. Pienso que la libertad de participar en los intercambios económicos es una libertad esencial, de gran valor intrínseco para cada ciudadano, ello le confiere a esa libertad un alto valor social, independientemente de su significado material.

Por otra parte y con igual certeza creo en el Estado, pues sin él no hay nación ni puede haber justicia, que es su fin supremo; justicia en un sentido estrictamente legal, de garantía del estado de derecho y justicia social entendida no como la igualdad de condiciones sino como la igualdad de oportunidades.

Creo sin reserva que el Estado debe ser activo e intervencionista para alcanzar la justicia social. Esta debe ser una tarea primordial de cualquier gobierno, como lo reclamó la Revolución Mexicana con cuyas principales propuestas me identifico.

A la Revolución de 1910 debemos no sólo la afirmación de nuestras libertades y garantías individuales, sino los derechos sociales fundamentales de los mexicanos, así como las instituciones del Estado responsables de garantizar esos derechos.

Al igual que la gran mayoría de los mexicanos, siento además una profunda deuda personal con esas instituciones, pues ellas se encargaron de igualar mis oportunidades de salud, educación y formación con las de otras personas para salir adelante en la vida.

A partir de estos valores y principios he procurado cumplir como Presidente de México. Asumí esta responsabilidad con el propósito de trabajar sumándome a la voluntad y el esfuerzo de todos los mexicanos, a fin de hacer de México entre todos un mejor país para nuestros hijos, un mejor país que el de nuestros abuelos y el de nuestros padres, un mejor país que el que hemos tenido nosotros.

En eso precisamente consiste la tarea del desarrollo nacional, de ninguna manera el desarrollo se limita al progreso material, sino que abarque el disfrute de todas las libertades esenciales del ser humano; libertad para educarse, libertad para alimentarse, libertad para cuidar la salud, libertad para trabajar, libertad para emprender, libertad para participar en los intercambios económicos, libertad para opinar, libertad para intervenir en las decisiones y los asuntos públicos.

Entendida así la tarea del desarrollo, desde el inicio de mi mandato convoqué a todos los mexicanos a reconocer su magnitud y su complejidad y al mismo tiempo a emprenderla con confianza, humildad y realismo; con confianza pues contamos con la enorme fortaleza que nos da nuestras raíces milenarias y nuestra larga historia de luchas para erigir la gran nación independiente que hoy somos y que se proyecta con gran vigor hacia el Siglo XXI con humildad y realismo, pues incluso en el caso no siempre seguro de contar con la mayor voluntad, la mejor estrategia y el más amplio esfuerzo, los avances que se pueden conseguir en un sexenio resultan irremediablemente limitados.

Además, es más seguro avanzar con pasos quizá pequeños pero firmes que con movimientos bruscos y arriesgados.

El desarrollo es necesariamente un proceso de largo plazo, se alcanza eslabonando cuidadosamente el trabajo perseverante de varias, de muchas generaciones.

Cada una, si tiene éxito, hace su aportación tanto con algunos resultados de beneficio inmediato como sentando las bases para hacer más fructífero el esfuerzo de las generaciones siguientes; si se tiene éxito se puede avanzar más rápido, se puede incluso acortar el camino pero nunca podrá eliminarse del todo el esfuerzo para recorrerlos.

El desarrollo es un concepto muy amplio e integral, pero pasa necesariamente por el crecimiento económico, éste es un medio primordial para alcanzar muchos de los fines del desarrollo, de ahí el énfasis que hemos puesto en establecer las condiciones necesarias para el crecimiento sostenido de la economía nacional.

En esa tarea, sin embargo, el primer desafío de esta administración fue hacer frente a una de las más severas crisis financieras que haya conocido nuestro país, un enorme y creciente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos financiado con entradas de capital de muy corto plazo, la acumulación de deudas con vencimiento casi inmediato por más de 41 mil millones de dólares y una fuerte inercia de fugas de capital generada en varios episodios a lo largo de 1994, una política de rigidez cambiaría sin adecuado sustento fiscal y financiero, un sistema bancario sumamente quebrantado y una economía con crecimiento muy bajo, a pesar de la disponibilidad sin precedente de ahorro externo fueron algunos de los factores incubados de tiempo atrás, no en unos días como algunos quisieron sostener,que explican la erupción en diciembre de 1994 de aquella grave situación de emergencia económica.

