Legislatura XXVII - Año I - Período Extraordinario - Fecha 19170509 - Número de Diario 27

(L27A1P1eN027F19170509.xml)Núm. Diario:27

Colegio Electoral

ENCABEZADO

MÉXICO, MIÉRCOLES 9 DE MAYO DE 1917.

DIARIO DE LOS DEBATES

DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS

DEL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS.

PERIODO EXTRAORDINARIO. XXVII LEGISLATURA. TOMO I.- NÚMERO 27.

Sesión del Colegio Electoral de la Cámara de Diputados celebrada el día 9 mayo de 1917

SUMARIO

1. Se pasa lista. Se abre la sesión. Se lee y aprueba el acta de la anterior.- 2. Se da cuenta con el dictamen de la segunda sección acerca del 5o. distrito electoral del Estado de San Luis Potosí. A petición del C. Plan y con aprobación de la Asamblea, se suspende la sesión del Colegio Electoral para constituirse en Cámara de Diputados y tratar un asunto de suma urgencia.

DEBATE

PRESIDENCIA DEL C. ROMÁN ALBERTO

- El C. Secretario del Castillo, a las 4.48 p.m. Hay una asistencia de 168 ciudadanos diputados. Hay quórum.

El C. Presidente: Se abre la sesión.

- El mismo C. Secretario leyó el acta de la sesión anterior. Está a discusión. ¿No hay quien haga uso de la palabra? En votación económica se pregunta si se aprueba. Los que estén por la afirmativa, se servirán ponerse de pie. Aprobada. La Presidencia suplica a los ciudadanos diputados se sirvan ocupar su lugar y guardar silencio.

El C. Aguirre Colorado: Como quiera que la Asamblea ha sentado el precedente de dictaminar acerca de credenciales cuyos expedientes no han llegado a poder de las Comisiones, la segunda sección de la primera Comisión tiene el siguiente dictámen del 7o. distrito electoral del Estado de Coahuila, del que no han llegado los expedientes, pero sí está aquí la credencial. Yo pregunto a la Asamblea sí quiere que se dictamine sobre este expediente. (Voces: ¡Sí, sí; no, no!) Se ha sentado precedente.

- El C. Secretario López Lira, leyendo: "Respetable Asamblea: "Visto el expediente que corresponde al 5o. distrito electoral de San Luis Potosí, la Comisión que suscribe conoció del ocurso que eleva el mayor Francisco J. Nava, en el que pide la nulidad de la elección para diputados que aparece a favor del C. Dionisio Zavala, aduciendo como única razón de peso, la de que el C. Zavala fué diputado al Congreso Constituyente, y no debe ser reelecto por el mismo distrito. Como sobre este particular no existe ningún precepto legal que incapacite a los ex- diputados constituyentes para postularse nuevamente, la Comisión no ha tenido en cuenta ese argumento para fallar en el sentido que se solicita.

"Pero aparece otra petición encaminada al mismo fin y signada por los presidentes de dos agrupaciones políticas de Matehuala, en la que se hace una amplia denuncia de multitud y serias irregularidades cometidas durante la campaña en contra de sus candidatos, el periodista Ramón Mendizábal y el obrero Alfonso Cárdenas, citando como primer inconveniente el encarcelamiento del Señor Mendizábal, efectuado el día 6 de marzo, y posteriormente el 9, por las autoridades militares y a petición de uno de los clubes contrarios, cuya detención está plenamente acreditada con dos telegramas cruzados con el Gobernador de San Luis Potosí, general Chapoy, y constancia expedida por el alcaide de la penitenciaría de Matehuala, imposibilitándolo transitoriamente para continuar su campaña electoral con beneficio de los otros candidatos.

"A más de este fundamental motivo que la Comisión no puede pasar desapercibido, los peticionarios mencionan otro muy importante de carácter legal como es el que las autoridades de aquel lugar dieron a las agrupaciones que postulaban al señor Mendizábal, lista de 20 casillas que deberían instalarse el día 11 de marzo sin aludir a otros lugares que estaban comprendidos en el 5o. distrito, a pesar de que previamente se solicitó; apareciendo que la votación se hizo en 34 secciones, como se comprueba, lo primero, con la lista oficial que se remite; y lo segundo, con el acta respectiva del Colegio Electoral.

"Igualmente justificado con un documento que firma el secretario del municipio de Catorce, y que contiene el sello de dicha oficinas, se hace mérito de que el número de ciudadanos empadronados con derecho a votar en aquella región, ascendía según listas respectivas, a 1,510, y en el acta de la Junta Computadora reunida en Matehuala, se mencionan vicios encontrados en las cédulas de aquella municipalidad, marcadas hasta con el número 1,809 y 1,925, resultando una diferencia considerabilísima, que conceptuada como una omisión involuntaria de los empadronadonadores, es inverosímil.

"Y este gran exceso de votos, que es bastante sospechoso para la Comisión, se explica y robustece en malicia, ante la evidencia, dados los comprobantes expedidos por la autoridad municipal de Matehuala que obran en el expediente, de que en el camino de San Luis Potosí a Vanegas o de Vanegas a Matehuala, fueron extraviadas cerca de 3,000 cédulas en blanco por el comisionado que las conducía, y que eran consignadas por el Gobernador de aquella Entidad. Y en este punto, es de hacerse constar que el acta de la Junta Computadora del 5o. distrito se refiere frecuentemente a boletas sin número o de repetidas numeraciones progresivas

encontradas en la votación. Notoriamente viciadas, ahí se apuntan en total 945 a favor del candidato Zavala.

"Como quiera que la Comisión ha podido cerciorarse de tales irregularidades ante los comprobantes irrecusables que tuvo a la vista, ha querido obrar con un amplio juicio, echándose a cuestas la cansada tarea de registrar minuciosamente el expediente.

"De acuerdo con el acta de la Junta Computadora de Matehuala, faltan numerosos documentos en diversas secciones además de otros que no se encontraron en los paquetes, por lo que la Comisión no ha podido dar cuenta exacta de cuál haya sido el resultado en las siguientes: 12, 16, 18, 20, 24, 25, 26, 29, 30, 31, 33 y 34; pues en las que no falta la lista de escrutinio, padrones, actas de instalación, inventarios, etc., carecen de los demás requisitos estipulados por la ley. Así, aun cuando la Comisión haya pretendido no tomar en cuenta aquellas casillas no consignadas en la lista oficial que se tuvo a la mano, legal y forzosamente se ha visto imposibilitada para tenerlas presentes. Por lo tanto, concretándose el número de sufragios obtenidos en las 21 secciones de que se está en aptitud de juzgar, por cada uno de los candidatos, tenemos que el señor Zavala alcanzó 848 votos, el señor Mendizábal 534 y el mayor Nava

"Guiándonos estrictamente por los candidatos que se consignan en el acta de la Junta Computadora que nos ocupa, la que no pudo, por respeto a la ley electoral, corregir los errores, dejándolo para este Congreso, sumamos un total de votos sumamente viciados en la siguiente forma: Zavala, 505, procedentes de los individuos que no sabían leer ni escribir y que según la ya repetida acta, no tenían el testigo correspondiente, y muchas de ellas escritas de puño y letra ya de los secretarios o de los escrutadores, según lo aclaraban con la firma de los mismos puestas en los documentos respectivos; 56 de Mendizábal y 127 de Nava, que deducidos del resultado general, quedan a favor de Zavala 343 votos correctos; 487 de Mendizábal y 212 de Nava. Esto es, el señor Mendizábal resulta electo por una mayoría de 135 votos sobre el resto de los candidatos.

"Pero además de estos hechos que bastan por sí mismos para impresionar desfavorablemente a la Comisión respecto a la integridad de la elección, existe en el expediente una carta particular y un certificado oficial, ambos del Presidente Municipal de Matehuala, en que se manifiesta las dificultades en que a dicho Presidente lo ha colocado el C. Zavala ante el pueblo de aquella comarca, a quien aseguró públicamente desde el kiosco del jardín principal de la localidad, que el señor Zavala, y únicamente dos personas más (los señores Palavicini y Macías, según el dicho de las agrupaciones políticas que firman el ocurso), habían hecho en el Congreso Constituyente las leyes del trabajo y agrarias, costándole un verdadero triunfo que los otros diputados la apoyasen, y se agrega que debido al ofrecimiento que al pueblo le hizo de que ya podían exigir a los propietarios de ranchos, haciendas y minas, que les duplicasen el salario y les diesen casa higiénica, agua limpia, y medios de transporte para ir a la ciudad, todo gratuito, lo mismo que un tanto por ciento sobre las utilidades de las negociaciones, ha dado margen a muchas fricciones entre jornaleros y propietarios, ya que esa propaganda no se compadece con el respeto que para las clases desvalidas debemos tener.

"Por lo expuesto, que, repetido sea, está lo suficientemente comprobado para que la Comisión fijara su criterio, y ésta, inspirándose en un verdadero espíritu revolucionario que nace de su profundo amor a la justicia, y deseosa de sentar un precedente de honradez política que rompa con los viejos sistemas dictatoriales, como lo es sin duda el encarcelamiento de los candidatos en los precisos días de la elección, y fundándose en un doble motivo de orden legal, a honor tiene someter a la consideración de esta H. Asamblea, las siguientes proposiciones: "1a.- Se declara nula la elección de los CC. Dionisio Zavala e Isidro Z. Alvarado.

"2a.- Es diputado propietario por el 5o. distrito electoral de San Luis Potosí, el C. Ramón Mendizábal, y suplente por el mismo, el C. Alfonso Cárdenas.

"Sala de Comisiones del Congreso de la Unión. - México, 30 de abril de 1917.- Ernesto Aguirre.- J. D. Ramírez Garrido.- F. Pérez Gasca." (Rúbricas.)

El C. Manrique: Pido la palabra en contra.

El C. Secretario: Está a discusión en dictámen. Las personas que deseen hacer uso de la palabra, se servirán pasar a inscribirse a la Presidencia.

El C. Plank: Señor Presidente, pido la palabra para una moción de orden.

El C. Presidente: Tiene usted la palabra.

El C. Plank: Para suplicar atentamente a la Presidencia se sirva erigirse en Cámara de Diputados, a fin de que el señor diputado, licenciado Jesús Acuña, se sirva dar cuenta a esta Asamblea de un atentado huertiano de que fué víctima hoy. (Aplausos.) Es sumamente interesante para la Representación Nacional, y es necesario no volver a la época de Huerta. Hemos ido al campo de la lucha para conquistar las libertades, y es necesario que esa sangre que se ha derramado no sea estéril. Ha sido víctima el señor licenciado Acuña de un atentado netamente huertiano. (Aplausos.)

El C. Presidente: Esta Asamblea está erigida en Colegio Electoral; nos erigiremos en Cámara de Diputados después de discutir algunas credenciales.

El C. Plank: Es urgente, insisto en que es urgente; está de por medio la dignidad nacional, y es urgente que se trate este asunto en seguida.

El C. Rivera Cabrera: Se trata de la dignidad de la Cámara.

El C. Presidente: Se suspende la sesión del Colegio Electoral.

Sesión de la Cámara de Diputados celebrada el día 9 de mayo de 1917.

SUMARIO

1. Con la misma asistencia de la sesión del Colegio Electoral, se abre la de la Cámara de Diputados. Se lee y aprueba el acta de la sesión anterior.- 2. El C. Acuña informa sobre un atentado que sufrió la mañana de este día en la calzada de Tlálpam. Con este motivo, se suscita un debate en el que toman parte varios ciudadanos diputados, presentándose dos iniciativas, relacionadas con él y aprobándose la segunda, después de la discusión. Se levanta la sesión.

DEBATE

PRESIDENCIA DEL C. ROMÁN ALBERTO

El C. Presidente: Se abre la sesión de la Cámara de Diputados.

- El C. Secretario López Lira leyó el acta de

la sesión anterior. Está a discusión el acta. ¿No hay quien haga uso de la palabra? En votación económica se pregunta si se aprueba. Los que estén por la afirmativa, sírvanse ponerse de pie. Hay mayoría. Aprobada.

El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Acuña.

El C. Acuña: Señores diputados: Quiso mi buena fortuna que volviera a dirigirme otra vez a ustedes para contarles lo que ocurrió esta mañana a las doce y diez minutos. Voy a hacer una relación brevísima de lo que me ha acontecido, y esto no tiene ninguna significación por lo que a mí se refiere, porque yo nada valgo, señores diputados; pero sí tiene una gravísima significación por lo que son todos ustedes y por lo que son todos los revolucionarios. Hace como un mes, señores diputados, compré una casita a medio construir en las afueras de la población, frente a la hacienda de Los Portales, y la compré por dos motivos, señores diputados: En primer lugar, porque me la dieron muy barata, sumamente barata, y por otro, porque el contrato de la casa en que vivo actualmente se me vence en dos o tres meses, y es una casa, que si su renta se paga en oro nacional, es carísima. Pues bien, señores diputados, yo tengo la costumbre de ir a esa casita modestísima, y que está en construcción, cuantas veces no tenemos Asamblea acá en la Cámara de Diputados, de manera que cuando no hay por la mañana, voy por la mañana, y cuando no hay por la tarde, voy por la tarde. Como esta mañana no tuvimos Asamblea fuí por allá y estuve toda la mañana, y como a las doce, al salir los trabajadores, me encaminé para esperar el tren, porque tengo la costumbre, también, de dejar mi automóvil en la calzada de San Antonio Abad para que no se maltrate. Dieron las doce, salieron los trabajadores, abandoné yo la casita aquella, me fuí a la parada a esperar el tren, pasaron como diez minutos y no pasaba el tren. Estábamos allí tres personas: El que habla, un jovencito Junco que siempre viene a sentarse por acá, y que la hace de sobrestante, y que en estos momentos está declarando en Comandancia Militar, y otro señor español que se apellida Berriozábal, dueño de una lechería que está allí cerca. Estábamos recargados en el alambrado de los tranvías cuando yo oí pisadas de caballos a mi derecha, como que venían caballos de Churubusco hacia México, volví la cara y ví a tres personas que venían en tres caballos: Un individuo vestido de charro, en magnífico caballo; una señora o señorita, vestida de negro, que venía en medio, y hacia el lado de afuera de la calzada venía otro individuo. No tuve más tiempo para ver a estos individuos y sus caballos, que el que dura en pasar una cabalgata como ésta; de manera que me fijé perfectamente en este individuo que venía vestido de charro y en la señorita que venía vestida de negro; en el otro individuo no me fijé porque pasaban a mi espalda; volví la cara para verlos, y entonces como que atacaron las riendas de sus caballos para verme a mí más despacio. Le pregunté al señor Junco que si me conocerían estas gentes, y él me dijo: "Parece que sí, señor licenciado, porque se fijan con mucha insistencia en usted." Se fueron paso a paso, pero siempre volviendo la cara hacia atrás, fijándose en mí: Caminaron 20 ó 25 pasos y se detuvieron allí los tres. Yo había encendido un cigarro, lo estaba fumando recargado de codos en el alambrado del tren, pero no dejaba de ver a estos señores. En cuanto llegaron allí se detuvieron, se estuvieron un instante nada más y se desprendió el individuo que no iba vestido de charro; se desprendió hacia la otra parte de la calzada, de tal manera, que quedó equidistante con la señorita, el charro y yo; habría una distancia de diez metros a donde estaban sus compañeros, y oí claramente estas palabras: "¿Ya?" y le dice el charro: "Sí." volvió a preguntarle otra vez,- estaba con la pierna a medio bajar y con la mano puesta en la pistola, - volvió a repetir: "¿Ya?" y le dice el charro: "Sí, hombre; ya, ya." En eso avanzó este individuo por el otro lado de la calzada; seguía dándole la espalda, pero volví la cara para ver el caballo, no a él. De él recuerdo su cara, pero si me lo presentan no lo conozco, y no podría decir quién es él. Llevaba un saco pardo- obscuro, un pantalón de kaki amarillo, polainas negras, zapatos negros y un sombrerito café; pasó por mi espalda y me quedé viendo el caballo. (Dirigiéndose a uno de los palcos de la prensa.) ¿Allí está usted, señor Junco?, perfectamente. Es uno de los testigos que presenciaron el hecho. De los acontecimientos yo no sé si estaré equivocado, señores diputados; pero reconocí que era la yegua de Juan Barragán. Pasó hacia mi derecha, para arriba, como que regresaba a Churubusco, y en el ínterin seguí yo fumando mi cigarro. Recuerdo que allí volví la cabeza uno y otro lado, y el charro y la señorita estaban a veinte metros de distancia: no se habían movido de allí. Habrían pasado, si mucho dos minutos, cuando oímos una detonación casi a quemarropa; la oímos a mi derecha, de tal manera, que este individuo se había regresado otra vez cerca de nosotros. Cuando yo volví la cara, estaría a un metro o dos de nosotros, con una pistola en la mano, calibre 38, de cañón muy largo; volví la cara, y por un movimiento instintivo creí que me disparaban a mí, de manera que, en el acto de tirarme al suelo, oí la segunda detonación, y ya caído oí tres más; pero este individuo iba disparando a medida que avanzaba hacia donde estaban los otros dos individuos que lo esperaban. Entonces, caído en el suelo, me fuí arrastrando hasta colocarme detrás de un árbol, y cuando ya había vaciado la pistola aquel individuo saqué la mía, amartillada, y entonces lo ví a una distancia como de unos cincuenta metros. Ya habían avanzado el charro y la señorita. Entonces comprendí que era inútil disparar. Hubiera podido disparar mi pistola, pero no quise hacerlo porque no tenía la seguridad de herir a este individuo; si hubiera tenido la seguridad de hacerlo, lo hubiera hecho. En esos momentos venía un individuo que trabaja en la obra ésa, y le dije: tráigame una carabina que tengo por allí. Trajo la carabina, pero ya en eso habían desaparecido esos señores. Una señora que presenció los acontecimientos, y que relatará con todo detalle en la Comandancia Militar lo que vio, me dijo: señor, tiene usted mi teléfono a su disposición; puede usted hablar a donde guste; y le digo yo a Junco; vaya usted y hable a la Comandancia Militar; diga que violentamente manden una escolta por la calzada de San Antonio Abad para que detengan a esos individuos. Se fue al teléfono. En dos segundos se tuvo noticia y conocimiento en la Comandancia Militar, y fue la escolta. Pasó el tren a pocos momentos, me dio tiempo de sacudir mi ropa, y entonces empecé a sentir unas raspaduras que traigo en las manos, en la frente y en una rodilla también. Tomamos el tren y nos vinimos muy atentos para ver si estos individuos venían por la calzada Tlálpam, y casi llegando al Hospicio de Huérfanos nos encontramos con el charro y la señorita; el otro individuo no venía con ellos; de manera que, cuando llegamos al extremo de la calzada de San Antonio Abad, tomamos mi automóvil. La primera impresión que yo tuve al tomar el automóvil fue la de ir a la Comandancia Militar, pero me pareció

más fácil llegar al Gobierno del Distrito. Llegué allí, y en brevísimas palabras le expuse lo ocurrido al general López de Lara, que, entre paréntesis, me atendió como todo un caballero; me prestó tres soldados, un automóvil, y nos fuimos, y digo, ya no fuimos hasta la Comandancia Militar porque mi automóvil venía fallando, debido a que su gasolina la traía revuelta con agua. Recorrimos la calzada, y ya habían aprehendido al charro y a la señorita. El charro todavía estaba a caballo; lo bajé y nos vinimos a la Comandancia Militar. Hasta allí todo lo que a mí me consta. El hecho me parece muy significativo, porque el charro es nada menos que un miembro del Estado Mayor de don Venustiano Carranza (Siseos.) El individuo que me disparó los balazos, montaba una yegua....