La fuerza con que ésta irrumpió resultó impredecible debido a que algunas de las circunstancias que influyeron en su gestación eran inéditas, sencillamente no se conocían antes. Por ejemplo no se conocía la extrema volatilidad de los flujos de capital de origen distinto a créditos bancarios que ingresaron al país en montos sin precedente en los años previos a la crisis; durante los primeros meses de 1995, el país vivió bajo un enorme riesgo en varios momentos casi materializado de insolvencia absoluta, lo que habría provocado un cierre masivo de fuentes de empleo y el desmantelamiento de una parte considerable del aparato productivo nacional.

Estuvimos en verdadero riesgo de perder no miles, sino millones de empleos y de vivir una contracción económica no de uno, sino de varios años.

Ante ese riesgo, no dudé en tomar todas las medidas que juzgué necesarias para enfrentar aquella emergencia, lo hice convencido de que sin esas medidas el costo social de la crisis habría sido mucho más alto. Insisto, la crisis causó un severo daño en los niveles de vida de la población durante 1995, pero estoy seguro de que ese daño habría sido mucho más grande y prolongado sin las decisiones entonces adoptadas.

En aquellos momentos, apelé al recio carácter de la gran mayoría de los mexicanos; expuse con toda franqueza la gravedad de la situación así como la severidad de las acciones necesarias para enfrentarla. Al mismo tiempo sostuve que de cumplirse esas medidas, la emergencia se superaría relativamente pronto y que al cabo de la ineludible contracción económica inicial, entraríamos a una etapa de crecimiento sostenido.

Gracias al trabajo, la disciplina y decisión de todos los mexicanos, hoy podemos decir que aquél propósito se cumplió. La crisis de 1995, significó una caída del 6.2% en el producto interno bruto, una altísima inflación del 52% y una tasa de desempleo que en agosto de aquél año llegó hasta un 7.6% de la población económicamente activa, pero gracias a las medidas aplicadas, gracias a la voluntad y el esfuerzo de todos los mexicanos, desde 1996 la economía ha venido creciendo sostenidamente.

En el Plan Nacional de Desarrollo de mayo de 1995, propuse una estrategia para alcanzar, durante el periodo 1996-año 2000, una tasa de crecimiento promedio del producto interno bruto, superior al 5%. Los datos de años anteriores y los correspondientes al primer semestre del presente año, permiten afirmar que esa meta será cumplida.

Lo mismo ocurrirá con la meta de inflación que se propuso llegase a fines de este año a un máximo del 10% anual. Desde el pasado mes de abril, la inflación acumulada anual ha sido menor al 10%.

Por su impacto social, el resultado más alentador de la política económica ha correspondido al empleo que ha venido creciendo sistemáticamente durante cinco años; en consecuencia, la tasa de desempleo abierto llegó a 2% el pasado mes de julio y promedio 2.2% durante los primeros siete meses del presente año. Ambas tasas son las más bajas que se han registrado desde que contamos con esta estadística.

Los salarios reales que sufrieron un muy grave deterioro durante la crisis, comenzaron a recuperarse en algunos sectores en 1997 y en un mayor número de ellos a partir de 1998. En el proceso de alcanzar estas metas, la economía mexicana ha debido superar otras duras pruebas provenientes del exterior como lo fueron las turbulencias financieras de Asia y diversos países emergentes ocurridas entre 1997 y 1999, así como el desplome en los precios del petróleo en 1998.

Por otra parte, debe reconocerse que la expansión de la economía de nuestro principal socio comercial, sostenida ya por varios años, ha sido un factor favorable para el desempeño de la economía mexicana.

Hoy vuelvo a refrendar mi más entera convicción de que tal y como nos lo propusimos, la economía mexicana no tendrá sobresaltos ni retrocesos alrededor del cambio de gobierno y que cuenta con condiciones adecuadas para seguir creciendo en los siguientes años.

El crecimiento económico alcanzado por nuestro país desde 1996 ha tenido un firme sustento en la disciplina fiscal y monetaria, así como en el cambio estructural que han registrado diversos sectores productivos y que ha favorecido su competitividad. Gracias a ello, México se ha convertido en una auténtica potencia exportadora a nivel mundial.

Este año nuestro país estará colocando en los mercados internacionales productos por un valor superior a los 160 mil millones de dólares.

Durante estos años, el sector exportador ha sido uno de los motores más eficaces para la creación de empleos y donde los salarios se han recuperado con mayor rapidez. Entre muchas otras importantes razones, por eso hemos desplegado una estrategia de negociación diplomática y económica con otros países, sin precedente por su intensidad y diversidad.