El C. Chapa, interrumpiendo: ¿El nombre?

El C. Acuña, continuando: El nombre no lo conozco, ¡Por Dios!, ¡Lo hubiera aprehendido yo mismo! No sea usted ignorante.

El C. Chapa: No es ignorancia, sino que desearía conocer el nombre.

El C. Acuña, continuando: No conozco a ese individuo, pero sí sé que montaba, si no estoy equivocado, la yegua de Juan Barragán. (Siseos.) Todo lo demás quiero dejarlo al criterio de ustedes; pero la verdad de las cosas, señores diputados, en cuanto me levanté yo del suelo, inmediatamente recordé las primeras épocas del porfirismo; yo me acordé de García de la Cadena, me acordé del doctor Martínez, repasé una infinidad de mártires. Tal parece que son ciertísimas las teorías de Vigo, que dicen que la humanidad va subiendo por una espiral y que la historia tiene sus puntos de contacto; tal parece que estamos llegando a un punto de contacto, tal parece que es el principio del porfirismo. ¡Ojalá, señores diputados, ojalá no fuera así! Yo quiero engañarme, yo quiero equivocarme; pero esta es la impresión que yo guardo todavía en estos momentos, señores diputados. ¡Qué grave es esto, señores; acabamos de entrar en el orden constitucional, y estas son las garantías nada menos que para los diputados: ¡Matarlos! ¿Cómo? a mansalva, hombre, como a un perro; dejarlos tirados en cualquiera parte, eliminarlos, quitarlos de la vida política! (El C. Rivera Cabrera: Y de la vida material también.) Yo he observado este hecho, señores diputados: Cuando yo dejé la Secretaría de Gobernación, no recuerdo haber dicho una sola palabra respecto al motivo por el que dejé esa Secretaría; yo me he hecho estas consideraciones: ¿Estaré en lo justo?, ¿Estaré equivocado?, no lo sé; pero esto todavía me lo guardo yo en mi fuero interno; no habrá una sola persona que pueda decir que Acuña cree que salió de la Secretaría de Gobernación por esto o por lo de más allá; a nadie absolutamente le he contado, le he dicho, le he narrado por qué creo yo haber salido de la Secretaría de Gobernación; de tal manera, que hasta estos momentos, señores diputados, yo estoy guardando todavía todos los secretos de la Secretaría de Gobernación, y de la que fue Secretaría de Estado también.

Esto lo considero como un deber ineludible de todo individuo que ha servido a su patria. Pues bien, señores diputados, en cuanto salí yo de la Secretaría empezó la prensa, toda la prensa, señores, a hostilizarme; era "El Universal," el mismo "Demócrata," "El Demócrata," - aquí está don Rafael Martínez que me debía favores, señores diputados, que me debía servicios, por lo menos me debía atenciones y finezas, que es lo que puede dar un Secretario de Estado a un periodista revolucionario- ¡pues hasta "El Demócrata" se desencadenó en mi contra! (Voces: ¡No es raro!) Pasaron poco a poco las cosas, vino la campaña electoral, hice mi campaña para diputado, y ahora que hemos entrado aquí, cuando se ha visto la fuerza del partido, estos fuegos que se habían desencadenado en mi contra, y que no eran más que pura literatura y hojarasca, se han convertido en otra cosa, señores; de manera que ya no se trata del desprestigio, de la calumnia y de la tiranía, ahora se trata de asesinar a un hombre que viene a hablar con toda claridad, con toda sinceridad y con toda franqueza. Yo no recuerdo, señores diputados, haber cometido la más leve incidencia a la Revolución; mis servicios han sido demasiado largos: no quiero traer a colación el testimonio de ningún testigo, los hay muchísimos aquí en la Cámara, no quiero llamarlos por sus nombres; mi actuación ha sido muy larga, señores diputados, y es conocida de todo el mundo no sólo en la República; Dios sabe con la sinceridad, con la buena fe, con el desinterés y con el patriotismo que yo he servido a mi patria, el mismo don Venustiano,- a quien todavía le llamo yo don Venustiano por la confianza tan grande y tan ilimitada que me tuvo y por el cargo tan grande que yo también le tuve,- él mismo sabe y conoce a fondo toda mi vida, señores diputados. Si mi vida política es muy corta, ha tenido muchísimos episodios. Yo aseguro que todavía no hay un solo individuo que pueda hacerme un cargo concreto; yo aseguro, señores diputados, que cuando salí de la Secretaría de Gobernación, salí sin haberme manchado con un peso ni con una sola gota de sangre. Por esto es por lo que más detesto el atentado que se acaba de cometer en mi contra. Yo deseo, señores diputados, que os fijéis en este hecho que es de mucha significación. No se trata de la vida de un individuo; la mía, vuelvo a repetirlo, no vale nada; puedo asegurar más: La vida que tengo, señores diputados, me sobra; yo acabé ya con mi actuación; mi nombre, bueno o malo, tengo la seguridad de que lo recogerá la historia, con la actuación que yo haya hecho en la Revolución; pero para ustedes, señores diputados, es necesario, es imprescindible, que os fijéis en estas cosas: no se trata de un crimen aconsejado por un individuo; es la reacción viva que está actuando en estos momentos, de tal manera, que nadie puede creerse con su vida segura, nadie puede trazarse un plan, nadie puede pensar en el mañana, porque la vida de todos nosotros está gravemente amenazada. Todavía no pienso, señores diputados, hacer ninguna acusación ante la Comandancia Militar o ante el juez que deba conocer de estos hechos; esto ya lo pensaré en el seno de todos mis amigos; y por lo que se refiere a este capitán, que es capitán de la Primera Jefatura, lo mismo me da que sea o no sea, lo mismo me da que se le castigue o que no se le castigue. Para terminar, señores diputados, quiero asentar este hecho: A mí no me amedrenta la prensa, ni me amedrenta la muerte en ninguna de sus formas. No quiero relatar a ustedes las campañas en que me he encontrado, pero sí puedo asegurarles que he visto la muerte muy de cerca. Esto de ahora puedo asegurar a ustedes que ha sido una burla, una especie de comedia; los hombres de valor no se asustan con tan poca cosa. Todos ustedes tengan la seguridad de que no por cinco balazos, ni por cincuenta, ni por quinientos, ni por número alguno, harán que yo deje de sustentar desde esta tribuna mis propias ideas, que todas son siempre de acuerdo con la Revolución e inspiradas en el más sano patriotismo. (Aplausos nutridos.)

El C. Presidente: Tiene la palabra el señor Rafael Martínez.

El C. Martínez Rafael: (Al subir a la tribuna se escuchan siseos.) Señores diputados: Ruego a ustedes, señores, que tengan corrección, la

misma que yo tengo para todos los compañeros. Señores diputados: Nada más grande que la verdad, ni nada más excelso que la justicia; el señor licenciado Acuña, en este momento, está dentro de la verdad y dentro de la justicia. El atentado que se ha querido cometer en él es verdaderamente ignominioso, es salvaje; no puede dejarse pasar en ningún país que se diga civilizado. Estamos dentro de un parlamento, y como en todos los parlamentos del mundo, sin duda que deben existir grupos disidentes grupos antagónicos y grupos contrarios en materia política; pero precisamente por eso están dotados del fuero para que puedan hacer en esta tribuna no sólo profesión de fe, sino que puedan sostener sus ideas del modo que les agrade, y puedan ser agresivos hasta serlo y hasta donde sus propias convicciones puedan llevarlos. (El C. Urueta: Sí, señor; lamento contradeciros.) Pues bien; eso no puede ser motivo alguno para que el hombre que siendo diputado, piensa de modo distinto a otro hombre, pueda en la calle ser víctima de alguien, de uno o de muchos. El señor licenciado Acuña, según nos ha manifestado, en la mañana de este día ha sido asaltado por dos personas, que de la manera más vil, la más canalla, de la manera más cobarde, le han disparado, sin que él siquiera pudiera defenderse. El ha dicho que su actuación está terminada, y que no por él, sino por nosotros, viene a relatar, viene a narrar de un modo claro y verídico lo que con él ha acontecido. Pues bien; por nosotros y por él; porque él, en todo caso, es tan respetable en su fuero como puede serlo cualquiera de los que representan actualmente aquí a sus conciudadanos, yo creo que debemos hacer algo más que oírlo, debemos ir mucho más allá, debemos hacer nuestro el asalto que se ha querido cometer con él, ese asesinato frustrado, y debemos tomar aquí alguna resolución terminante, para que se vea que sea quien fuese el que pudiera atentar contra un diputado, debe ser castigado de la manera más severa; por tanto, las investigaciones deben ser prontas, deben ser claras, deben ser precisas, deben ser significativas y las personas que resulten responsables de ese atentado sin nombre en la persona de un diputado, deben ser castigadas sin lenidad, deben ser castigadas luego, y que este castigo esté a la altura del crimen que quisieron cometer. Yo, de la manera más sincera, de la manera más clara y de la manera más terminante, lo digo: protesto en mi conciencia contra ese atentado que se quiso hacer contra el licenciado Acuña; y como periodista, seré de los primeros mañana en decir lo mismo que he dicho en esta tribuna: Debe dilucidarse, debe aclararse, debe verse quiénes fueron esos hombres, y sean quienes sean, la justicia debe obrar con ellos de un modo claro, terminante y sumamente enérgico; lo digo por todos, pero también por él, porque él ha sido la víctima, y por tanto, en su caso es preciso y en su caso debe hacerse justicia perfecta y completa. El señor licenciado Acuña se refirió en algo a mi persona de un modo incidental, y en cuatro palabras voy a referirme a ese hecho, porque debe también constar la contestación a lo que el señor licenciado Acuña ha dicho. Ha expresado que él tuvo para mí favores, deferencias y finezas. Pues bien; no ha conceptuado cuáles, y por lo tanto no quiero entrar en detalles; creo que si tuvo para "El Demócrata" algunas deferencias y algunas finezas, grandes o pequeñas, pocas o muchas, lo hizo en nombre de la Revolución; y yo, para el señor licenciado Acuña, durante todo el tiempo que fué Secretario de Gobernación, tuve también finezas y deferencias, y creo que es lo que debía ser. Si el señor licenciado Acuña se ampliase,- pero no es el caso de entrar en casos concretos, - desde luego le diría cuáles fueron las razones de que hubiese diferencias con él en el final; presentaría testigos que se encuentran sentados en estos escaños y llegaríamos a algo más hondo; pero no ha dicho más que tuvo para mí finezas y es verdad: las agradezco; ¿Qué más puedo yo hacer? Yo pido a mis compañeros que no nos conformemos con la narración que nos ha hecho el señor licenciado Acuña, sino que tomemos alguna resolución, porque ha sido víctima, y por tanto, debe ser reparada esa falta que se ha hecho contra él: eso que pudo haber sido un asesinato, un delito monstruoso. Yo pido que todos nosotros, inspirados como estamos en un sentimiento de justicia, hagamos que esa justicia resplandezca.

El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Ramírez Garrido.

El C. Urueta: Pido la palabra.

El C. Presidente: Está inscrito antes el C. Ramírez Garrido.

El C. Ramírez Garrido: Señores diputados: Nunca como en estos momentos celebro venir a esta tribuna, porque nunca como en estos momentos vamos a empezar nosotros a definir ya abiertamente y a marcar cada quien su derrotero. Ayer, señores diputados, en la época de Huerta, era un esbirro de la policía, "El Matarratas," el que iba a acabar con la vida de un Serapio Rendón, de un Belisario Domínguez; hoy, señores, es un miembro nada menos que del Estado Mayor del Presidente de la República el que trata de acabar con la vida de los diputados. (Aplausos.) Señores, la augusta sombra de Belisario Domínguez habrá de tener en esta Representación Nacional salida del seno de la Revolución, entre muchos de los que han ido al campo de batalla, muchos hijos predilectos, muchos imitadores. Sepa el Ejecutivo que si en la época de Huerta tuvo nada más que acabar con un Rendón y con un Domínguez ahora hay muchos diputados dispuestos a desquitar aquí, y a sellar con su sangre, los $16.50 que ganan diarios. Señores diputados: Ya sabía yo, por pláticas, y voy yo, señores, no como el señor Acuña, que aquí, después de la agresión brutal de que ha sido objeto, ha venido todavía a hablar con una poca de conmiseración, y conmiseración, en tales momentos, yo la creo criminal; debemos hablar claro y muy alto. Ya sabía yo, por algunas personas, que es para el Jefe del Ejército Constitucionalista ayer y hoy Presidente de la República, una obsesión, señores, el que en esta Cámara haya un grupo de liberales y revolucionarios dispuestos a decirle y a señalarle un hasta aquí. Yo ayer, señores diputados, no me explicaba para qué quería en su presupuesto el Ejecutivo un millón de pesos. (Aplausos.) Hoy si ya lo sé: Lo necesita para pagar a esa prensa mercenaria que ahora acaba de decir por boca del señor "Rip- Rip," que en los días en que el señor Acuña era Ministro le guardó muchas caravanas; pero que desde que cayó, desde entonces lo ha calumniado y lo ha injuriado villanamente. (Aplausos.) Ya sé para qué se quiere ese millón de pesos, señores: no solamente para la prensa, no solamente para que vayan a Europa, a Estados Unidos y a otras partes a pasear muchos entes que no han hecho más que desprestigiar a la Revolución, sino también, señores, para pagar esbirros con objeto de que acaben con los diputados que vienen aquí a cumplir santa, leal y patrióticamente con su deber. (Aplausos.)

- Los CC. Cravioto y Díaz González, interrumpiendo: No, protesto.

El C. Ramírez Garrido, continuando: ¿El señor Cravioto protesta? Sí señor Cravioto ya lo sabía yo y si el señor Palavicini estuviera aquí, también protestaría. (Aplausos.) Y Macías protestaría

en la prensa, porque Palavicini y usted son solamente unos paniaguados de la dictadura. (Aplausos.) Señores: aun estamos empezando a ver que entramos por la era de la ley y ya esta ley empieza a violarse. Ya sabemos, señores, que hay un Gobernador que es un asesino en el Estado de Guerrero, sostenido por el Ejecutivo, aquí se ha dicho en esta tribuna; ya sabemos que hay un Gobernador ladrón en el Estado de Oaxaca, aquí se ha dicho en la tribuna; en Tabasco mismo está Luis Felipe Domínguez, asesino y ladrón, y está sostenido por la primera jefatura. Señores, es preciso ya que la Cámara asuma una actitud digna; el Ejecutivo la ha agredido en uno de sus miembros y ella debe de corresponder con la lealtad y con la entereza que le corresponde.

El C. Cravioto: Protesto también contra eso.

El C. Ramírez Garrido. Continuando: No se desespere el señor Cravioto por venir a rebatirme aquí, ya tendrá usted tiempo de manejar el turíbulo desde esta tribuna, señor Cravioto, Señores: El señor Neri ha tenido la gentileza, en los momentos en que sabía que venía yo a ocupar esta tribuna, de darme aquí la proposición que consta en el Diario de los Debates y que esta Cámara hiciera cuando el asesinato del señor don Belisario Domínguez: Yo creo pertinente recordar aquí este caso para orientar la discusión, para saber la actitud que hemos de tomar: debe servirnos de mucho: Dice así: "Pedimos a la Cámara que se sirva aprobar las siguientes proposiciones: "1a.- Nómbrese una Comisión compuesta de tres diputados para que todas las investigaciones que sean necesarias a fin de averiguar el paradero del señor senador Belisario Domínguez, y con todas las facultades que a juicio de la misma Comisión sean del caso.

"2a.- Invítese al Senado para que nombre una Comisión de su seno para el mismo objeto.

"3a.- La Comisión de esta Cámara propondrá la que corresponda, en vista del resultado de la investigación.

"4a.- Comuníquese al Ejecutivo este acuerdo, para que se sirva impartir el auxilio que sea necesario a la Comisión, o Comisiones, en su caso; haciéndole saber que la Representación Nacional pone las vidas de los diputados y senadores bajo la salvaguardia del propio Ejecutivo, que es el que dispone de los elementos necesarios para hacer respetar los fueros que la Constitución otorga a dichos funcionarios."

No sigo leyendo las otras partes, porque no las considero pertinentes. Dar aviso al Ejecutivo. El señor Acuña nos ha dicho aquí que hasta ahora no se ha decidido a presentar una acusación; yo creo, señores, que aquí no se trata del señor licenciado Acuña, se trata de un representante de 60,000 habitantes, de un diputado que goza de fuero, sea quien sea. Y así como hablamos una vez, inspirada esta Cámara por los fueros del señor Urueta y por los fueros del señor Palavicini, hoy debemos mantener incólumes los fueros del señor licenciado Acuña, porque no son los fueros del señor licenciado Acuña, sino los fueros de la Representación Nacional.

El C. Chapa: Pido la palabra para una interpelación al orador, señor Presidente.

El C. Cravioto: Pido la palabra.

El C. Treviño: Pido la palabra.

El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Chapa.

El C. Chapa: Yo estoy tan indignado como cualquiera de vosotros, señor Ramírez Garrido... Voces: ¡No es cierto, no!... del atentado ignominioso contra el señor licenciado Acuña, pero quisiera preguntar a usted, primero, si tiene la certeza de que el criminal sea miembro del Estado Mayor del C. Carranza y segundo, si el C. Carranza fué el que dió la orden para que se cometiera ese atentado. (Voces: ¡No, no!)

El C. Ramírez Garrido: Se ha dicho aquí por el señor licenciado Acuña que uno de los agresores es capitán de Estado Mayor del Presidente de la República y que se apellida Malo. ¡Muy malo ha de ser realmente! Sabemos, señores, que los miembros del Estado Mayor del Presidente de la República pertenecen directamente al Presidente de la República, no tiene influencia sobre ellos ninguna otra autoridad. Sabemos, señores, que el Jefe de Estado Mayor del Presidente de la República ha sido electo Gobernador después de muchos atropellos a ciencia y paciencia de don Venustiano Carranza, en el Estado de San Luis Potosí, y de ahí mi presunción. Yo no se positivamente si el C. Presidente de la República estará de acuerdo en esto, porque eso ya saben los señores que no se confiesa. Los secretos son entre dos y nada más. ¿Que si el Presidente de la República estará de acuerdo en este atentado? Yo supongo que sí. (Voces: ¡No, no!)

El C. Díaz González: Protesto, protesto. ¡Es una canallada!

El C. López Lira: "Proponemos se comunique al Ejecutivo el atentado cometido en un representante del pueblo, a fin de que se aplique al responsable el castigo que merece, con todo rigor."

El C. Urueta: Pido la palabra en contra.

El C. Plank: Pido la palabra para una moción. Que se dé cuenta con una moción que ha presentado la diputación de Sonora y que no se ha leído.

El C. Presidente: No se ha presentado a la Mesa ninguna moción. Tiene la palabra el C. Urueta.

El C. Urueta: Señores diputados: En este asunto nada tiene que ver el Ejecutivo.

El C. Dávila. interrumpiendo: Moción de orden. Pido que se lea el artículo relativo a las galerías. (Voces: ¡No, no!)(Siseos.)

El C. Urueta: Ya se le ha dado lectura veinte veces, compañero.

El C. Secretario López Lira: "Artículo 195.- Los concurrentes a las galerías se presentarán sin armas; guardarán respeto, silencio y compostura, y no tomarán parte en los debates con ninguna clase de demostración."

El C. Díaz González: Moción de orden. En vista de que las galerías hacen demostraciones de hostilidad en contra del artículo que se ha leído, pido que se desalojen. (Voces: ¡No, no!)

El C. Múgica: Pido la palabra para hacer una súplica a la Presidencia.

El C. Hay: Moción de orden, señor Presidente. Suplico que no se tome en cuenta la proposición que se ha hecho; cuando he tenido el honor de ocupar la Presidencia, he sido de los más estrictos en hacer cumplir el reglamento y yo, por otra parte, sin dirigirme a las galerías especialmente porque no tengo derecho a ello, espero de su civismo y corrección que guardarán orden en un asunto de tanta importancia para la Representación Nacional y que se abstendrán de hacer manifestaciones, pues sé que las manifestaciones las llevarán en el corazón. (Aplausos.)

El C. Díaz González: Es lo único que pido.

El C. Urueta: Señores diputados: Precisamente porque el caso acaecido al señor licenciado Acuña reviste caracteres de suma gravedad, debemos nosotros, hasta donde nos sea posible, colocarnos a la altura de los mismos acontecimientos y poner, en la contingencia presente, toda nuestra serenidad al propio tiempo que toda la fuerza de nuestro espíritu, para procurar llegar a una resolución que satisfaga plenamente la dignidad de la Representación Nacional. Y ya el señor Acuña ha dado la muestra en esta tribuna

porque con toda corrección y con toda serenidad ha expuesto el caso. Naturalmente que para temperamentos impresionables y nerviosos, esto significa un chispazo eléctrico y ha colocado en el corazón sentimientos que espontáneamente han brotado a los labios en forma indignada y violenta: todo es explicable, lo mismo la actitud del señor Acuña dentro de una corrección absoluta, que la actitud del compañero Garrido dentro de una violenta oratoria que los mismos hechos, si no exculpan, grandemente atenúan; y por último, lo mismo que la actitud teatral y oportunista del señor don Rafael Martínez, que parece llevar en su seudónimo dos inscripciones funerarias. (Risas y aplausos.) He pedido la palabra en contra de la moción que se ha presentado a la Asamblea porque entiendo que no es el caso de que tome cartas en el asunto el Poder Ejecutivo; nada tiene que ver aquí el Poder Ejecutivo. Que un miembro del Estado Mayor del C. Presidente de la República haya cometido un delito, esto no prueba en manera alguna que ese delito haya sido cometido por el Presidente de la República. (Aplausos nutridos.) Es preciso, señores diputados, ser justos, o a lo menos procurar serlo. Esta es nuestra obligación y no debemos aprovechar un incidente de esta naturaleza, por grave que lo sea, para lanzar un cargo en contra del Presidente de la República, que él, de ello estoy seguro, será el primero en condenar. Por el contrario, estamos obligados a colocarnos en circunstancias tales, que las pasiones políticas no obscurezcan nuestra inteligencia ni pongan sentimientos airados y violentos en nuestro corazón. Claro está que necesitamos antes que nada defender a la Representación Nacional de atentados que comienzan y que pueden revestir, de quedar impunes, una gravedad que ignoramos qué consecuencias puedan tener. Pero de aquí a arrojar la responsabilidad de estos atentados, ya sabemos nosotros que las autoridades secundarias son, por regla general, más papistas que el Papa y son las verdaderas autoras de los desprestigios de todos los Gobiernos: ya sabemos nosotros que ellas no se detendrán ante ningún valladar, aun cuando sea la voz augusta y la decisión solemne de la Representación Nacional la que en contra de ellas se levante; pero es necesario no llegar con inculpaciones gratuitas, a ofender a quien no debemos ofender, porque, repito, estoy seguro de que será el primero en exigir el condigno castigo para el brutal, para el siniestro autor del atentado que sufrió el señor licenciado Acuña. (Aplausos ruidosos.) Por poco, señores, sufro yo ayer uno semejante a altas horas de la noche. (Risas.)

El C. Díaz González: ¿Qué andaba usted haciendo a esa hora?

El C. Urueta: Señores diputados: Llegaba yo a mi casa, y en estos asuntos suelo yo- y tomo el verbo soler en su acepción castiza y académica y no como suele tomarlo el director de "El Demócrata",- (Risas.) llegaba yo a mi casa, y creo que eso sólo a mi mujer le importa, señor diputado; (Risas) y si le importa a usted, tenga la bondad de decírmelo. (Risas y aplausos.) Pero en fin, como yo nada sufrí, me refiero tan sólo a lo que sufrió- y esto sí es serio- el señor licenciado Acuña, porque no se trata, pues, del señor licenciado Acuña, se trata de un miembro de la Representación Nacional y digamos aquí las causas, tengamos el valor de decirlas, lleguemos al fondo mismo de la cuestión. Todo esto, señores diputados, proviene de una sugestión y yo creo que cualquiera que sea el defensor del brutal agresor del C. Acuña, puede sostener ampliamente esta tesis: que fué un sugestionado. Fué un sugestionado, ¿y sabéis, señores diputados, de donde han partido las sugestiones? Principalmente de la prensa, que en su ruido de cadenas, nos está indicando la proximidad del esclavo. (Voces: ¡Cierto, cierto! y "El Universal" tambien:) (Aplausos.) Naturalmente; pero no conceptúo la actuación política de "El Universal" como la actuación política de "El Demócrata." Para usted, señor Martínez, nosotros formamos un grupo de conspiradores, nosotros formamos un núcleo de juramentados, nosotros usamos el antifaz y el puñal, nosotros hemos buscado el cuartelazo, ¡Eso se ha gritado en todos los tonos, eso se ha dicho en las columnas de la prensa! ¡Ajá, ajá! ¿De manera que por incensar, de manera que por adular, se ha colocado a un grupo de ciudadanos honestos que tienen el derecho de pensar y de exponer su pensamiento, se le ha colocado, repito, en la condición de hombres a quienes el poder público tenga que señalar como verdaderos conspiradores y como verdaderos juramentados? ¡Qué infamia; que cosa más indigna ¡Qué cosa tan indigna de las discusiones de hombres libres que se deben así mismos el mutuo respeto y la tolerancia en la lucha sacrosanta de la ideas por el progreso, por la libertad de su patria. (Aplausos nutridos.) ¡Pobres miserables degenerados ¿No tienen ni siquiera la fuerza de espíritu suficiente para comprender que una idea es respetable por el solo hecho de serla mientras no constituya un ataque contra las libertades y contra los derechos de un pueblo. (aplausos.) ¿En dónde está vuestra palabra augusta y arrolladora que os habéis así mismo atribuído¿ En cambio cuando se presenta la oportunidad, venís a esta tribuna a protestar jesuíticamente contra el atentado que vos mismo habeís provocado con vuestra pluma venal. (Aplausos). ¡Qué dijisteis. (Una voz: ¡Sinvergüenza¡) ciudadano cuyo seudónimo parece ser una doble inscripción funeraría, qué dijísteis cuando "Gladiador" cerré sus puertas ente los sellos brutales de un estulto inspector de policía¿ ¡Ni una palabra, paladín de las libertades de la prensa¡, (Risas) ¡Paladín de las libertades del pensamiento¡ ¿Cuál fué entonces vuestra palabra¿ ¡Un paréntesis¡ ¿Cuál fué entonces vuestra protesta¿ ¡El silencio¡¡Estais condenado porque no tuvísteis para el colega que desaparecía, ni una frase, ¡Ni una sola¡ ¿Con qué derecho y con qué carácter venís aquí, ciudadano cuyo seudónimo parece ser la doble inscripción de dos lapidas funerarias: con qué derecho venís aquí a protestar contra un atentado que vos mismo, con vuestra pluma venal, habéis provocado¿ (Aplausos) No, la hora ha llegado, el momento se presenta y es necesario saber quiénes somos y, como dijera vuestro digno colega, ¿Hacia donde vamos?.. La sugestión, señores diputados, es evidente; la mano torpe, la mano brutal que pretendió asesinar al ciudadano Acuña, no es más que eso, una mano brutal y torpe; pero la inspiración, la idea, la sugestión ¿de dónde han venido¿ Eso, ha venido muy principalmente de la prensa gobiernista, de esa prensa que llámase independiente, como "El Imparcial," se llamaba "Diario independiente"; de allí ha venido, señores diputados: Todos los días nos ha presentado ante la opinión pública como un grupo de verdadero conspiradores, por el solo hecho de que sostuvimos en esta tribuna la inconveniencia de otorgar facultades extraordinarias al Ejecutivo en el ramo de Hacienda. ¿Qué nos dijo el señor Nieto¿. ¿Qué nos está diciendo el señor cabrera con su seudónimo que hoy es un seudónimo de oprobio, como ayer fué seudónimo de gloria? Eso, y sólo eso. Por el solo hecho de que atacamos a un secretario de Estado, por el solo hecho de que nosotros hemos manifestado inconformidad con la gestión financiera, hemos sido, semos y seremos los enemigos capitales del Presidente de la República. Y ya el Subsecretario de Hacienda, al día siguiente de asistir a la representación de una comedia de benavente. dijo en la tribuna de la Cámara de Senadores: "El sutil

Benavente, señores, afirmaba que la desconfianza es el arma de los seres inferiores." (Risas,) Demostrando, señores diputados, con esta expresión, que él tenía la desconfianza como arma de ser inferior. De manera que yo no me podía explicar cómo se abultaban de esta suerte las cosas, cómo se ennegrecía de tal manera una labor que considerábamos, cómo por él solo hecho de atacar a un grupo político o a personalidades de ese grupo político, se empleaban las tétricas palabras de conspiradores, de izcariotes y de traición. Todo esto era de tal manera abultado, que me producía de un desacuerdo absoluto entre los términos empleados y la realidad misma de las cosas, al grado que decía yo por ejemplo: si yo digo "El señor Martínez no es un bello hombre," pues digo una cosa que nada tiene de particular. ¿Por qué¿ Porque mi calificación concuerda con las circunstancias personales del señor Martínez; (risas) pero si yo digo "El señor Martínez es un hombre monstruoso" falto a la verdad, porque hay un desacuerdo absoluto entre sus condiciones físicas y morales y la expresión que yo uso para calificarlas y sin embargo, eso era, se veía una rabia interior, un deseo de herir,de lastimar, de señalar a la indignación pública a un grupo de hombres que en total no hacían otra cosa que cumplir bien o mal, pero cumplir, con un deber que se había impuesto ante la faz de la Nación.

Pues bien, ¿Qué de extraño tiene que estas sugestiones repetidas diariamente en todos los tonos, cada vez más caldeadas, cada vez más premiosas, cada vez más sugestivas, qué de extraño tiene, pues, que hayan armado el brazo de un novel criminal que se ha sentido herido creyendo que efectivamente se atacaba y pretendía derrocarse al Presidente Constitucional de la República? Ese muchacho tiene una disculpa, ese muchacho tiene un atenuante, ese muchacho es un sugestionado, ese muchacho es un engañado, pero los sugestionadores, los engañadores, sois vosotros los que no habeís tenido el patriotismo suficiente para poneros dentro de una contienda serena, a la altura de vuestros deberes, a la altura de vuestras obligaciones, combatiendo las ideas, los que habéis procedido a combatir las ideas con la calumnia, con la sugestión pérfida; los que habéis inspirado al secretario de Hacienda para poner todos los días en el periódico de Palavicini el párrafo pérfido: "No se pagará mientras el poder legislativo no nos conceda facultades extraordinarias"; vosotros, sólo vosotros sois los culpables del atentado que ha sufrido el licenciado Acuña¡ (Voces: ¿Muy bien¡) (Aplausos) pero creo, señores diputados, como dije antes, que el Ejecutivo nada tiene que ver en esto. La responsabilidad del Ejecutivo no existe. Que un miembro del Estado Mayor de C. Presidente de la República haya pretendido consumar un crimen, no significa sino una responsabilidad material para él, y como ya he demostrado, responsabilidad moral para los que lo han sugestionado, no para que nosotros no dirijamos al ejecutivo. El ejecutivo sabrá cumplir con su deber como nosotros cumplimos con el nuestro. Dirijámonos al Procurador de la República, él es el único a quien nosotros podemos darle la palabra para que proceda, puesto que se trata de un delito que se persigue de oficio.

La nobleza del licenciado Acuña cuando dice que él no acusa a nadie, está fuera de lugar. ¿Por qué? Porque aquí, señor licenciado Acuña, acusa la ley, se trata de un caso de orden público, de un delito de orden público, y en consecuencia, éste se persigue de oficio. Que la Cámara, en consecuencia varíe su tramite. Dirijámonos al procurador de la República, él sabrá cumplir con sus obligaciones y, señores diputados, de una buena vez por todas, seamos francos Cuando el señor Cravioto, a lo menos así lo dice la prensa. manifestó que queríamos dar un cuartelazo y que fracasamos y nos desintegramos debido a la lealtad de los jefes militares, indicando así falaz y pérfidamente, que soplábamos a las orejas de los jefes militares el espíritu de rebelión que se sopló años hace en las orejas del Ejército Federal para derrocar al Presidente Madero; cuando el C. Cravioto, a lo menos la prensa así lo dice, ha manifestado es la idea, cuando el C. Cravioto, digo, ha dicho esto, el C. Cravioto ha faltado a la verdad. ¡Ah señores, qué fácil es trocar el error en maldad, que fácil es decir que el que se tropieza, se tropieza porque quiere! No, nadie sabe, señor Cravioto, en qué piedra del camino va a caer y a caer definitivamente! Los errores son reparables, las flaquezas y las ignominias, ¡Ay! ¡no lo son! El error proviene de un mal juicio aun cuando sea bien entendido; la flaqueza y el delito provienen de maldad de corazón; para los primeros, compasión para la segunda, inflexibilidad. Recuerde Su Señoría, que se ha nutrido en la literatura universal, las magníficas palabras del maestro Renán invitando a todas las ciudades ladronas, París, Berlín, Copenhague, a llevar los latrocinios de Atenas al templo de Atenas en teoría sagrada, para pedirle perdón a la diosa por ignominia de haberle quitado las joyas de su diadema, nosotros también cuando erremos y se nos demuestre nuestro error, estaremos siempre capacitados para ir de rodillas ante la diosa verdad a depositar nuestra ofrenda, lo que le hayamos robado con el error de nuestro criterio, nunca con la flaqueza y con la ignominia de nuestro corazón. (Aplausos ruidosos.)

El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Marciano González para fundar su proposición.

El C. Martínez Rafael: Pido la palabra para contestar una interpelación. ( ¡No, no, cállate!) (Siseos.)

El C. Urueta: señor presidente, yo he aludido al señor, y creo que tiene el derecho de hablar. (Voces: ¡Que hable Martínez, que hable "Rip Rip!")

- El señor Presidente: Tiene la palabra el C. Martínez.