Dicha estrategia ha tenido dos ejes igualmente importantes: la defensa de nuestros principios de política exterior, que por fortuna coinciden sustancialmente con el derecho internacional, y la promoción de los intereses del país.

Los mexicanos podemos tener la certeza de que México es hoy una nación más fuerte, más respetada y más reconocida en todo el mundo. Hoy México tiene pactadas condiciones de libre comercio con 27 naciones. Por su alcance y por la importancia económica de nuestros socios comerciales, podemos afirmar que ningún otro país del mundo cuenta con una red similar de acuerdos para que sus productos accedan con ventaja a tantos mercados nacionales.

La apertura a las corrientes mundiales de comercio e inversión, ha apoyado el crecimiento de la economía y esto a su vez ha sido un medio muy importante, más no el único, para enfrentar el reto fundamental del desarrollo del país: hacer efectivas las libertades humanas esenciales que antes describí o en otras palabras: combatir las graves, los muy graves rezagos sociales.

Sin embargo, la solución a estos rezagos requiere más que el solo crecimiento económico: requiere la acción directa del Estado con políticas sociales eficaces y el mayor monto posible de recursos para su financiamiento. Sin esa acción directa del Estado, es imposible igualar las oportunidades de las personas; es imposible combatir la pobreza, por eso, la política social es indudablemente la tarea más importante y más difícil del Gobierno y por eso, a la política social le hemos dedicado el mayor esfuerzo y los mayores recursos.

A pesar de la necesaria austeridad que ha prevalecido a lo largo de este Gobierno y gracias al ahorro en otras áreas de responsabilidad gubernamental, se logró aumentar significativamente los recursos destinados a la política social. Hemos alcanzado este año el mayor gasto social federal de nuestra historia, tanto en términos absolutos como por habitante y como proporción del gasto total federal y del producto interno bruto.

Siendo grandes y antiguos los problemas de pobreza y de desigualdad de oportunidades, siendo inevitablemente progresiva y gradual su solución, es claro que el camino por recorrer es todavía muy largo. Sumando recursos y esfuerzos, sin embargo, de los tres órdenes de gobierno, se ha podido avanzar en los aspectos esenciales de la acción social del Estado.

Para hacer más eficaz la política social, se han descentralizado como nunca antes, facultades y recursos a los gobiernos estatales y municipales. Por cada peso que hoy gasta directamente la administración pública centralizada, los estados y municipios están gastando uno y medio; mientras que en 1994 gastaban menos de uno.

Porque la salud es la primera condicionante del desarrollo humano, a ella se ha dedicado una atención muy especial que ha quedado reflejada en avances significativos.

En los últimos cinco años, el gasto federal en salud aumentó más del 40% en términos reales; aumentó en casi 40% el número de médicos y de enfermeras, se pusieron en operación cerca de 4 mil unidades médicas nuevas, se alcanzó la cobertura casi total de la población del 99% con servicios básicos de salud, se evitó la quiebra del Instituto Mexicano del Seguro Social, se le dio viabilidad de largo plazo y está en marcha uno de los programas de inversión más ambiciosos de su historia para mejorar la calidad de sus servicios; se promovieron leyes para proteger los derechos de las personas con alguna discapacidad y se estableció un programa integral para apoyarlas.

Por experiencia, los mexicanos sabemos que nada es más efectivo que la educación para igualar las oportunidades de progreso de las personas y realizar la justicia social. Por eso, hemos dedicado a la política educativa la mayor prioridad, lo que ha resultado en avances que deben alentar a todos a seguir trabajando fuerte en este campo decisivo para el futuro de la nación.

Alcanzamos la mayor proporción en nuestra historia de recursos federales destinados a la educación, tanto en relación al gasto total como al producto interno bruto. Esta es una buena base para plantearse metas más ambiciosas.

La matrícula escolarizada en el sistema educativo nacional llegó a cerca de 30 millones de alumnos, casi 90% de ellos en instituciones públicas; el número de escuelas llegó a 220 mil, una de cada siete ha sido construida en este sexenio; de la planta total de maestros de un millón y medio, la sexta parte se incorporó durante esta administración.

Han aumentado significativamente las proporciones de los niños y jóvenes que acuden a la primaria, de los que la terminan, de los que ingresan a secundaria y la concluyen y de los que avanzan hacia los niveles medio superior y superior, se ha logrado multiplicar apreciablemente las oportunidades y opciones de educación superior gracias a la creación de 106 nuevas instituciones públicas de ese nivel.