El C. Martínez Rafael: Señores diputados: Sin duda que no era pertinente que para tratar el asunto del señor licenciado Acuña, llegásemos... (Siseos.) señores, yo he tenido la calma de oír al señor licenciado Urueta todo lo que ha querido decir contra mí; creo que todos tenemos que tener la calma para oír a quien se defiende. (El C. Urueta: Si, señor.) Pues bien señores, no entendía que fuese precisamente pertinente, que llegásemos a otros lugares distintos de aquel en que debiéramos tratar el atentado calificado como salvaje, y del que fué víctima el señor licenciado Acuña. Sin embargo, el señor licenciado Urueta, no de un modo incidental, sino de un modo firme, claro y terminante.....(El C. Urueta: Y directamente).... ha aludido a "El Demócrata" y a mí en lo personal, y siendo el asunto algo más importante que lo que puede referirse a un periódico y a un hombre, creo que debo entrar en consideraciones también para demostrar que la actitud que hemos asumido "El demócrata" y yo, también ha tenido alguna base. Voy a decir algunas verdades, estando dispuesto a comprobarlas; tendrán probablemente algo de sensacional, pero más sensación, hay verdad en esas frases que voy a verte. He dicho yo y ha dicho el periódico "El demócrata," que en el partido liberal Constitucionalista hay hombres buenos, firmes e idealistas, y otros que no son ni buenos, ni firmes ni idealistas. Más aún; se ha dicho que ha habido personas que dentro del grupo del Partido Liberal Constitucionalista, haya llegado hasta un punto verdaderamente delictuoso. Pues bien, señores, voy a expresar cuál, y voy a expresar por qué se

han estampado estas palabras. En el mes de enero de este año, la policía recogió de la imprenta del señor Origel, que se encuentra en la calle del 2 de Abril, los originales y las pruebas de un periódico que ya se hacía, y que ya iba a salir a la calle, en cuyo periódico, señores, se pedía nada menos que lo siguiente: Que don Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, fuese arrojado del poder y fuese desterrado del país. En esos documentos, cuyas pruebas tengo, y si se me permite diez minutos las presentare aquí porque las tengo en casa, en esas pruebas se verá que se decía que los constitucionalistas del Ejército a la cabeza, debían emprender la cruzada contra Carranza, El título principal del artículo, dice textualmente así: "Carranza es enemigo de la Revolución, y como enemigo de la Revolución debe hacérsele salir del país y deben exigírsele tremendas responsabilidades, "Hay tres artículos que también pudo presentar, donde se decía, ya desde entonces, que los constituyentes habían llevado a cabo una obra antipatriótica, antirrevolucionaria y antimoral; que el congreso constituyente había violado la Constitución y se trataba a Venustiano Carranza de la peor manera, como traídor; se decía que ya era el nuevo usurpador que quería venir a reinar sobre cadáveres. Todos esos documentos los tengo yo en copia fotográfica, y los verdaderos documentos están en la inspección General de Policía Por tanto, señores, cuando yo digo que efectivamente hay pruebas, es por que puedo responder de ellas. Yo he dicho esto en "El Demócrata:" El partido liberal constitucionalista se divide en tres partes: una, la de sus fundadores, dos hombres grandes, dos hombres idealistas, dos hombres inmaculados: Obregón y González. ¿Para qué se fundó el partido liberal Constitucionalista? (Una voz: Para postular a Carranza!) Ustedes recordaran que en el momento en que había vacilaciones, se quiso que tanto el país como las naciones extranjeras viesen que el Ejército Constitucionalista estaba con Venustiano Carranza, y que el Ejército era precisamente quien sostenía la candidatura para Presidente de la República. Así se formó; para eso se formó. Poco después, señores, ese grupo, como era natural, fué agrandándose; afluyeron a él todas las partes del país, y ha llegado a ser un núcleo considerable.

El C. Mata, interrumpiendo: ¡Enorme!

El C. Aveleyra, irrumpiendo: ¡Y temible!

El C. Martínez Rafael, continuando: Señores, si vamos a hablar todos..... Creo que yo tengo el uso de la palabra; la tribuna es para uso de todos; no vamos a hacer diálogos. Pues bien, todo lo enorme que quieran y todo lo grande que deseen quienes con él estén. Yo lo reconozco desde luego que su plataforma es inmejorable, que los hombres que lo fundaron fueron grandes idealistas; pues bien, ellos forman una parte del partido Liberal constitucionalista, otra parte la forman el gran número de adeptos que precisamente por saber que este partido ha sido fundado por los dos grandes brazos de la Revolución: Obregón y González, tiene que inspirarles inmensa confianza, por una parte, por la otra, ante las mágicas palabras de "Liberal" y "Constitucionalista" han llegado adeptos en gran número y son también fervorosos por la libertad; creen en ella, y la sienten. Pero he dicho que también hay y ha habido un pequeño grupo que no ha procedido ni como los primeros ni como los últimos. Pues bien; dentro de ese grupo está quien escribió de su puño y letra los artículos que fueron recogidos.

El C. Urueta: ¿Quién es, quién?

El C. Martínez Rafael: Voy a decirlo, señores (dirigiéndose al C. Urueta). No puede usted estar dentro de mi mente. Pues bien, señores; debo decirlo todo y voy a hacerlo hasta que quede perfectamente claro, por qué ha sido así. Pues bien, señores, quien escribió esto cuyo nombre voy a decir fué uno de los candidatos a diputado por quien mas trabajaron los senadores del partido Liberal Constitucionalista, por quien votaron aquí para que fuese diputado; fué el señor Dr. Atl..... (Siseos.).... Pues bien, señores, sabiendo entonces que el señor Dr. Atl........ (Siseos.)........ No sirven esos siseos, señores, sabiendo que el Dr. Atl pensaba así, sabiendo que el Dr. Atl escribía así, sabiendo que el Dr. Atl así actuaba, sin embargo los señores lo sostenían, y sin embargo los señores han votado por él. (El C. Urueta: ¡Pruebas, pruebas! Las pruebas puedo presentarlas en diez minutos, y que se vea si son o no de su puño y letra; que se vea si es cierto o no que allí se pedía nada menos que Venustiano Carranza fuese arrojado de su puesto y arrojado del país; que Venustiano Carranza era un traidor, esta es la palabra:TRAIDOR a la Revolución y a la República. Si, allí se decía que Venustiano Carranza quería gobernar sobre cadáveres; si, allí se llenaba de insultos a los constituyentes y se decía que la Constitución era la obra más inmoral. Sin embargo, todos los periódicos fueron naturalmente trabajados por el partido Liberal Constitucionalista, allí había un gran cuadro firmado por Atl en donde decía: "¿Ustedes saben por que no me presento en la calle? Porque se me persigue" Efectivamente lo sabían, porque llamaban traidor al señor Carranza, porque quería que fuese arrojado del puesto y del país. Pues ya ven ustedes, como he dicho bien cuando he sostenido. Si, en el partido Liberal Constitucionalista hay idealistas, hay hombres que creen, que sienten amor por la libertad. También ha habido hombres que han procedido de otro modo, que han querido cuartelazo, que han querido que ese periódico circulara para que volviéramos, precisamente, a los tiempos atroces.....

El C. Mata Filomeno, interrumpiendo: ¡De setecientos, uno!

El C. Martínez Rafael, continuando: Pues bien, señores, no sé si de mil, ciento cinco, o de mil, diez; pero ha salido de allí y ha sido sostenido por ese grupo que deseaba hacerlo triunfar como diputado, fué buscando el aplauso de las galerías, que es muy fácil, porque es muy crítico lo que ha dicho el C. Urueta aquí en la tribuna: hacernos reos de una porción de cosas a los que estamos en el Gobierno. Bien, señores, yo lo declaro terminantemente por más que tuviese siseos, no es de ahora, sino de diez años que estoy en el Gobierno, y que verdaderamente me siento orgulloso de estar con él.... (Una voz: ¡Con de la Mata!) No, señor, el señor de la Mata no es el del Gobierno, es un empleado inferior. Es necesario que demostremos que sabemos estar a la altura de las circunstancias. Ya la experiencia nos ha iniciado que muchas veces nos ha llevado a cosas crueles. Todos sabemos cómo recibimos a Madero, y todos sabemos que cuando Madero fué aprehendido, de las calles brotaban hombres gritando: ¡Muera Madero!", en tanto que las campanas tocaban jubilosamente y las músicas recorrían las calles. Todos sabemos cómo recibimos aquí a Carranza, entre vítores y aclamaciones, y que cuando tuvo que huir ante al avance furioso de Villa se decían horrores de él, y cuando volvió Carranza, pocas parecían las calles para llenarlas de arcos, (Aplausos.) Pues bien, señores, ¿Qué vamos a hacer aquí? Yo entiendo que este Gobierno, bueno o malo, magnífico o pésimo, si logra durar el tiempo por el cual ha sido electo, si el Presidente logra estar todo el tiempo para el cual ha sido electo, es un hecho la continuidad de los

Gobiernos. Que haya sido bueno, que haya sido malo, que haya sido así, habremos pasado el punto difícil y habremos entrado en una era de efectiva felicidad; pero en tanto que este Gobierno, bueno o malo, sublime o perverso, fuese derribado, señores, probablemente entraríamos en dificultades mucho más graves de las que estamos pasando hasta ahora. Esta es mi idea: Claro, por eso es que el señor Urueta decía hace unos días que yo con mi voz arrogante o infeliz, pero arrastraba a los obreros en tiempo de Porfirio Díaz. ¿Y qué se han hecho los infantes de Aragon? (Risas.) Señores, yo entiendo que este Gobierno es el nuestro, yo entiendo que este Gobierno es por el que hemos trabajado, y yo no llegaría hasta atacar a un Gobierno que es el mío, porque no por ser sistemático, no por aparecer valiente siempre, habría de estar siempre con todos los Gobiernos; yo entiendo que este gobierno tiene defectos, que entre los hombres que han pertenecido al Gobierno ha habido maldades y ha habido delitos, pero también entiendo, señores, que no ha sido posible evitarlos, ¡y por eso vamos a imitar a "Gladiador." en el que hemos visto hace unos días al señor Zubaran que dice que de seguir las cosas como van, dentro de poco se pagaran derechos para portar armas por horas, para transitar por las calles, etc?. ¿No es esto llevar a la conciencia nacional y a la opinión pública, no es llevar precisamente el morbo ese que tanto ha prestado servicios a los que han querido acabar con los gobiernos en México?

Ya es tiempo de comenzar a decir: teneís enfrente déspotas y autócratas, hombres que violan las libertades. Pues bien, señores, ¿Entonces cómo se viene a acusar de que haya hombres que defiendan a los Gobiernos, de que haya hombres de valor? ¿Pues qué otra cosa podemos hacer? Bien está que se funden partidos, pero éstos no pueden ser más que de dos clases: de un modo incidental puede haber tres o cuatro, pero en todos los países hay dos: un partido que está con el Gobierno, dentro de él, y otro que lucha por entrar a él; un partido que lucha por sostener a un Gobierno, y otro que lucha para llegar hasta él, pero de todos modos, señores, no comencemos a decir en la tribuna parlamentaria esas frases: si nosotros hemos dicho en defensa del Gobierno tal o cual cosa, y que porque un individuo piensa de tal o cual manera, digamos que ha salido del partido Liberal Constitucionalista, también podemos decir que frente a esas frases insidiosas también allí se dicen frases tremendas contra el Gobierno, pues también hoy en "Gladiador" se ha comenzado a perfilar de un modo terrible, como en el Gobierno del señor Madero, a este Gobierno, como conculcado de todos los derechos y de todas las garantías. Ya ven ustedes por qué hay quien defienda al Gobierno y quien sostenga al Gobierno; aquí está el señor Madraza que puede decirlo.

Un ciudadano diputado: Pido la palabra para una pregunta (Voces ¡No, no; déjenlo que acabe!)

El C. Martínez Rafael, continuando: Pues señores, con aptitud o sin aptitud, pero de todos modos, he logrado tener un periódico, y no es la primera vez. Yo no recuerdo siquiera el número de periódicos que he hecho, pero efectivamente tengo diez o doce años de escribir bien o muy mal, pero de todos modos he escrito conforme a mi conciencia.

El C. Urueta: Regular.

El C. Díaz González: Tú lo has dicho.

El C. Martínez Rafael: Pues muchas gracias, señores, regular será; (Risas), pero no he escrito en otra forma que no sea la de mi conciencia. Aquí hay muchas personas que han visto como he trabajado desde hace diez o doce años; primero comencé como cajista, haciendo periódicos siempre contra Porfirio Díaz, hasta que Porfirio Díaz salió del país;después en defensa del señor Madero hasta que fué asesinado; una vez asesinado el señor Madero, fuí de los primeros en llegar a Estados Unidos con el señor General García Vigil, precisamente en una forma idéntica, en una forma igual: después con el señor Carranza, hasta la fecha. yo he creído que era así mi deber y ha sido siempre leal mi actuación. Ven ustedes, pues, que si yo he dicho que si alguno de los del Partido Liberal Constitucionalista ha sido capaz hasta de pensar en la traición, yo sostengo que en el Partido Liberal Constitucionalista hay hombres que aman las libertades; pero no todos son enteramente iguales, supuesto que ha habido quien diga clara y terminantemente, que Venustiano Carranza ha traicionado a la Nación y a la República, que debe ser arrojado del Poder y que debe ser arrojado del país. Si esto, señores, no es oposición, si esto no es obstrucción, no creo que haya una firma más clara para expresarla. Pues bien, señores, esta es la verdad: hemos tenido que llegar a estas circunstancias; y ya lo digo, si las pruebas se quieren, las pruebas presentaré. (Aplausos nutridos.)

El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Marciano González.

El C. Mata Filomeno: Para una aclaración.

El C. Hay: Moción de orden, señor Presidente, Hay, además de la presentada, una proposición escrita; pido que se dé la lectura para que los firmantes de la primera juzguen si es de retirarse o no la que ellos han presentado.

El C. González Marciano: Al hilvanar el señor diputado Urueta su perforación, nos llevó al círculo de la harmonía que nosotros precisamente buscamos. El propósito nuestro era que se consignara el caso a la autoridad competente, no manifestando así en nuestra moción. Pero ahora, en una que subscriben el señor Hay, el señor Neri y otros compañeros, van ustedes a ver que da todo subsanado; quiero hacer constar que el propósito nuestro, dada la naturaleza del informe que el señor Acuña suministró. no fué achacarle a alguien lo ocurrido, y deseamos que la autoridad haga las averiguaciones del caso y que se aplique el condigno castigo, con todo rigor, a quien lo merezca.

De otra manera, si nosotros abjurásemos de ese derecho de petición, no habremos cumplido con nuestro deber, que es el que norma y el que ha normado siempre todos nuestros procedimientos. Con esta moción del señor Hay todo queda subsanado, las cosas se habrán puesto en su lugar y la justicia se impartirá al señor licenciado Acuña. no somos de aquellos que afirman en todos los tonos la infalibilidad de determinados individuos; sí podemos asegurar que en este caso la culpa será de elementos secundarios y no del Gobierno, que busca en estos instantes el prestigio suyo; pero si con procedimientos como éste se pretende desmigajar elementos revolucionarios, todos en la Cámara por unanimidad, protestaremos, porque deseamos la conservación nacional. (Aplausos nutridos.)

El C. Múgica: Pido la palabra para reclamar el orden, señor Presidente.

El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Hay.

El C. Múgica: Para reclamar el orden, creo que tengo derecho de hablar antes que el C. Hay.

El C. Presidente: Se trata de otra proposición.

El C. Múgica : Si enseguida que vuelva la proposición del señor Hay, vienen otras, resulta que no alcanzarán a hablar todos los diputados inscritos.

El C. Secretario López Lira: ¿Se concede permiso a los autores de la primera proposición

para retirarla? Los que estén por la afirmativa, se servirán ponerse de pie. Sí se concede permiso.

El C. Hay: Con permiso de la presidencia, voy a leer una aprobación que ha sido firmada por los CC. Neri. Rafael Martínez de Escobar. Sánchez Pontón, José M. Sánchez, Ricardo López, Antonio Ancona Albertos, González y el que habla. La proposición es la siguiente: "H Asamblea: "Pedimos, que con dispensa de trámites, sean aprobadas las siguientes proposiciones: "1a.- Que protesta esta Cámara ante la Nación, por el atentado brutal de que ha sido objeto el día de hoy el C. licenciado Jesús Acuña, diputado al Congreso de la Unión.

"2a.- Consígnese desde luego el caso de que se trata a las autoridades competentes, para que se castigue ejemplarmente al responsable o responsables de ese atentado.

"3a.- Invítese a la Cámara de Senadores para que haga suya, tanto la protesta de que habla el artículo 1o. como la consignacíon de que habla el artículo 2o.

"Eduardo Hay. Eduardo Neri. Rafael Martínez de Escobar. Luis Sánchez Pontón. J.M. Sánchez. Ricardo López F., Antonio Ancona Albertos, Marciano González." (Rúbricas.)

La proposición anterior de toda buena fé fué presentada, no la que acabo de leer, sino la anteriormente discutida; de toda buena fé fué presentada por el C. González y demás firmantes. Justamente indignados por lo acontecido hoy, su primera impresión fué la necesidad de que el culpable fuera castigado, y solo tuvo el defecto del procedimiento que allí se solicita.

Esta proposición cubre más las necesidades y por eso ha sido propuesta, después de retirada por sus firmantes la primera proposición. Mucho se ha hablado de este asunto, señores diputados; se ha hablado en tono serio, en tono trágico y aun en tono festivo; voy a concretarme a hablar serenamente de este asunto y a procurar no exaltarme, puesto que en casos tan importantes como éste para la Asamblea Nacional, para la Representación Nacional, es preciso que conservemos la sangre fría y procedamos con toda cordura para no dar pasos indebidos y aun atentatorios. Podía el señor licenciado Acuña llamarse como se llama cualquiera de nosotros, señores diputados. No se trata de la personalidad de Acuña, se trata de un atentado, como justamente han dicho los señores Urueta y Ramírez Garrido, se trata de un atentado contra un diputado debe ser algo respetable por las autoridades y por todos los ciudadanos, desde el momento en que ese diputado trae la representación de muchos miles de ciudadanos libres, y es por eso por lo que no solamente indignados venimos a protestar, sino también profundamente alarmados ante el temor de que atentados como éste pudieran volver a registrarse Quizás por buena suerte de esta Asamblea, por buena suerte de la Representación Nacional, tanto del Senado como de la Cámara de Diputados, este atentado, en vez de haber tenido lugar dentro de algunos meses han tenido lugar cuando aun están frescas las credenciales aprobadas. Yo lamento indudablemente lo acontecido con el compañero Acuña, y lo felicito sinceramente de que no hayamos tenido que lamentar algo acontecido a su persona; pero ya que esto sucedió, aprovechemos el caso, no solamente para salvar a un Acuña, sino para salvar a toda la representación nacional de atentados futuros que puedan igualar al que él ha pasado. Yo, por mi parte, creo que la mayoría de los señores diputados aquí presentes, no estarán conformes con lo dicho por el C. Garrido, respecto a la responsabilidad personal, a la responsabilidad moral que podría tener el C. Carranza en este atentado. Todos reconocemos, o creo yo que casi todos, por lo menos hemos dado nuestro voto por él para que vaya a la Presidencia; y es claro que si hemos dado ese voto, ha sido por la absoluta confianza que personalmente, por su parte moral, por sus aptitudes morales, como también por sus aptitudes mentales, nos ha inspirado, y no creo que esa confianza debe desaparecer con un atentado como éste, que estoy seguro de que le repugnará a él tanto como a cualquiera de nosotros. Recuerdo, señores diputados, que en la primera campaña contra la tiranía, campaña encabezada por el C. Francisco I. Madero, alguien le propuso que se mandara algún asesino para quitar la vida a Porfirio Díaz y eliminar así el obstáculo que mediaba entre el pueblo y las libertades que el pueblo procuraba obtener, y ese alguien fué rechazado con indignación por el C. Madero, puesto que le dijo que a él le repugnaban los crímenes y procedimientos sucios, porque así no se llegaría con bien a ninguna parte. No recuerdo la fecha precisa, pero sí fué en Sonora, donde entre bromas y veras, alguna persona decía al C. Carranza en la lucha contra Huerta, que se mandara a algún asesino para quitar la vida a Huerta y el C. Primer Jefe del Ejercito Constitucionalista con un gesto de repugnancia rechazó esa proposición, e indicó que no le gustaba ni siquiera oír proposiciones semejantes. A todos los hombres honrados les repugna el crimen: y como yo creo y estoy absolutamente convencido de que el C. Presidente de la República es un hombre honrado. estoy también absolutamente convencido de que el crimen le repugnaría y que será el primero en mostrarse indignado ante un atentado como el que hoy hemos oído. Por mi parte yo creo que no solamente por moralidad sino por conveniencia un hombre perfectamente consciente no es capaz de cometer crímenes para afirmar la existencia de un Gobierno, porque es indudable que los gobiernos edificados sobre el crimen están condenados a perecer; y el C. Carranza, además de ser un hombre moral, es hombre inteligente, y por una y otra razón indudablemente que rechaza y rechazará siempre crímenes de esa clase o de cualquiera otra: Ya no digo ayudarlo, ya no digo incitar a estos crímenes, pero ni siquiera permitirlos; y estoy seguro que será el primero, repito, en procurar que se castigue al culpable. Siento tener que tratar de otros asuntos que están ligados indirectamente con el que ahora tenemos entre manos: El mencionado por el C. Martínez respecto al Dr. Atl; yo le empeño mi palabra, señor "doctor" Martínez, que ignoraba este detalle acerca del señor Dr. Atl, y me extraña mucho que el señor doctor Martínez (Voces: ¡No es doctor!) no haya presentado una denuncia y no haya denunciado virilmente en la prensa los artículos que pretendía publicar el Dr. Atl, puesto que era un atentado perfectamente claro y perfectamente determinado en contra de la Revolución; me extraña mucho cómo cuando estuvimos aquí discutiendo la credencial del Dr. Atl, muchos que lo creían un hombre digno de la confianza de los verdaderos revolucionarios, por qué razón no expuso este caso ante la Asamblea para que ésta hubiera podido juzgar con perfecta justicia y con un criterio perfectamente claro, sobre si el Dr. Atl era digno o no de venir a representar a determinado grupo de ciudadanos. ¿Por qué razón no se hizo entonces? ¿Por evitar un escándalo? ¡Señor!, es cierto que los escándalos son perjudiciales, pero en ocasiones son necesarios; y cuando un escándalo sirve para exponer a un hombre tal cual es, para desnudarle sus vestiduras y ponerlo en su verdadero carácter, creo que es una obligación suprema, y creo que en esa ocasión,

el señor Martínez no cumplió estrictamente con su deber.

El C. Martínez Rafael: ¿Me permite usted contestar tres palabras, señor Presidente?

El C. Presidente: Tiene usted la palabra.

El C. Martínez Rafael: No lo hice, por dos razones: La primera, porque la policía había tomado nota del asunto; y la segunda, porque varios miembros del Partido Liberal Constitucionalista teniendo como intermediario a mi buen amigo el señor licenciado González, me suplicaron que no hiciese un escándalo, sino que únicamente combatiese al Dr. Atl en el terreno legal, y tuve el valor personal de que, teniendo en mis manos documentos tremendos, únicamente usara el criterio legal y no haya sacado para nada a relucir aquellos documentos, ya que entendía que, en primer lugar, quien debía conocer, que era la autoridad competente, los tenía en sus manos, y en segundo lugar, que no se fuese a decir que había venido a esta Representación Nacional, del 6o. distrito, por un golpe teatral en un asunto que fué tan debatido.

El C. Hay: Estoy enteramente satisfecho, señor Martínez, con la explicacíon que usted ha dado; pero, ciertamente, no creo que usted tenga derecho de emitir o hacer imputaciones más o menos obscuras o más o menos concisas en contra del Partido Liberal Constitucionalista, porque haya un miembro, o dos o tres, que no estén de acuerdo con el sentir de la mayoría. Yo, por mi parte, lo he dicho aquí y lo repito: soy absolutamente leal al Gobierno emanado de la Revolución, del cual también nosotros hemos emanado, y por el cual estamos aquí en estos momentos representando a ciudadanos mexicanos. Yo creo que aquí no cabe la deslealtad a este Gobierno, porque sería tanto como repetir a los Mohenos; yo creo que hay hombres capaces de señalar, con toda virilidad, sin ambajes ni rodeos, a los que cometan alguna falta; pero es preciso que la prensa también sepa distinguir entre los que atacan a los individuos y los que atacan al Gobierno. Yo creo que no es una labor verdaderamente honrada y revolucionaria el estar haciendo aparecer a un grupo de individuos bajo luces distintas de las que les corresponden; no creo que sea patriótico ni honrado, tampoco, el estar modificando las discusiones que estamos teniendo en este momento; yo creo que la prensa si es que manda aquí taquígrafos, debía poner exactamente lo que dicen aquí los oradores, o abstenerse de decir todo y solamente decir: "No hemos podido más que formarnos una opinión general," y no hacer aparecer como opinión de los diputados opiniones que nunca han sido emitidas aquí; si quiere la prensa que desde esta tribuna no se le ataque, en lo que estamos en nuestro perfecto derecho, cuando no obra con honradez, que esa prensa nos demuestre que es honrada y que es verdaderamente revolucionaria, que esa prensa y los directores de ella nos demuestren que no son despechados sino que son revolucionarios; que pesando y haciendo a un lado todas las lastimaduras que pudieran haber tenido, vean solamente por un ideal como verdaderos revolucionarios, como verdaderamente patriotas, y diciendo única y exclusivamente la verdad. (Aplausos.)

Yo me alegraría mucho de este atentado sufrido por el señor licenciado Acuña. si esto sirviera para dos cosas: primero, para establecer una verdadera protección para la Representación de la Nación, y segundo, para ver si con estas palabras vertidas aquí en la tribuna, por el C. Acuña, por el C. Urueta y por usted. empieza la prensa a cambiar y a modificar su criterio, a modificar su modo de obrar, y empieza por la verdadera senda del patriotismo, por la senda de la rectitud y de la honradez, haciendo a un lado apasionamientos, no pretendiendo aparecer bajo una luz distinta de la que le corresponde, ni tampoco pretendiendo hacer aparecer a algunos diputados bajo distintas características de las que les corresponden. Si la prensa quiere que los diputados seamos honrados, tiene que empezar la prensa a ser honrada; de manera que yo exhorto a la prensa a ser honrada, a que no modifique los conceptos, que muchas veces no los modifica, pero hace algo peor: Amputa los discursos aquí pronunciados. Claro es que en un discurso pronunciado por cualquiera de los aquí presentes si se toman determinadas frases, puede hacerse un discurso contrario y atentatorio contra el Gobierno; y por el contrario, un discurso pronunciado por el enemigo más acérrimo del Gobierno, si se toman sólo determinadas frases, puede ser presentado ese individuo como un servidor incondicional de ese Gobierno al cual pretende atacar. Sea honrada la prensa, y aquí también seremos honrados nosotros, no como condición, sino que aquí seremos honrados a pesar de la prensa:y así, espero que la prensa sea honrada a pesar de los cargos que aquí justificadamente se le puedan hacer en cualquier tiempo.

Ojalá me oiga también, desde donde esté,, el señor Palavicini, los directores de "Gladiador" y los directores de todos los periódicos que están publicándose ahora, para ver si algo ha logrado la Revolución, para ver si es cierto que la Revolución ha luchado por causas justas, y para ver si es cierto que hemos logrado nuestros anhelos a través de tantos sacrificios, a través de tantas víctimas, a través de tanta sangre derramada aquí por una de nuestras banderas: La prensa libre, recta y patriótica; y si acaso no lo hacen, caiga la maldición de todos los verdaderos revolucionarios sobre esa prensa que no quiere hacer eso, que no pretende otra cosa que emplear esa sangre para amasar dinero en forma de letras de imprenta, para medra con el sufrimiento de las viudas y de los huérfanos, para hacer aparecer ante la Nación a los hombres buenos como malos, y a los malos como buenos, (Aplausos.) Pero pongamos punto final a este asunto de la prensa. Yo recuerdo ahora con verdadero respecto a todos aquellos hombres que fueron sacrificados en la época de Huerta, a todos aquellos individuos que permanecieron aquí en el Congreso, creyendo que hacían una labor verdaderamente sana; no es una defensa absoluta de todos los que permanecieron en el Congreso, pero es preciso que obremos con justicia; y yo, que tuve la buena suerte de escoger por no estar aquí, que tuve la facilidad de no estar aquí, yo respeto a aquellos que permanecieron aquí, y que como Neri y como tantos otros, protestaron continuamente en contra de los atropellos salvajes, brutales e ignominiosos de Huerta y del Gobierno de Huerta, y yo creo que ellos también merecen elogios- no todos absolutamente, - merecen elogios aquellos cuya conducta fué noble, fué digna, fué patriótica, porque claro es que no todos pudieron haberse retirado, hubo muchos que creían que tenían la obligación suprema de permanecer aquí, y otros, sólo por el miedo de irse o por el dinero ganado, permanecieron aquí; de tal manera que es preciso que se deslinde la conducta de esos llamados renovadores, especialmente la de aquellos que permanecieron en el Congreso, para que a los buenos renovadores no se cubra ni se les manche con la manchas y malos actos de los malos renovadores, en la misma forma que en esa época se atacaba de una manera absoluta y concreta a los renovadores y aun después lo han hecho; sépanse aquéllos, que Pastelín, Monroy, Gurrión, Rendón, Gustavo Madero, Garmendia y algunos otros cuyos nombres no recuerdo, murieron en defensa de los principios que habían venido a traer aquí, en

representación de su pueblo; y esos que murieron todos estos sin excepción, pertenecieron al grupo renovador, de tal manera que ahora vengo yo a hacer un acto de justicia, para aquellos hombres que injustamente han sido manchados por el solo hecho de haberse llamado renovadores. Aquí a mi lado se sienta siempre un hombre como Neri, y tengo orgullo, tengo satisfacción en esa vecindad, porque él , desde esta tribuna, en la época en que Huerta era más terrible, precisamente a raíz del asesinato de Belisario Domínguez, pronunció frases que solamente nos atrevíamos a pronunciar en el campo de batalla; hombres como esos deben ser respetados, porque son respetables. (Aplausos.) Y ahora, señores vengamos a obrar de la misma manera, aunque es muy diferente el caso; ahora no necesitamos ser valientes, ahora no tenemos a un Huerta como Jefe del Gobierno, ahora no tenemos a un asesino que asesine directa, personalmente o por medio de secuaces; ahora tenemos a un hombre honrado, a un Carranza; un hombre que ha sabido levantar la dignidad nacional adonde debe estar colocada; un hombre que que merece toda nuestra confianza, un hombre no es capaz de mandar asesinos, pero sí es muy capaz de perseguirlos; no solamente es capaz, sino que está perfectamente consciente de esa suprema obligación. No nos excedamos en nuestras acusaciones, no hagamos acusaciones injustas, dictadas por un acaloramiento de momento; porque yo estoy seguro que el C. Garrido, con la honradez y con la rectitud que le caracterizan, será el primero en confesar que se excedió en sus acusaciones, puesto que no tiene datos concretos si tiene razones verdaderas, para juzgar capaz al C. Carranza como partícipe o como instigador del crimen que se pretendió llevar a cabo en contra de la persona del señor Acuña. Por otra parte, es preciso establecer la diferencia entre los que atacan a un Gobierno continuamente. insistentemente, sistematicamente, y los que defienden a un Gobierno continuamente y sistematicamente. Los unos, son enemigos del Gobierno; los otros, los que sistematicamente lo atacan, no son más que elementos representantes de la reacción, y los incondicionales, aquellos que no son capaces de pensar por sí mismos, aquellos que creen que el Gobierno es infalible, aquellos que reciben una consigna y que no se atreven a votar en contra de una proposición del Gobierno cuando creen que esa proposición no es justa, aquellos que son capaces de lanzar una piedra en contra de aquel individuo que está violando la confianza que ha sido en él depositada. Esos incondicionales son, no igualmente perjudiciales como los sistemáticos atacantes de un Gobierno, yo voy más lejos; son mucho más perjudiciales; y de la misma manera como pido yo que haya prensa honrada, pido que haya una diputación honrada, que no haya ni sistemáticos atacadores del Gobierno, ni incondicionales de ese mismo Gobierno.

Ya me he desviado mucho en mi peroración, señores; pero téngase en cuenta que yo no he preparado mi discurso y que vengo aquí sino impresionado por las frases que unos y otros oradores han pronunciado, y que he tenido que atacar a algunos cuando lo he creído de interés, precisamente para poner los puntos sobre las íes, porque es injusto que en lo futuro, se nos juzgue como opositores contra el Ejecutivo a los que formamos parte del Partido Liberal Constitucionalistas, como también sería injusto pretender que todos los elementos del Partido Liberal Constitucionalista, sean puros y blancos como una paloma. Yo creo que hay de todo en la viá del Señor, señor Martínez; pero es preciso señalar, es una obligación suprema tanto de los buenos en señalar a los malos, como de los malos en señalar a los buenos. En cuanto a la proposición, es muy poco lo que hay que decir; yo creo, señores diputados, que nadie pensará que esta proposición es doble, que adolece de falta de virilidad; aquí se pide que se consigne el caso desde luego a las autoridades competentes, y a mi juicio esta autoridad competente es el Procurador General de la Nación: No es el Presidente, no son las autoridades locales, no es la Inspección General de Policía, es el Procurador General de la Nación el único que tiene derecho de conocer de este caso, y que tiene la obligación de ordenar se hagan las investigaciones para saber si ese individuo disparó instigado solamente por la prensa, como dijo el señor Urueta, o su hay algún cómplice; porque ese cómplice, por alto que esté en el Gobierno, ese cómplice debe ser castigado para evitar que vuelvan a repetirse las épocas de Huerta, las épocas de los crímenes, de la ignominia y de la vergüenza. (Aplausos.) - El C. Presidente: tiene la palabra el C. Múgica. - El C. Mújica: Respetable Asamblea: Es una bella oportunidad para todos los grupos que se encuentran representados en esta Asamblea, la que hoy se nos presenta con motivo de un atentado que ya se ha calificado aquí con su verdadero nombre por algunos ciudadanos diputados, para demostrar que si estamos divididos en opiniones, que si vamos al campo de la discusión con criterio diverso, que si muchas veces tal parece que somos enemigos irreconciliables, en el fondo, señores, no somos más que una misma cosa; la Representación Nacional celosa de esa misma representación y que en todos nosotros palpita la idea implícita del honor el cual debemos sostener con toda la energía de nuestro carácter y con toda la fuerza de nuestras convicciones. ( El C. Urueta: ¡Muy bien!) Por eso, señores diputados, es unánime el sentimiento de indignación que ha causado el atentado de que ha sido víctima el señor Acuña y será unánime el voto que se dé en favor de ese proyecto presentado en esta Asamblea, para que la Representación Nacional exija de quien corresponda, el cumplimiento de la ley para hacer que la Soberanía de los diputados se cumpla, no sólo por la autoridad, sino también por el pueblo, no sólo por los ciudadanos inermes, sino también por aquellos que portan charreteras y cuelgan espada. Yo señores diputados, quiero sin embargo analizar los motivos que en realidad puedan haber provocado este incidente desagradable. Se ha dicho aquí por la fogosidad de un orador que estoy seguro de que estos momentos, ha reconocido que lo dijo obedeciendo sólo a sus impulsos de carácter, que el Primer Magistrado de la República podía ser coautor de este delito; yo, señores, como protestó ya toda la Cámara, protesto también y creo que está muy lejos de nosotros pensar que el C. Carranza vaya, no digamos a haber urdido, pero ni siquiera a tolerar de ninguna manera el atentado que esta tarde se quería verificar en la persona del diputado Acuña y esto, señores, no sólo porque nos es conocida su honradez acrisolada, no sólo porque nos es conocido su valor a toda prueba, sino porque hay muchos antecedentes que voy a narrar aquí, que nos deben llevar a la convicción de que Carranza jamás apoyará ningún medio ruín y que jamás tolerará que sus ofensores gratuitos, sus ofensores oficiosos, puedan justificar de alguna manera, que él sea cómplice de esas tramas ruines y de esos pensamientos propios de rufianes. Cuando el señor Carranza llegó a Chihuahua, se registró este hecho: El General Villa que ya estaba muy engrandecido con sus victorias y que ya el soplo malévolo de los malos consejeros a la oreja, pretendió en un momento de arrebato de carácter, en un momento