En subconjunto, el subsidio a la educación superior ha crecido 32% en términos reales desde 1995, la matrícula de educación superior es ya de más de dos millones de alumnos.

El total de los recursos destinados a ciencia y tecnología aumentó durante este Gobierno casi 45% real, si bien todavía son muy insuficientes.

Se ha hecho una inversión sin precedente para rescatar, restaurar y ampliar el patrimonio histórico del país, así como para apoyar la creación artística y cultural. Se han otorgado más de seis millones de becas de capacitación para el trabajo y se ha establecido un sistema nacional de competencias laborales que muy pronto habrá de consolidarse como un muy eficaz incentivo para la preparación y el estudio permanente a lo largo de la vida laboral.

Nos propusimos atender de manera especial a quienes tradicionalmente han carecido de apoyo no sólo escolar, sino alimenticio y de salud para poder realizar su educación. Por eso, entre otras acciones se multiplicaron tres veces y media el número de desayunos escolares para llegar a 4 millones 600 mil diarios y en 1997 se estableció el Progresa, que ya alcanza a 2 millones 600 mil familias en 56 mil localidades rurales, un tercio de la población beneficiada por este programa es indígena.

Según evaluaciones técnicamente bien fundadas, el Progresa está probando ser un instrumento sumamente eficaz de la política social para enfrentar la pobreza extrema.

Se ha puesto énfasis en que los avances de la política social ocurran precisamente en donde existen mayores rezagos señaladamente en el medio rural. Además de los apoyos de la política social a quienes viven en el campo, se ha trabajado en la seguridad jurídica de sus tierras, alcanzando resultados satisfactorios y con recursos presupuestales crecientes se ha apoyado la producción mediante programas como Procampo, la Alianza para el Campo y apoyos a la comercialización.

Es muy desafortunado que hayamos tenido muy adversas condiciones climatológicas y los más bajos precios internacionales de los productos básicos en muchos años, con todo la producción agropecuaria y forestal ha crecido en cada uno de los años de esta administración, esta tendencia no se registraba desde hace más de un cuarto de siglo.

Con la participación de la sociedad y a partir del fortalecimiento del marco normativo e institucional, se ha puesto gran empeño con resultados alentadores, en frenar el deterioro del medio ambiente y proteger nuestros vastos pero muy frágiles recursos naturales.

El Estado mexicano ha respondido a la población afectada por los graves desastres sufridos en años recientes, para lo cual ha sido fundamental el papel de nuestras fuerzas armadas.

Ha sido un altísimo honor servir como su Comandante Supremo y constatar cada día la lealtad a la nación, el profesionalismo y la entrega del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada de México.

No obstante los avances antes señalados y los que se documentan en muchos otros aspectos en el informe escrito que he entregado, no sería honesto ni correcto declararme satisfecho por lo alcanzado.

Una vez que se ha recorrido un trecho, por más esfuerzo que se haya dedicado, lo más importante es ver lo que falta por recorrer.

Reconocer lo mucho que todavía está por hacer para llegar a la meta que todos deseamos.

En particular deben reconocerse aquellos aspectos, en los que a pesar del esmero, la tarea ha resultado muy distante respecto a lo que nos propusimos.

Este es mi sentir, entre otros temas, como lo es de toda la gente, en lo que se refiere a la lucha contra el crimen y la inseguridad.

Nunca estuvimos con los brazos cruzados. Mi primera iniciativa de reforma constitucional, logró la cabal independencia y el fortalecimiento del Poder Judicial Federal y estableció las bases para contar con un Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Se promovió y se logró reformar las leyes para tipificar mejor y castigar fuerte los delitos.

Se aumentó el presupuesto federal para seguridad 300%. Se canalizó una parte muy importante de ese aumento al ámbito de los estados y el Distrito Federal, pues casi el 95% de los delitos son del fuero común y por ley deben ser perseguidos y castigados por las autoridades locales, no por las federales.

Recientemente se creó una nueva Policía Federal Preventiva. Emprendimos una depuración sin precedente de malos elementos incrustados en diversas instituciones y, pese a todo, la criminalidad sigue siendo un problema muy grave.

Confío en que el esfuerzo hecho no habrá sido en vano y en que muy pronto se percibirán efectos positivos, mucho más importantes que hasta ahora. Por lo pronto, admito con pena, que es muy justificada la insatisfacción social por este problema.

Si trabajar por el desarrollo consiste en crear las condiciones para el disfrute de todas las libertades esenciales del ser humano, entonces el desarrollo puede alcanzarse sólo con democracia.

La democracia es el único sistema político que garantiza libertades esenciales, como la libertad de pensar, creer y opinar; la libertad de organizarse y participar; la libertad de disentir y criticar; la libertad de escoger.

La democracia tiene historia en México, la democracia fue un precepto que la generación liberal de la Reforma plasmó en la Constitución de 1857.

La democracia fue la causa que llevó a Madero a iniciar el movimiento de 1910 y es un principio fundamental en la Constitución surgida de la Revolución Mexicana. La democracia fue propósito y un compromiso fundacional del partido político al que pertenezco y ha sido razón principal de lucha de los otros partidos políticos nacionales.

Hacer que la democracia ya no fuese un ideal postergado, fue el propósito de sucesivas reformas políticas señaladamente a partir de la de 1977. Esas reformas fueron resolviendo uno a uno muchos de los temas que tradicionalmente fueron causa de controversia, disgusto y aun conflicto. Cada una de ellas fue una aportación muy valiosa y resultó decisiva para los pasos subsecuentes.

Expreso mi reconocimiento a quienes en su momento alentaron, concibieron, pactaron y legislaron cada una de esas reformas y sin embargo, pese a los méritos de cada reforma y al avance político que significaron, nadie podrá soslayar que persistía un ánimo social de insatisfacción con nuestra democracia.

Cuando existe tal percepción ella entraña en sí misma un obstáculo muy serio para emprender las tareas del desarrollo. Si la gente no se siente como parte de un país realmente democrático, entonces no asume conductas democráticas en el ejercicio de sus derechos y mucho menos en el cumplimiento de sus obligaciones.

Por todo lo anterior consideré que todos los mexicanos debíamos unirnos en la tarea inaplazable de alcanzar la plena normalidad democrática, así lo manifesté en el acto mismo en que asumí la Presidencia de la República, lo hice convencido de que para lograr la normalidad democrática se requería abordar sin doblez alguno la causa principal de insatisfacción con nuestra democracia: las condiciones de la competencia política para acceder al poder público.

Desde esta misma tribuna convoqué a todas las fuerzas políticas a trabajar juntos para subsanar esa insatisfacción. Pocas semanas después, el 17 de enero de 1995, el Gobierno y los partidos suscribimos un acuerdo político nacional por el que nos propusimos trabajar por una reforma definitiva.

Después de prolongadas y complejas negociaciones, por primera vez en nuestra historia se logró un consenso total que hizo posible la aprobación unánime por el Congreso de la anhelada reforma constitucional en materia electoral. Reitero mi sincera gratitud a quienes participaron en su formulación, negociación y aprobación.

La reforma fijó nuevos principios constitucionales claros y modernos a los que deben ceñirse todas las leyes electorales federales y estatales del país. La reforma confirió total autonomía tanto al Instituto Federal Electoral, responsable de la organización de las elecciones, como al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, responsable de impartir la justicia electoral.

La reforma estableció principios claros y mecanismos justos para el financiamiento de los partidos políticos y las campañas electorales, así como para su acceso a los medios de comunicación. La reforma también estableció la elección por voto libre y directo del jefe de gobierno y de los delegados del Distrito Federal.

Además, el Gobierno de la República promovió que las características de las nuevas disposiciones electorales fuesen asimiladas en las legislaciones de los estados de la Federación.

La reforma logró claramente su objetivo: condiciones justas para la competencia política.

Las nuevas leyes y las instituciones electorales han acreditado paulatina pero firmemente su seriedad y confiabilidad. Durante el sexenio se han celebrado 96 elecciones estatales y dos elecciones federales. Al cabo de todos esos procesos es posible asegurar que la suspicacia, las recriminaciones y los conflictos electorales han quedado atrás.

Se ha cumplido el propósito común que expresé el 1o. de diciembre de 1994, que todos quedemos satisfechos por la forma en que se llevan a cabo las elecciones, independientemente de sus resultados.