de su criminalidad nata, asesinar al Gobernador de Chihuahua que era entonces el general Chao. El señor Carranza, señores, tenía en Chihuahua sólo una pequeña guardia que es hoy su guardia Presidencial, y que en aquella época no llegaba a sumar ochenta hombres. ¿Estoy en lo cierto, señor Treviño? - El C. Treviño: Está usted en lo justo. - El C. Múgica. continuando: Así como el 4o. batallón de Sonora. Esa era toda la guardia, toda la garantía de armas que el señor Carranza tenía a su lado en aquel entonces, y, sin embargo, se encontraba en medio de la ya poderosa, pujante y hostil División del Norte. Pues bien señores, el señor Carranza que tuvo conocimiento de aquello, de que el general Villa habían mandado asesinar al Gobernador del Estado lo llamó a su casa habitación y le exigió enérgicamente, con su carácter de Primer Jefe del Ejército Consitucionalista, que pusiese en inmediata libertad y sin explicaciones de ninguna clase, al general Chao. El general Villa, con todo y ser un carácter impulsivo y un hombre feroz, no tuvo más remedio, señores, que obedecer a aquel mandato imperativo y enérgico, y Chao salió a la calle en aquellos momentos; pero todavía más señores; el C. Primer Jefe como demostración de su energía había ordenado al Batallón de Sonora que se formase frente a la casa del general Villa para hacer respetar su decisión. Ya ven ustedes cómo se revela en esto el carácter del hombre que nos encarriló en la senda revolucionaria. Pero no es este el caso: No vengo a elogiarlo por un rasgo de energía; vengo a referir lo que interesa saber a esta Cámara: Momentos después de que el general Chao salió de la prisión, se presentó, como era natural, a la residencia del Primer Jefe para darle las gracias y decirle: "Señor, yo y varios generales de la División del Norte le venimos a participar que esta noche vamos a asesinar al general Villa". Y entonces, señores, el señor Carranza que veía en aquel hombre una amenaza nacional, que veía en aquel hombre un poder formidable que podía en un momento de irreflexión, en un momento de pasión, en un momento brutal levantarse y echar a perder toda la obra de la Revolución, se opuso de la misma manera, enérgicamente, a que Villa fuese asesinado ¿Cómo podremos, señores, después de este rasgo que es público y notorio, que estoy seguro conocen muchos de los diputados aquí presentes, cómo vamos a creer, señores, ni por un momento, ni siquiera por sospecha, que el C. Carranza fuese cómplice de un atentado contra un diputado que, sí bien es cierto es respetable, si fuese enemigo, debía tomarse en consideración porque no hay enemigo pequeño, sin embargo de eso, no reviste los caracteres de gravedad de aquel enemigo que se delineaba ya en la famosa División del Norte? (Aplausos.) Otro hecho, señores más insignificante, pero que revela que demuestra la energía y la rectitud del C. Carranza: Cuando llegó el Ejército Constitucionalista victorioso a esta ciudad; cuando el Poder Ejecutivo de la Revolución se alojaba en el Palacio Nacional vine yo de Tampico. Entonces, señores, había entre los Ayudantes del Primer Jefe un joven que se había agregado allí y que es pariente lejano del señor Carranza. Pues bien, señores; este joven que tiene muy mal carácter y que no se daba cuenta de la importancia de su papel en las antesalas presidenciales, tuvo el rasgo, el gesto de contestarme una majadería cuando yo le rogaba atentamente que me anunciase con el Primer Jefe. En seguida, señores, pasé yo a ver al Encargado del Poder Ejecutivo, le conté el hecho y es cierto,- aquí está el señor general Treviño que puede ser que lo sepa - El señor Carranza, retiró de entre sus Ayudantes de las antesalas presidenciales a su pariente por ese solo hecho. Yo señores, creo sinceramente que todos los que conocemos al señor Carranza, debemos creer y debemos protestar, que en este caso él procurará que se haga justicia de la manera más terminante y de la manera más enérgica y que de ninguna manera apelará a esas armas ruines para deshacerse de quienes enemigos o no enemigos le hagan alguna oposición a su Gobierno. Pues bien, señores ¿quién es, pues y de dónde puede venir este golpe artero dirigido contra un miembro de la Representación Nacional? De los individuos, señores, que siempre han estado urdiendo, desde que se separaron de las secretarías, han estado urdiendo, tramas primero, para dividir al Ejército; después, enfrentándose a los generales Obregón y González. (Aplausos y una voz: ¡Es claro!).... De aquellos que al iniciarse las labores del Congreso Constituyente pretendieron que los concurrentes como diputados a aquella histórica Asamblea, fuésemos única y exclusivamente firmones del proyecto del Primer Jefe; de aquellos, señores que cuando presentó la primera Comisión el dictamen para el encabezado de la misma, nos llamaron "Centralistas", dándose ellos el pomposo nombre de "Federalistas:" aquellos, señores, que de una manera ruin desorientaron la opinión del pueblo de toda la República para hacernos creer, mejor dicho, para hacer creer al pueblo que los diputados que pretendían introducir en la Constitución las reformas sociales y las reformas legales que en esos Códigos se emplearon éramos enemigos del Primer Jefe y pretendíamos derrotarlo políticamente. ¡Ellos, señores! Esa prensa venal que se está enriqueciendo; esa prensa que es más alarmista que la prensa amarilla de los Estados Unidos; esa es la culpable de todos esos incidentes desagradables en que la Representación Nacional puede, en un momento de acaloramiento, de pasión y de irreflexión, enfrentarse con el Encargado del Poder Ejecutivo sin que éste dé motivo para ello. Por eso, señores diputados, yo deseo que en vista del movimiento unánime de protesta, en vista del gesto entero de la Asamblea Nacional ante este incidente, desechemos de nuestros criterios, de nuestros conciencias, cualquiera idea que en último resultado no vendrá más que a deshonrar a la patria. No señores diputados, no vayamos a tomar de aquí pie para una oposición sistemática, no vayamos a tomar de aquí argumentaciones para el futuro en que provoquemos fricciones serias verdaderas oposiciones entre el Gobierno y la Representación Nacional. Y ¿por qué, señores? Porque este Gobierno es el hijo legítimo de la Revolución. ¿No tenemos todos los aquí presentes un ideal, salvar a la Revolución? ¿No tenemos todos los aquí presentes un afán: Hacer que triunfen las libertades? ¿No tenemos todos los aquí presentes una obsesión: Representar los derechos del pueblo? ¿Y no vemos, señores, en el Ejecutivo a un representante de estos ideales? ¿No es él quien en un momento de vacilación y de estupor nacional nos trajo a esta lucha? ¿no es él quien en los momentos difíciles, de verdadera crisis revolucionaria, ha encontrado recursos para sacar avante la situación y llevarnos al triunfo? Pues señores, cuidemos entonces a ese Gobierno, cuidemos de su dignidad y de su decoro; colaboremos con él y no tomemos pie de un incidente del cual no puede ser, no es indudablemente, responsable no por asomo, para que de aquí surgiera en lo futuro una oposición sistemática que diera al traste, no con Venustiano Carranza, sino con la bandera de la Revolución. (Aplausos nutridos.) - El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Treviño.

El C. Treviño: señores diputados: Si no fuera un revolucionario de principios, si no hubiera combatido durante cinco largos años a las malas causas, si no llevara sobre mi cuerpo las huellas imborrables del cumplimiento de mis deberes, no me consideraría autorizado para venir a esta tribuna a protestar contra un hecho, a protesta contra un cargo infundado de un señor diputado que hasta hoy creía yo que fuera honrado, pero que hoy en adelante no creo que lo sea. (Aplausos.) Al valiente joven al vehemente orador e inteligente tabasqueño, lo había visto ayer defendiendo un proyecto de ley, lo había visto atacando otro proyecto, y en ambos casos, porque soy honrado, creía yo también que él era honrado; pero hoy se me presenta muy pequeño, muy insignificante, porque le hace el cargo al Ejecutivo de ser coautor de un crimen. Yo protesto contra ese crimen, pero protesta también contra la aseveración del señor Ramírez Garrido. Las palabras de "ley", las palabras de "justicia" que se escuchan aquí, señores con mucha frecuencia, no son más que bellas frases que se pierden en el proceloso mar de las pasiones. Porque es necesario que lo digamos señores; ahora no florecen aquí, no flotan más que los vulgares personalismos y eso no es lo que necesita la patria para salvarse. (Aplausos.) ¿Cómo va a ser asesino, cómo va a ser bandido un hombre que ha estado a la cabeza, que ha estado a la altura de su deber, que ha sido el único que protestara contra el crimen; que ha sido el único que, como gobernador de un Estado, supo cumplir con la protesta que había otorgado, ¿cómo iba a ser ese hombre asesino? Muy por el contrato, señores el Jefe del Ejército fué el hombre que llevó al Ejército Nacional triunfante por todos los ámbitos del territorio nacional. Ese hombre, señores, no puede ser un asesino. (Aplausos.) Es necesario decirlo señores: ¿Más respeto a las glorias nacionales! El C. Primer Jefe, el hoy Presidente de la República, no puede ser Jefe de una cuadrilla de bandidos, y ha sido bandido el que ha tratado de asesinar al señor licenciado Acuña. Yo quiero ser breve, señores: para terminar sólo me resta decirles a ustedes unas cuantas palabras de un gran pensador: Que para aquellos que vivimos en armonía con nuestra propia conciencia, nada nos importa el juicio mezquino de los que están peleados con la verdad. Yo excito al señor Ramírez Garrido a que retire los cargos que ha hecho sin fundamento al Primer Jefe, y lo excito, porque todavía hay dentro de mi algo que cree que el señor Ramírez Garrido es honrado. (Aplausos.) - El C. Ramírez Garrido: Pido la palabra para contestar una interpelación. - El C. Secretario López Lira: se pregunta a la Asamblea si está suficientemente discutido.... (Voces: ¡No, no: que hable, que hable!) - El C. Ramírez Garrido: He sido interpelado, señor Presidente, y debo responder conforme al reglamento. - El C. Neri: Para una moción de orden. - El C. Urueta: Para una moción de orden. - El C. Presidente: tiene la palabra el C. Urueta, para una moción de orden. - El C. Urueta: Entiendo que ya la discusión está agotada, porque realmente todos los que hemos subido a esa tribuna, hemos hablado en pro de la proposición. No hay ni puede haber en la Cámara quien hable en contra; pero desde el momento en que el señor general Treviño ha excitado al señor Ramírez Garrido para que retire unas frases dichas seguramente en el calor de la improvisación , es justo que se le conceda la palabra. (Voces: ¡Muy bien!) (Aplausos.) Al propio tiempo yo había pedido la palabra a Su Señoría, para hacer una rectificación de hechos que yo considero de alta importancia. - El C. Presidente: No ha sido para privar del uso de la palabra solamente el señor Ramírez Garrido, sino que hay otros muchos ciudadanos diputados que han perdido el uso de la palabra para rectificar hechos. No habiendo otros oradores inscritos en contra, con el objeto de terminar el asunto a discusión, se va a preguntar a la Asamblea si está suficientemente discutido y votarlo sin perjucio de que todos los señores inscritos hagan uso de la palabra, tanto para rectificar hechos como para hacer aclaraciones, después de la votación. (Voces: ¡No, no, no,!) - El C. Rivera Cabrera: Moción de orden señor Presidente. El reglamento lo prescribe, los señores aludidos deben contestar antes de que se proceda a la votación. - El C. Medina Hilario: Debe ser antes de la votación; después, ¿qué objeto tiene? - El C. Cravioto: Pido la palabra en contra. - El C. Presidente: Está usted inscrito para hablar en pro. - El C. Urueta: ¡Pero ahora la pide en contra! (Risas.) - El C. Secretario López Lira: Se pregunta a la Asamblea si está suficientemente discutido el punto. Los que estén por la afirmativa. Se servirán ponerse de pie. - El C. Rivera Cabrera: Reclama el trámite. - El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Ramírez Garrido. - El C. Ramírez Garrido: Señores: Voy a contestar a una interpelación del señor general Treviño. Hay aquí felizmente muchas personas que me conocen no de hoy como el señor Treviño, sino de muchos años atrás. Hay un manifiesto lanzado por el señor Madero cuando sólo tenía a su lado unas 20 ó 30 personas y señores, de las firmas que calzan ese manifiesto a la nación Mexicana, la quinta era de J. D. Ramírez Garrido. Desde entonces, señores, aquí están muchas personas que me conocen y pueden comprobar que nunca he variado un paso de mi línea de conducta. Yo no he preguntado a Madero si era apóstol para estar con la Revolución: yo no he preguntado a Carranza si era el Poder Ejecutivo él personalmente, o si había otras personas detrás de él para sostener las ideas de la Revolución. Yo no he hecho caso de las personas. Cuando Carranza ha presentado aquí un proyecto de ley, pidiendo facultades extraordinarias en Hacienda, lo apoyé, porque es mi convicción íntima que solamente así se salvaría la situación crítica del momento. Yo aquí, señores, contra respetabilísimos miembros del Partido Liberal Constitucionalista, vine a sostener esa iniciativa de ley con mi acrisolada honradez, sin que se me haya visto pisando las antesalas del Poder Ejecutivo. Cuando aquí he tratado la ley obrera y la ley de imprenta, yo he tenido duras frases para el Poder Ejecutivo, porque las creo, en mi concepto de revolucionario, completamente dañinas a la Revolución. Cuando al entrar a esta Cámara yo tuve conocimiento - y venía muy ajeno de lo que se iba a tratar - del atentado brutal de que había sido objeto un representante del pueblo, llámase Acuña o como se llame, yo, con ese entusiasmo de mi fe y de mi honradez de siempre, vine a protestar aquí, y en el calor de la discusión, me hice esta pregunta que sé, sin ser abogado, casi siempre se hace: ¿A quién, señores, interesaba más que a nadie la desaparición del señor Acuña? (Siseos.) ¡No me siséen, señores, la Constitución, que muchos de ustedes han firmado, me da amplia facultad para externar mis convicciones propias, buenas o malas, desde esta tribuna. Me he hecho esta pregunta, señores, y en el calor de la discusión, sentí no

tener más que estos datos de los que quizá violentamente saqué una conjetura algo atrevida tal vez; de que se trataba del señor Acuña, hombre que aparece por la labor de la prensa y por su actitud, enfrentado al Poder Ejecutivo, y que entre los agresores, estaba un individuo que montaba la yegua del Jefe de Estado Mayor del Presidente de la República, y que el agresor era un capitán de Estado Mayor del Presidente de la República. (Voces: ¡No!) Yo no pude, señores, ahí preparar firmemente, investigar más ampliamente esto, y en el calor de la discusión, quizá fuí demasiado atrevido, sin que por esto, señores, se crea que he dejado de ser honrado, pues es mi honradez lo único que tengo y lo único que legaré a mis hijos. Señores, si quizá dije que el Presidente de la República era el que había ordenado ese asesinato, yo no tengo inconveniente en retirar mis palabras. (Aplausos.) (¡Bravo!).....en retirar mis palabras hasta que una investigación minunciosa y paciente, sin los calores del momento, venga a decir quién es el responsable de ese atentado. (Aplausos.) - El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Martínez de Escobar. - El C. Cravioto: Pido la palabra en contra señor, a mí me toca. (Voces: ¡No, no!) (Varios diputados hablan a la vez.) - El C. Martínez de Escobar: Señores, para una moción de orden. - El C. Hay: El C. Cravioto ha pedido la palabra para hablar en contra, pero que se concrete a hablar en contra . - El C. Martínez de Escobar: Moción de orden. Caballero, yo estaba en la Vice - presidencia cuando el señor Cravioto se acerco y me dijo que quería pedir la palabra para una rectificación de hechos y no para tomar la palabra en contra; pero en virtud de que tiene intensos deseos, grandísimos deseos de hablar antes que los otros oradores, es por lo que ahora cambia de opinión, señores diputados .