Las leyes e instituciones surgidas de la reforma, enmarcaron las elecciones del pasado 2 de julio, en que se eligió presidente de la República para el periodo 2000-2006 y se renovaron ambas cámaras del Congreso de la Unión. La jornada electoral se caracterizó por la tranquilidad y una alta participación ciudadana y estuvo precedida por las campañas más intensas y competidas de nuestra historia. Al cabo de esa jornada, unos ganaron y otros perdimos. La mayoría del voto eligió a Vicente Fox Quesada, de la Alianza por el Cambio, como presidente de la República.

La votación para diputados y senadores determinó una composición plural en ambas cámaras del Congreso, donde ningún partido político cuenta con mayoría absoluta. Estos resultados son inéditos en la historia política del país. Por eso es natural y muy comprensible que desde el 2 de julio, muchos de quienes participan en la política nacional y de quienes la analizan, se hayan ocupado de explicar las causas de este resultado. He leído y escuchado con atención muchas de esas explicaciones y no me cabe duda de que todas ellas tienen muy valiosos elementos de verdad; pero también creo que no todas reconocen suficientemente un hecho sencillo, contundente, ineludible que nos remite a la esencia misma de la democracia. Los mexicanos votaron con libertad y en secreto; cada voto contó y como en toda democracia, la mayoría decidió. Insisto, ésta es la esencia de la democracia electoral; que la voluntad popular expresada en el voto, determine quien gobierna la nación y quienes representan a la ciudadanía.

En la explicación de los resultados electorales, asumo sin cortapisas la responsabilidad que pudiese haber tenido el desempeño del Gobierno; sin embargo, creo que la explicación de los resultados no puede estar completa si no se considera que en cualquier competencia, máxime en la competencia política, debe tomarse en cuenta también lo hecho por los vencedores; sin menoscabo de la satisfacción de quienes en esta elección resultaron ganadores y sin ignorar la tristeza y la pesadumbre de quienes resultamos derrotados, creo que todos, absolutamente todos, debemos asumir un hecho: México ha completado su camino hacia la democracia.

Tras un largo proceso que comprendió luchas cruciales de nuestro pueblo en los siglos XIX y XX, los mexicanos del presente, contamos ahora con todos los elementos que integran una democracia moderna: garantías individuales, libertades cívicas, sistema de partidos, elecciones libres y justas; pluralismo y ahora como resultado de la voluntad ciudadana, como resultado de la voluntad ciudadana, alternancia política.

México está viviendo como nunca antes la democracia e insisto, esto es cierto, gracias a las luchas de las generaciones de mexicanos que nos precedieron y gracias también a lo que ha hecho nuestra generación; es decir, no una persona o grupo de personas; no un partido o grupo de partidos, sino un conjunto mucho más amplio, que somos todos los ciudadanos.

Es verdad que iniciamos una nueva etapa y que ese inicio está marcado por el arribo a la democracia plena; la democracia plena no cierra oportunidades para nadie, las abre para todos. Esta nueva etapa también significa de inmediato responsabilidades para todos; por lo pronto, para quienes dejaremos los cargos conferidos, significa la responsabilidad de trabajar hasta el último día de nuestra función, a fin de asegurar las mejores condiciones posibles en el país durante la transición gubernamental, así como efectuar una entrega transparente, ordenada y eficaz de la administración pública.

Para quienes acaban de acceder a la representación popular, significa la responsabilidad de realizar su tarea legislativa, con visión de largo plazo; debatir los asuntos públicos con afán constructivo y resolverlos en el ámbito de su competencia antes que nada con lealtad a la nación y sus instituciones.

México debe seguir su marcha hacia un desarrollo pleno; continuar hacia ese objetivo demandará la voluntad y el esfuerzo de todos y exigirá que sigamos superando retos. El primero de esos retos consiste en consolidar la democracia alcanzada y ponerla a trabajar para la consecución de los otros fines del desarrollo nacional y la realización de las tareas pendientes. Arribar a la democracia plena no equivale a su consolidación; consolidar la democracia plena requiere profundizar el aprendizaje de su abc, convertirla en una forma de convivencia cotidiana. Consolidar la democracia requiere hacer realidad por fin y para siempre, lo que desde el año de 1946 estableció el artículo 3o. constitucional; que la democracia sea nuestro sistema de vida, un sistema fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.