El C. Cravioto: Pido la palabra. El señor Martínez de Escobar ha pedido la palabra para una moción de orden; no tiene derecho para hablar...... (Siseos.) - El C. Martínez de Escobar: Aunque el señor no tenía derecho que hable en contra: yo tengo que hacer rectificaciones de algunos hechos demasiado importantes en esta tribuna; le cedo a usted la palabra, señor. - El C. Cravioto: (Al subir a la tribuna. Voces.) (¡No se oye!) (Risas.) El buen humor de la Cámara hace ya inútil que hagan un llamamiento a la República Nacional para que obre en este caso con absoluta serenidad. Yo, señores diputados, al pedir la palabra en contra de esta proposición, no ha sido sin duda para desligarme de la unánime solidaridad, del compañerismo que vibra en nuestros pechos, que ha habido en todos nuestros actos esta tarde, para protestar enérgicamente contra el atentado que ha sufrido el señor Acuña. Tenía pensado como plan de mi discurso primero, atacar la proposición en lo que tiene de inconveniente; segundo, protestar enérgicamente contra los cargos gratuitos, falsos y abiertamente calumniosos que se le habían hecho en esta tribuna al C. Primer Jefe.... (Voces: ¡Ya no es Primer Jefe!) y tercero, hacer una rectificación de hechos contastando a la impugnación que me ha hecho el C. Urueta a propósito de una declaración que hice ayer en el block de constituyentes. Prescindo, señores, de las dos partes que he señalado porque el señor Ramírez Garrido ha tenido la caballerosidad, cediendo a la inspiración general, de retirar él mismo la acusación presentada contra el C. Primer Jefe en el momento de arrebato, que conocemos todos los que comenzamos a hacer nuestras primeras armas en este difícil arte. En cuanto a la rectificación de hechos políticos, no se tome ni como una debilidad ni como una cobardía, sino como lo que es un acto de caballerosidad, un acto de solidaridad parlamentaria para el Partido Liberal Constitucionalista, hoy que uno de sus leaders conspícuos ha sido atacado. Y yo, cediendo a la solidaridad parlamentaria, y a mi espíritu honrado, vengo ahora a apoyarlo en este acto de protesta tan justo y tan explicable. Por lo tanto, señores diputados, reservo para mejor oportunidad y para días más serenos, la contestación a la impugnación que me ha hecho el señor Ureta. Yo declaro, señor Ureta, que lo que ha dicho la prensa es verdad hasta cierto punto. Yo no retiro el cargo "juramentado" y yo lo demostraré en esta tribuna en su oportunidad. Voy a concretarme, señores diputados, a atacar la proposición propuesta. Consta de tres partes: "1a.- Que protesta esta Cámara ante la Nación por el atentado brutal de que ha sido objeto el día de hoy el C. licenciado Jesús Acuña, diputado al Congreso de la Unión." Indudablemente, señores diputados, si sólo se trata de manifestar nuestro desacuerdo, nuestra indignación y nuestra protesta por este acto brutal y cobarde, yo sería el primero en venir a hablar aquí en favor de esta proposición, pero como ven ustedes, tiene dos partes; la protesta, después de la manifestación unánime que mañana lanzará a los cuatro vientos de la República la prensa toda, sale sobrando. (Voces: No, no!) Un momento; yo estoy de acuerdo en que protestemos (risas); a la segunda parte es a la que yo vengo a oponerme. Dice así: "Consígnese desde luego el caso de que se trata a las autoridades competentes para que se castigue ejemplarmente al responsable o responsables de ese atentado." Es ridículo, señores diputados; lo otro es viril y digno de la Representación Nacional; eso es ridículo porque ya no tiene razón de ser; el mismo señor licenciado Acuña nos ha manifestado que las autoridades han cumplido con su deber; que tanto la Comandancia Militar como el Gobierno del Distrito, cuyo representante, según el mismo decir del señor Acuña, se ha manejado caballerosamente, se ha manejado con toda actividad, resulta que las autoridades más inmediatas y más competentes para el caso, tomaron inmediatamente las providencias necesarias para aprehender al culpable. ¿Qué participación tiene la Cámara para hacer consignaciones? ¿A quién le va a consignar este hecho ? ¿Al Procurador de la República? - El C. Hay: Al Procurador General de la República. - El C. Cravioto: Pues sale albarda sobre aparejo; a esta hora, señor Hay, indudablemente la ciudad toda conoce el caso, y precisamente por tratarse de un asunto de tal gravedad, la Comandancia Militar y el Gobierno del Distrito, no solamente han tomado las providencias necesarias para esclarecer perfectamente los hechos, sino que ya deben tener hasta consignada el acta al Procurador .... - El C. Hay, interrumpiendo: Pero nosotros cumplimos con nuestro deber consignado este hecho... (Campanilla.) Pido perdón a la Mesa. (Risas.) - El C. Cravioto: En cuanto a que se castigue ejemplarmente al responsable o responsables de este atentado también me parece una redundancia; generalmente se pide un castigo ejemplar cuando se pide la cabeza de un individuo. (Voces: ¡No!) Entonces sale sobrando lo de ejemplar. (El C. Urueta: ¡No, señor!) Sí señor Urueta; en este caso yo estoy seguro, como usted también lo estará no sólo en toda la República, porque indudablemente va a dar lugar a que se conozca en todas partes, indudablemente

que las autoridades procederán con energía, es decir, aplicando la ley, que es lo único que se puede pedir. Por lo tanto, señores diputados, yo daré mi voto, en cuanto a la primera protesta de la Cámara, por solidaridad parlamentaria, y no sólo por estimación personal al señor Acuña; pero en la parte segunda, yo invito a la Representación Nacional para que con toda serenidad medite esto, y no por un arrebato pasional vayamos a arrastrar a la Cámara a ponerse en ridículo. - El C. Neri: Pido la palabra, señor Presidente, para interpelar al señor Cravioto. - El C. Presidente: Tiene usted la palabra. - El C. Neri: Voy a interpelar a usted, señor Cravioto, para que me diga por qué en el caso del señor Palavicini, usted pidió la intervención de la Cámara a pesar de que ya conocían del asunto las autoridades competentes. - El C. Cravioto: Señores diputados: Es verdaderamente infantil la pregunta del señor Neri. Yo no pedí la intervención de la Cámara para que se consignara al señor Palavicini a las autoridades competentes; yo vine a recordar a ustedes nuestra obligación de defender el fuero constitucional conforme al artículo de la ley, es decir, la certificación, fijense ustedes, no la consignación, es decir, la certificación de que obraba en la Secretaría de la Junta preparatoria, una credencial que hacía presunto diputado al C. Palavicini, y pedí, como que se trataba de una violación constitucional, puesto que se estaba tratando de un atentado contra el fuero constitucional, se nombrara una Comisión que se acercara a reclamar la inmediata libertad. - El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Martínez de Escobar. - El C. Martínez de Escobar: H. Asamblea: Un poeta filósofo exclamó: "El estilo es el hombre." Otro poeta, intenso pensador y poeta exquisito, decía: "La tribuna es un potro bravío, es un potro selvático, y si el jinete que en ella cabalga no sabe refrenar sus impulsos, es como un torrente formidable que todo avasalla, que todo destruye, que todo aniquila, que sus pensamientos y sus ideas se agolpan de tal manera, que lanzan cuchillos de fuego por todos lados." Tal pasó al señor Domingo Ramírez Garrido, el revolucionario de verdad. Lo oímos decir aquí, con una lógica verdaderamente absurda, pero que sólo puede comprenderse por el calor, el entusiasmo y la fogosidad propia que le carateriza, por su edad y bríos revolucionarios, que desde el momento que la persona que intentó perpetrar el delito en contra del señor Acuña, que en virtud de ser uno de los miembros del Estado Mayor del Presidente de la República, y porque iba en una yegua de Juan Barragán de aquí se deducía, decía el señor Ramírez Garrido, que indudablemente, que casi seguramente, el Presidente de la República tendría intenciones en que ese delito se perpetrara.

Esto ya está explicado y aclarado perfectamente; no habría habido necesidad de que el señor Garrido volviese aquí, porque el señor Garrido es bien conocido como revolucionario, y vuelvo a decir que sólo los impulsos de su fogosidad impetuosa fueron los únicos que pudieron haber hecho que el señor Garrido se expresara en esa forma. La lógica nos dice que no es posible, que no porque fuera un miembro del Estado Mayor del Primer Jefe o del Presidente de la República, inmediata y directamente estaba éste interesado en que ese delito se perpetrara en la persona del señor licenciado Acuña, noble y grandísimo revolucionario que ha sabido luchar con la idea, y que ha sabido luchar en los campos de batalla y no obstante eso ha sufrido como pocos, eso ya lo saben todos aquí; lo sabe absolutamente toda la Nación. Principalmente, vengo a esta tribuna a rectificar una serie de hechos que aquí se han asentado, , a decir que es tiempo que de una manera clara y perfecta, los señores diputados abran su espíritu, abran su conciencia para que penetre la verdadera luz y se den cuenta de la que aquí sucede, de lo que aquí acaece, de lo que aqui pasa. Oímos al señor don Rafael Martínez, oímos a este señor periodista después de que el señor Urueta, en bellísimos períodos, en suprema y sublime literatura, habló aquí con verdaderos pensamientos, que dan idea también de cómo siente y de cómo piensa en los sucesos que acaban de acontecer hoy; oímos al señor Rafael Martínez, que prorrumpió en una serie de asertos, con el único y exclusivo objeto de seguir desorientando a esta Asamblea, de seguir desorientando el espíritu colectivo de esta Representación Nacional, e indudablemente con el objeto de desorientar el espíritu de cada uno de los hombres que aquí respiran este ambiente democrático. El señor Rafael Martínez, señores diputados, no hizo otra cosa aquí, en esta tribuna, que la que han venido a hacer esos señores que se llaman renovadores, y que tiemblan, óigalo bien toda la Nación, y que tiemblan como si fuera un monstruo el que se les enfrenta y va a atacarlos, que tiemblan al ver que surge un partido potente al lado del Ejecutivo, un partido de altos vuelos, porque tiene potentes alas: el Partido Liberal Constitucionalista. (Aplausos.) El señor Rafael Martínez, para desorientar a esta Asamblea, para que los señores diputados vean que el Partido Liberal Constitucionalista hace una labor de intereses siniestros, que hace una labor diabólica, vino y dijo aquí, señores diputados: "Yo tengo pruebas de que en el Partido Liberal constitucionalista se conspira contra el Presidente de la República." Eso fué lo que dijo; aunque no lo haya expresado de una manera clara, no importa, porque para eso estamos, para entender lo que quiso decir el orador, y que si no tiene palabra perfecta y clara, sí se comprende cuál fué su pensamiento en esos momentos; y lo ha dicho "El Demócrata" ya multitud de veces. La prensa bien sabe que soy miembro del Partido Liberal Constitucionalista, que soy de los Constituyentes radicales, no soy de los que integran nada más el Cuerpo Constituyente, porque allí, a ese Cuerpo Constituyente, sí fueron hombres que sí conspiran; y esos hombres, aunque cada momento estén quemando incienso en el altar de los dioses, sí conspiran contra el mismo Presidente de la República. (Aplausos.) Decía el señor Martínez: "Señores diputados: Tengo la prueba de que un miembro del Partido Liberal Constitucionalista, allá en al casa - no sé si dijo en qué casa, pero si no lo sabe yo se lo voy a decir, porque para ello estamos, para hacer que nuestro Partido explosione con toda la verdad, con toda la fuerza sensible de nuestros sentimientos y de nuestras ideas. - Allá creo que en la casa de don Pablo González, hubo alguna vez una junta, y allí, se dice, ¿no es verdad, señor Martínez?; se dice que el Dr. Atl. miembro del Partido Liberal Constitucionalista, proponía que porque el Primer Jefe ya no se levantaba con toda la estatura necesaria de las grandes ideas revolucionarias, era necesario que el Ejército y todos tomaran una actitud dignísima y se destronara a don Venustiano Carranza del puesto que ocupaba....." - El C. Morales Hasse, interrumpiendo: Pido la palabra para una aclaración. - El C. Presidente: Tiene usted la palabra. - El C. Morales Hesse: Y allí, señor Martínez, el general González llamó canalla al individuo que tal pretendía. (Aplausos.) - El C. Martínez de Escobar, continuando: Muy bien; es verdad, voy a explicarlo. Allí decía el señor Martínez, hubo un miembro del Partido Liberal

constitucionalista que tal propuso, y este ha sido el estribillo, señores diputados, este ha sido el argumento, día a día, momento a momento, que la prensa mil veces menguada de hoy en día, viene esgrimiendo en contra de una corporación política que sí lleva en su mente altos ideales de verdad y de justicia revolucionarias. ¿por qué, señores diputados, vamos a querer hacerla responsable? Y esta es la labor de los "renovadores" y esta es la labor del señor "Rip-Rip" y esta es la labor de la prensa hasta estos momentos, queriendo hacer solidario y responsable a un Partido porque uno de sus miembros haya tenido y haya concebido la maquiavélica idea de conspirar contra el gran hombre que ha sabido llevar a la patria por un verdadero sendero de progreso, de justicia y de dignidad. Ya véis señores, es necesario que todo el mundo se fije en esto, nosotros no tenemos prensa, casi no tenemos prensa; solamente existe uno que otro periódico de poca circulación que puede acaso escribirnos en sus columnas una que otra idea que nosotros tengamos. La prensa nos tiene ¡óiganlo ustedes bien! como el enemigo formidable de la Presidencia de la República. Voy a explicarlo porque esto es una verdad completa. Vease la lógica de los señores que vienen atacando día a día al Partido Liberal Constitucionalista; porque uno de sus miembros quería conspirar, ¿los miembros del Partido Liberal Constitucionalista hacen una labor enteramente negra y siniestra para el país? Es ilógico ese pensamiento, ese es absurdo, eso sí es verdaderamente condenable, no la falta de lógica en que incurrió el señor Ramírez Garrido; pero el razonamiento, señores diputados, fué exactamente igual. El razonamiento en los momentos de fogosidad del señor Ramírez Garrido es enteramente igual al razonamiento enteramente absurdo de este señor: "Porque un miembro del Partido Liberal Constitucionalista quiere conspirar el Partido Liberal Constitucionalista conspira", y así, el señor Ramírez Garrido decía: "Porque un miembro del Estado Mayor del Presidente de la República quiso asesinar al señor licenciado Acuña, luego el señor Presidente es el que intentó cometer ese asesinato." Fíjense bien en este razonamiento, porque la prensa día a día ha querido hacer aparecer que en este partido donde están los hombres de cerebro, de corazón y de pensamiento, en donde están las ideas fuerza, el alma vida, el alma mater de este gran movimiento, había mucha oposición; así a ese Partido lo querían destruir ese Partido Liberal ya se inicia disciplinándose, frente a ese indisciplinado y que va teniendo a organizarse; el verdadero Partido Conservador, que no crean ustedes que está allende el Bravo, no crean ustedes que está alla agitándose en los cerebros obscuros y perversos de un Calero o de un Rabasa; está aquí en pleno corazón de la ciudad, está en ese grupo de hombres que por desgracia, como decía Alonso Romero, son hoy los favoritos del sultán y los cuales siempre han hecho chocar las copas de champagne en los festines de las dictaduras de ayer; esos cuatro, cinco o seis hombres, son el núcleo de ese Partido Conservador que se está formando y que está queriendo hacer una muralla infranqueable cerca del Presidente de la República que es un gran revolucionario, pero que estos hombres quieren llevarlo por un sendero, por un derrotero que no es el derrotero de la Revolución (Aplausos.) Y entonces ¿de qué manera van ellos a lograr, señores diputados, que aquel hombre fuerte en ideas, gigantesco en pensamiento que aquel hombre de altos vuelos, que el Presidente de la República, cómo van a lograr que él no comprenda, que no sienta, que no vibre o que no palpite con las ideas que bullen en su cerebro y en los cerebros de los miembros del Partido Liberal Constitucionalista? pues formando una muralla de enemigos incondicionales que a cada momento vayan a soplar a su oído: "Habló en contra de un proyecto de usted." Es su enemigo, y como habló en contra , sabe usted de donde procede? del Partido Liberal Constitucionalista." Esto es el sistema que están empleando, y como la prensa menguada, la que vuela por todo el territorio nacional y por fuera del país, dice lo mismo, se quiere matar al Partido Liberal Constitucionalista, pero no debe olvidarse que eso es absolutamente imposible; porque los hombres del Partido Liberal Constitucionalista van regando, van difundiendo, van sembrando en todas partes con sus ideas y con sus hechos, aunque quieran atacarlos y detenerlos los hombres reaccionarios, van sembrando y van difundiendo la simiente del verdadero liberalismo de la Patria Mexicana. Ved al Dr. Alt, cuando Pablo González, cuando Alvaro Obregón, cuando Jesús Acuña, cuando muchos otros que no estaban jamás conformes con las ideas del Dr. Alt, en el seno de la Asamblea Constituyente, señores diputados, había otros Dr. Alt no por su valentía, no por su talento, no por sus ideas, no por su fuerte potencia cerebral, no; sino por su fuerza maquivélica, por su potencia siniestra y por sus tendencias enteramente negras. Allá señores diputados, estaba Macías, estaba Rojas, estaba Palavicini e inconscientemente nuestro estimable amigo el señor Cravioto, conspirando, señores diputados, como lo hacía Alt, acá, conspirando para que el general don Alvaro Obregón y el señor Carranza se pusieran frente a frente y chocaran, es decir, estaban haciendo la labor que Díaz Lombardo y otros hicieron para poner frente a frente a Villa y al señor Carranza. Esa era la labor de esos personajes, señores diputados. (Aplausos.) No olvides, pues, que ese grupo no era un solo hombre, era un grupo que estaba en el Constituyente y a cada paso no hacía más que tomar la tribuna. ¿que?Para regar muchas flores en el camino por donde había de pasar el Presidente de la República, y al mismo tiempo estaba fraguando una conspiración, y una conspiración mucho más formidable y mucho más criminal que la del Dr. Atl porque siquiera éste será un loco, lo que ustedes quieran, pero exponía sus ideas y las exponía frente a un Obregón, frente a un González, frente a un Acuña, no emboscadamente sino de una manera clara y franca, en tanto que esos siniestros renovadores estaban exponiendo esas mismas ideas, pero sin decoro, sin dignidad ni franqueza; estaban exponiéndolas en el seno de aquella Asamblea, y no debemos olvidar cómo esa prensa dijo: "Nos extraña sobremanera" - haciéndose eco del pensar y del sentir de esos señores -"nos extraña sobremanera cómo el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, nos extraña mucho que aun tenga en la Secretaría de Guerra y Marina a Alvaro Obregón." Véis, pues, que como estaba un Atl conspirado allí solo, había un grupo de conspiradores en el Constituyente; pero esto es alarmante, señores diputados, porque Atl es uno solo, no puede hacer nada; Atl no cuenta con hombres que sientan con él, que sientan con solidaridad de ideas, con solidaridad de pensamiento; pero ese grupo que conspiró ayer contra don Venustiano Carranza, porque al conspirar en la forma que lo hacía, conspiraba contra el Jefe de la Revolución y contra el Presidente de la República, ese grupo sigue conspirando, en tanto que Atl está ya relegado en la sombra de su domicilio, ese grupo sigue conspirando de una manera abierta para dividir, señores, a don Venustiano Carranza de don Alvaro Obregón y aun de don Pablo González. (Aplausos.) (Voces: Sí; es cierto!) Quiero, pues, que os fijéis en la lógica de estos señores que es absurda, y yo exhorto a los diputados de buena fe, que son la inmensa