La democracia vale mucho por si misma. Pero no es la solución a todos los problemas sino un mecanismo para resolverlos. Asumida por todos, la democracia debe servir a las causas que son de todos. La democracia debe servir para preservar la unidad nacional. La democracia debe servir para seguir enfrentando y derrotar al crimen, a la corrupción y la injusticia. La democracia debe servir para impulsar no para obstaculizar las muchas reformas y transformaciones necesarias a fin de asegurar permanentemente el crecimiento dinámico y sostenido de la economía nacional como medio indispensable de combate a la pobreza y a la desigualdad de oportunidades. La democracia debe servir para apoyar la solución definitiva de conflictos que mucho han dolido a todos los mexicanos.

Ahora más que nunca, la amenaza de la violencia no es, no puede ser un recurso legítimo para luchar por la justicia social. Para éste como para cualquier propósito político, los únicos medios válidos y útiles, son los que ofrecen la ley y la democracia.

Para que la democracia sirva a éstos y a otros propósitos comunes a todos los ciudadanos, es indispensable que en la nueva convivencia democrática prevalezcan el diálogo sobre el monólogo, la racionalidad política sobre la pasión política, el acuerdo sobre el desacuerdo.

Estoy absolutamente convencido de que una consecuencia del nuevo pluralismo democrático y de la alternancia en el gobierno como posibilidad efectiva, debiera ser una construcción menos lenta y sinuosa que hasta ahora, de los acuerdos políticos indispensables para continuar la transformación de nuestro país.

Por lo pronto confío firmemente en que la democracia servirá para que el próximo gobierno no deje de cumplir por falta de apoyo de cualquiera de las fuerzas políticas, ninguna de las tareas conferidas por el pueblo de México.

El arribo pleno a la democracia es un triunfo de la política pero significa igualmente un compromiso enorme para quienes creen y participan en ella.

Es legítimo que cada persona, cada grupo, cada partido político tengan su propio proyecto político. Pero su realización debe sujetarse a las reglas y a los propósitos de la democracia y por lo mismo al interés general.

Ya nadie puede asumirse eternamente en la oposición ni nadie eternamente en el gobierno; por lo tanto, ahora todas las fuerzas políticas sea en la oposición, sea en el gobierno, deberán tener un mayor incentivo para contribuir a los cambios que aceleren el desarrollo de nuestra nación.

A todos conviene cuidar la casa, no sólo porque es de todos, sino porque ahora cualquiera puede ser responsable de ella y nunca debe olvidarse que esta casa nuestra, esta patria, México, no sólo tiene una gran historia sino que promete un gran futuro. Por esa historia que es de todos y por ese gran futuro que merecen nuestros hijos, confío en que los mexicanos seguiremos trabajando unidos y con ahínco.

Agradezco mucho a las señoras y a los señores legisladores, el honor de hablar de esta tribuna.

Agradezco a todos su atención.

Muchas gracias, señor Presidente del Congreso de la Unión.

CONTESTACION

El Presidente del Congreso

Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Presidente de la mesa directiva del Senado de la República, señoras y señores senadores, señoras y señores diputados, conciudadanos:

Doctor Ernesto Zedillo Ponce de León, titular del Poder Ejecutivo de la Unión, ha dado usted cumplimiento al mandato constitucional de asistir y presentar por escrito el informe del estado que guarda la Administración Pública Federal en esta sesión inaugural de la LVIII Legislatura del Congreso de la Unión.

El mensaje que usted ha dirigido a esta soberanía es el recuento del estado general que guarda la administración pública del país. Sobre él y el informe escrito que ha presentado se realizará el balance de la obra de un sexenio.

Resulta destacable el clima de libertad y paz en que se desarrollaron las campañas electorales en los comicios del 2 de julio. El respeto irrestricto a la voluntad popular emanada de las urnas y el apego a la legalidad con la que actuaron las instituciones electorales del país.

Esto es producto del esfuerzo de muchos años. Obra colectiva de la que millones de mexicanos podemos sentirnos partícipes y cada quien orgulloso de su aportación.

El sistema electoral entre todos construido ha acreditado su capacidad para encauzar la competencia entre partidos y asegurar el respeto al voto ciudadano.

A la LVIII Legislatura del honorable Congreso de la Unión corresponde la enorme responsabilidad de participar en el tránsito de la administración que usted encabeza a la que dará inicio el próximo 1o. de diciembre.Hoy más que nunca los legisladores federales tenemos el reto de hacer de las cámaras del Congreso el espacio plural en el que se reflejen todas las expresiones sociales, culturales y políticas de la nación.

Sólo a través del diálogo y la negociación, de la búsqueda del acuerdo y de la disposición de dejar de lado intereses inmediatos particulares o de grupo el Congreso avanzará en las tareas que nos plantea esta nueva etapa.

Encontremos el lenguaje adecuado para mejorar el diálogo, con pasión por las ideas, sin rencor contra la persona. A base de tomar conciencia de nuestras convergencias y divergencias. De que la realidad de ser personas y tratar con personas nos hermana en posibilidades y deficiencias. En virtudes y en defectos.

Nadie es poseedor de la verdad absoluta ni depositario de virtudes exclusivas. Aprendamos y enseñemos para la política un lenguaje común que tanta falta nos hace.

El Congreso de la Unión será, que nadie lo dude, el espacio para construir las normas e instituciones que aseguren el progreso de los mexicanos, la soberanía de la nación y el avance democrático.

Lo haremos si apreciamos con inteligencia el valor del diálogo respetuoso con el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, en un marco de cooperación entre poderes, en vigencia plena de su división y de su equilibrio, contando desde luego con las reglas de la reciprocidad.

Lo haremos con la participación de la sociedad, para que la suma de visiones y propuestas nos conduzca a entregar los mejores resultados.

La LVIII Legislatura del honorable Congreso de la Unión que hoy inicia su mandato constitucional, deberá ejercer a plenitud las facultades y atribuciones que la Constitución confiere a este Poder de la Unión, tanto en los meses que restan a la actual administración, así como desde el primer momento del gobierno del presidente electo de México, Vicente Fox Quesada.

El Congreso de la Unión que hoy se renueva en su integración también se renueva en su compromiso y en su aspiración de ser promotor de un estado de derecho, de un estado laico, de un estado democrático, que consolide a la nación.

El mandato de la ciudadanía ha sido a favor de la alternancia en el Ejecutivo y del pluralismo en el Congreso, lo que demuestra que en la democracia nadie gana ni pierde todo. Que el anhelo de Francisco I. Madero siga guiando a la ruta democrática de México en el siglo que inicia.

La agenda legislativa debe responder tanto a los compromisos establecidos en las campañas como a las tareas más urgentes que la sociedad está planteando a sus representantes.

El análisis que haremos los senadores y diputados federales del VI informe que hoy entrega el señor Presidente de la República ante este parlamento, habrá de ser la primera gran tarea de evaluación a cargo de esta legislatura; tarea que será ejercida con escrúpulo y con rigor técnico en la conciencia de dignificar al Poder Legislativo.

Tenemos enormes retos, es cierto, pero también contamos con las condiciones propicias para enfrentarlos. De los comicios del 2 de julio no solamente surgió un resultado, sino también un prometedor ambiente de madurez democrática y ánimo constructivo que esta legislatura debe honrar.

El Congreso de la Unión deberá estar a la altura de la madurez política que la sociedad manifestó en las urnas. Seremos puente que enlace dos periodos, dos administraciones, dos etapas, de la vida de México.

Nos quedan deberes pendientes por cumplir. Todos podemos coincidir en que la sociedad reclama, con justificada razón, que los beneficios del crecimiento económico deben traducirse en la mejoría efectiva en el nivel y calidad de vida de las familias, en el ambiente de seguridad y confianza social.

Reconocemos los avances alcanzados por la LVII Legislatura al dotar al Congreso de la Unión de un nuevo marco jurídico interno. Habremos de proseguir la tarea de fortalecer nuestros órganos de gobierno y administración, el trabajo de las comisiones, la calidad de los debates y el contacto con la sociedad, en un compromiso común de hacer del Poder Legislativo Federal una institución plenamente democrática al servicio de la República y de los más elevados intereses de la nación.

Deberemos hacerlo, teniendo siempre presente en nuestras mentes la divisa que nos legó Vicente Guerrero y que está grabada en estos muros en letras de oro, pero que debe esculpirse en la conciencia de cada uno de nosotros con hechos, con actitudes, con voluntad, con pasión, que "La Patria es Primero".

Gracias.

Favor de ponerse de pie para entonar nuestro Himno Nacional.

(Himno Nacional.)

El Presidente del Congreso:

Se ruega a la comisión designada para acompañar al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos a retirarse de este recinto, cumpla con su cometido.

(La comisión cumple con su cometido.)

CLAUSURA Y CITATORIO

El Presidente del Congreso
(a las 20:50 horas):

Se levanta la sesión de Congreso General.

Se les recuerda a las señoras y señores diputados, que la próxima sesión tendrá lugar el 5 de septiembre a las 10:00 horas.