mayoría, que son la gran mayoría, a que no se vayan a dejar seducir por ese canto venenoso de sirena que a cada momento están entonando en su oído y en su loor estos hombres perversos, que aquí, inconscientemente, sépalo el pueblo entero, sépanlo los señores diputados tiene como su representante, que en persona será digno, pero que representando a este grupo es perverso, inconscientemente, lo digo, al señor Cravioto. (Aplausos.) Pero eso sí, así como un miembro del Partido Liberal Contitucionalista, o como dos o como tres pueden haber expuesto ideas que no satisfagan a los hombres que quieren tener un camino enteramente recto en su vida política, yo os digo lo siguinte: No porque esos dos o tres miembros del partido hayan hecho eso, vengáis a estar queriendo a cada momento hacer responsables de los hechos de esos individuos a ese gran Partido Liberal, puesto que no puede ser responsable de actos enteramente personales. Recordadlo bien, pues, vosotros mis estimables compañeros y amigos del Constituyente, pues parece que alguno de vosotros empieza a flaquear, parece que empieza a debilitarse, parece que empieza a apagarse un poco la llama viva de sus ideas enteramente saludables. Así como allá en el Constituyente existía un Félix F. Palavicini haciendo una labor reaccionaria, y existían un Macías y un Rojas, no por eso mañana se venga a decir que el congreso Constituyente de 16 - 17 fué un Congreso de reaccionarios, un Congreso en donde se conspiraba para dividir a Obregón de Carranza. Yo os propongo este razonamiento para que os fijés perfectamente bien y no os dejéis sorprender como a cada momento quieren hacerlo aquí. Y esto es verdad. En una junta que tuvimos en el Salón Verde....(Voces: ¡En el Amarillo!) Verde o Amarillo, donde yo no he estado de acuerdo que vayan los constituyentes más que los radicales, porque si no hay armonía de ideas, porque si no hay una sola finalidad expresa y un sola tendencia, no puede existir la armonía entre nosotros, siempre he querido que en esas juntas estemos sólo los constituyentes radicales. Una vez el señor representante de los renovadores, de ese grupo que hoy tiene la prensa menguada a su servicio, de ese grupo que quiero formar una muralla cercando al Presidente de la República, y que son los que están conspirando contra ese Presidente, el señor Clavioto fué queriendo sorprender a todos los constituyentes, diciéndoles que porque el Atl había conspirado, todos los del Partido Liberal Constitucionalista conspiraban; que no se dejaran sorprender, porque eran muy jóvenes en política, por los hombres maquivélicos del Partido LIberal Constitucionalista. Allí yo expliqué, dentro de ese recinto , más o menos estas palabras, estas palabras que estoy diciendo y que quiero que hoy las conozca toda la Cámara, y que quiero que las conozca todo el pueblo mexicano. Ayer, ya verían ustedes en "El Nacional," señores diputados, primera página, con letras de vivos colores: "Las declaraciones sensacionales del diputado Cravioto ante un grupo de Constituyentes." ¿Sabéis qué fué? Cuatro o cinco palabras que este señor nos dijo aquí, en donde hizo explosionar todo su odio enteramente negro contra el Partido Liberal Constitucionalista, y que no le pudimos soportar ni escuchar ni por dos minutos, porque cuando empezó a hablar todo el mundo tomamos nuestros sombreros y nos salimos, y en la prensa aparecen "Las declaraciones sensacionales del diputado Cravioto." Mentira, señores diputados, absolutamente mentira; esa es la labor que se hace. Y ahora sí quiero decir algo sobre la prensa: Es necesario que ya se vaya sabiendo cuál debe ser la labor de la prensa; que se sepa que las ideas que crean naturaleza, y que al salir del cerebro se convierten en águilas, y que una vez creada el águila la imprenta y la prensa convierte a esas ideas y a esas águilas en legiones, esa prensa debe defender, debe propagar la verdad de los hechos y de los acontecimientos y de los sucesos que se vienen acaeciendo en pleno corazón de la política actual. No debe ser ya la labor que hicieron en el Congreso Constituyente, que si Manuel Rojas se desnudaba y se presentaba con su cerebro obtuso y obscuro, diciendo sandeces en derecho constitucional, al otro día, para que aquella propaganda se pudiera hacer, en vez de decir la verdad ponían su retrato en primera plana, para decir que el discurso supremo y majestuoso había sido el de Luis Rojas; y en cambio, venía el señor general Múgica, exponía alguna idea sensata y seria, y criticaban a Múgica. Alguna vez a Medina se le llamaba tinterillo, cuando tan bien supo relevar, desarrollar todas las cualidades de un gran orador, y que es uno de los jóvenes, señores diputados, que parece que flaquea, que parece que ya no tiene el calor de su idea de ayer, mi estimado amigo el señor licenciado Hilario Medina, quien parece que va tomando otro derrotero, otro camino, y que sabe cómo lo estimo y sabe que se lo digo personalmente. Pues bien; si la prensa tiene encomendada esa benéfica labor, si el portentoso descubrimiento de Guttemberg fué para eso, si la labor de la prensa es defender ideas, las científicas, las literarias, las artísticas y las políticas, tal como se entiende, sepa el pueblo que la prensa de aquí no es prensa, sino que son unos paniaguados incondicionales que sólo están a las órdenes de los que les pagan unas cuantas monedas, y que por esas cuantas monedas vienen tocando la verdad de todos y cada uno de los sucesos que aquí pasan, ayer en el Constituyente y hoy en la Cámara de Diputados. Es necesario, también, que esta Asamblea tome una actitud un poco enérgica, para que si la prensa viene aquí, si la prensa es la única que debe hacer conocer la verdad de lo que pasa en este Parlamento, porque va por todos los puntos del horizonte nacional, volando; esa prensa, si no sigue una actitud digna, si viene a desfigurar los hechos y a alterar los hechos, es necesario que se le ponga un hasta aquí, y que los hombres que no vienen a decir la verdad, no entren aquí. (Aplausos.) No se podrá saber de otra manera qué es lo que pasa. Por ejemplo, vino Jesús Acuña a esta tribuna el otro día y nos dice, sí, nos dice claramente: "Yo creo, señores, que no es necesario que se den facultades extraordinarias al Poder Ejecutivo, porque no necesita pedirlas, porque las tiene, porque de hecho están con él, porque puede hacer uso de ellas; de manera que yo, por esa razón, vengo a oponerme a que se den facultades extraordinarias en la forma que se solicitan, porque las tiene, porque están en virgor todos los decretos que se han expedido, porque puede hacerlo; porque no es posible que un pueblo dé un salto inmenso, pase de un orden a otro orden No; no puede haber un cambio exabrupto." Decía acuña aquí, y al otro día, la prensa: "Acuña, el que habla, en contra del proyecto del Primer Jefe, en contra de su labor benéfica para el país, en contra del Presidente de la República." ¿Cómo presentan a este hombre allá en todos los Estados? Como a hombre despechado, que porque cayó de un Ministerio tiene rugidos de despecho, y quiere escupir al rostro del Primer Jefe y quiere hacer una labor mala. ¡Mentira! Ese hombre hace una labor buena, y sin embargo la prensa lo pinta de otra manera. ¿Qué no tenemos derecho a que los 60,000 habitantes que nos han mandado a esta Representación Nacional, que están en Sonora, en Chihuahua, en Tabasco y en toda la República, sepan la verdad de lo que aquí sucede? Si viene Aguirre Escobar y expone alguna idea,

y nos les gusta a los señores de la prensa y desfigura en absoluto esa idea, ¿qué pasa? Que aquellos 60,000 habitantes se decepcionan del señor Aguirre Escobar. Pues bien, señores, nuestra labor debe ser hacer política, hacer política a ciencia, y es necesario que tengamos una actitud digna, basada en la observación, en la ciencia y en la experiencia; política de análisis, política meditativa, de síntesis política, estudiando los fenómenos sociales de nuestro país, estudiando todas y cada una de nuestras necesidades; y esta es una enorme necesidad para el país, para que no se desprestigie esta Asamblea, que se diga la verdad. Yo por eso quiero que ustedes reflexionen y que tomemos una actitud digna para exigir que la prensa diga la verdad, y si no, que no se diga nada de lo que aquí pasa. Ahora quiero terminar, diciendo que realmente en estos momentos existen dos tendencias: Los unos que en la tribuna en loor al pensamiento, a la libertad de las ideas, decimos la verdad, y no podemos ser favoritos de nungún sultán, pero que hacemos conscientemente una labor honrada y dignísima, pero que queremos el orden, la paz, el florecimiento industrial, la tranquilidad comercial y todo. Y los otros, los que aparentemente se llaman amigos del Gobierno, - y realmente el Gobierno no es sólo el Ejecutivo, sino también el Legislativo y el Judicial, es un organismo más complexo,- esos, ¿sabéis lo que quieren?, no quieren más que embarcar a la República Mexicana en una especie de almadía de Medusa para que sea devorada la Patria Mexicana, esperando la tempestad de la noche siniestra que nos amenaza, si seguimos permitiendo que esta labor siga adelante; la labor de esos señores renovadores, que con alguno de sus representantes aquí intentan seguir dividiendo a Carranza, a Obregón y al mismo González, porque juntos, harán que florezca suprema y bella la patria, después de haber sentido en el fondo de su alma una revolución benéfica y saludable; es necesario, pues, que ya os fijéis, todos y cada uno de vosotros en esa, labor, y vuelvo a pediros que pongamos un hasta aquí a la prensa menguada que no cumple con su altísimo, con su supremo, con su bellísimo deber. (Aplausos.) - El C. Cravioto: Pido la palabra para rectificación de hechos. (Voces: ¡No, no!) - El C. Presidente: Tiene la palabra el C. Sánchez Pontón. - El C. Sánchez Pantón: señores diputados: Si no fuera porque es necesario hacer todavía algunas rectificaciones que en este momento son pertinentes, pues quizá pasada la oportunidad para hacerlas ya no cansaría más la atención de la Asamblea perfectamente orientada en el sentido de la votación del asunto que se discute; pero se han traído aquí a colación cuestiones políticas de alta trascendencia, y creo que es el deber de cada uno de nosotros venir a poner con toda la serenidad y con toda la verdad de que somos capaces, las cosas en su verdadero punto de vista. Se ha dicho en multitud de crímenes, en multitud de atentados, lo que ya el señor licenciado Urueta ha dicho desde esta tribuna: Cuál es la génesis, cuál es el verdadero responsable, y yo quiero traer a la memoria de ustedes, para corroborar más esta afirmación, aquel caso tan famoso del asesinato del ilustre liberal Canalejas en España, por lo mano de un anarquista; en aquel entonces, en el estudio de aquel crimen formidable y famoso, todos los escritores estuvieron de acuerdo en que aquel hombre que había disparado sobre el ilustre liberal español, no había sido ni era el único responsable; recuerdo entonces haber leído con delectación un artículo del eminente filósofo y liberal Antonio Zazaya, analizando la ejecución de aquel crimen; entonces decía: "No ha sido el anarquista el que ha disparado, ha sido toda una colectividad, ha sido todo un grupo el que armó la mano de aquel hombre, casi inconsciente, que disparó sobre el ilustre Canalejas; ha sido todo el grupo nefasto que había estado haciendo obstrucción a la política liberal del gabinete de Canalejas dentro de las Cámaras; había sido toda la clerecía y todo aquel capitalismo, todos los latifundistas; todos en fin, los que habían sentido algo del ilustre liberal y de su Gobierno, pero que no pudiendo hacer la política sana dentro de las Cámaras, habían salido a la calle con la pistola de un anarquista inconsciente, fanático, que sacrificaba su vida en aras de la colectividad que lo mandaba, y había armado su brazo para segar una vida ilustre para la Nación Española. Es el mismo caso, exactamente, el que hoy se repite; como si estuviéramos mirando a Canalejas ante aquel escaparate de libros, todavía dedicando los pocos momentos que tenía libres de su trabajo para revisar las últimas obras literarias y políticas de los escritores españoles. Así, en el momento en que el licenciado Acuña podía disponer de algún tiempo después de sus ocupaciones personales, distraído, tranquilo, ecuánime como siempre, pensando quizá en algunos problemas nacionales de urgente resolución, como todos los pensamos en cualquier momento de ocio que tenemos, entonces ha sido herido por detrás por la mano de un inconsciente, de un hombre que no tiene toda la responsabilidad del atentado; mano que ha sido armada por toda anónima camarilla, por todo ese grupo nefasto, que como bien se ha señalado, es el verdadero culpable de este y de otros muchos atentados que a diario se cometen. Por esto es que nosotros hemos querido darle toda la importancia que tiene, por quien es el atacado, como por quien es el responsable; el ataque es a un miembro de la Representación Nacional, es a un hombre que, por sus ideas, por su actuación, merece respeto; el responsable no es el militar, no es un individuo aislado, es toda una colectividad que ha armado ese brazo, como lo ha armado ya; se ha señalado perfectamente; se dice en los últimos días por ese macabro cronista de "El Universal," que últimamente ha ofrecido su pluma no teniendo Secretaría en qué trabajar, se ha dicho últimamente que hay un partido organizado de la oposición, que él no puede ver desde las galerías cómo está organizado; que él no se da cuenta de esa organización que tiene el Partido opositor, pero que se ve, se agita, cambia palabras; corre la voz; de todo esto que él veía de las galerías, no se daba cuenta, pero sí hay una oposición; en cambio nosotros, que vemos más claro desde las curules que lo que se ve desde las galerías, vemos que hay un partido organizado, vemos que se agita, que se mueve, que habla en los círculos, y sobre todo, que habla al oído del Primer Magistrado de la República; ese complot que diariamente urden, que se desvelan buscando cuál será el ataque que a diario enderezarán contra los hombres honrados de la Revolución, que quieren a cada momento encontrar el menor pretexto para lanzar diatriba, para lanzar un ataque sobre los hombres inmaculados, esos son los del verdadero complot diario, esos son los causantes no sólo de este atentado, sino de otros muchos que pasan inadvertidos porque no es un representante de la Nación el que los sufre; por eso nosotros venimos aquí a manifestar claramente cuál es la voluntad nacional y cuál es el sentir de la Representación de la República. Porque, señores, el señor Ramírez Garrido, al hacer un cargo al Primer Jefe, ha retirado después sus palabras porque seguramente en el calor de su peroración hizo alguna deducción que no era exacta; pero yo, señores, voy a hacer una crítica del Ejecutivo, y no retiraré mis palabras porque

son enteramente exactas, y las pongo a la consideración de ustedes. (El C. Díaz González: (¡Eres huertista!) Porque este grupo que venimos a señalar diariamente, que según unos y otros es culpable de haber querido hacer fracasar en el Constituyente las ideas radicales, que en la prensa diarimente combate a los revolucionarios, que se oponen a las ideas progresistas, ¿porqué, si ese grupo está señalado por toda la Nación sigue en sus puestos? ¿Quién lo mantiene en ellos?, ¿Por qué si después de que el Constituyente se ha atacado la libertad de enseñanza, que los radicales querían hacer llevar a su verdadero punto de vista social en nuestros momentos actuales?, ¿por qué si Macías fué uno de los opositores de ese artículo, está en sus manos nada menos que la enseñanza y la educación nacionales? (Aplausos.) Cuando el orden constitucional se avecinaba, uno de los anhelos nacionales era ver cambiar esa camarilla de las antesalas presidenciales y renovarla con hombres más sanos y más ecuánimes más honorados en política, y sin embargo, ¿cuál ha sido la decepción? ¿Por qué el primer día hemos visto en las columnas de la prensa que se ratificaba la confianza a Gerzayn Ugarte? ¿Por qué hemos visto que ese mismo día, después de haber ofrecido el licenciado Macías y el licenciado Rojas separarse de sus puestos, se les ratificó la confianza, y quedó uno en el Departamento Universitario y otro en Bellas Artes? ¿Por qué, señores? ¿Quién los mantiene en ellos? ¿Por qué se le otorgó la confianza a un secretario particular que retiene los telegramas y las cartas que mandan los ciudadanos de la República y no llegan a manos del Ejecutivo? (Aplausos.) Sí, señores diputados; nosotros lo debemos de decir claro; ésto no es un ataque de oposición, es una verdad que clama justicia y que clama que sea inmediatamente atendida. Si en toda la República no se hace más que repetir éstas palabras. ¿Por qué nosotros no hemos de venir a decirlo claro desde esta tribuna que es nuestra, que es nuestro único periódico, que es nuestro único altar en que oficiamos diariamente, con la verdad y las justicia muy altas? - digámoslo de una vez -, si no disponemos de prensa para atacar con la prensa a los que la tienen, si no podemos de otra manera defender de esos cargos a los hombres inmaculados, a los miembros y corporaciones políticas, ¿por qué desde esta tribuna, se nos negará el derecho alguna vez de decir todo lo que nosotros sabemos y queremos que se haga en la Nación? ¿Por qué si tenemos, por qué si tiene valor cualquier diputado de verter aquí sus palabras, se ha de encontrar amenazado de que en la calle, la mano de un esbirro lo venga a atacar? No, señores diputados, nosotros queremos únicamente hacer ver lo siguiente: Que dado el atentado cometido, dada la posibilidad de una repetición, por que es natural que entre todos estos grupos engañados por las diatribas de la prensa diaria y la labor de obstrucción de muchos que se dicen gobiernistas, también puede caer cualquier ciudadano diputado, una y otra vez, bajo la misma bala de un esbirro, por eso que queremos darle una importancia grande en este caso, quise hacer una protesta ante la Nación, hacer que se castigue ejemplarmente, prontamente y rectamente, al responsable de ésto, y que se averigue también quiénes son los que han armado la mano del asesino; yo desde luego, señores porque he estado durante todo el tiempo de prueba en el puerto de Veracruz, cerca de la Primera Jefatura, soy el primero en decir que no creo que salga de allí, que no puede haber sido el instigador, porque he visto muchos casos en que por lo contrario, se ha castigado ejemplarmente, pero es necesario ver quiénes son las otras figuras secundarias, los que se recatan en la sombra, los que hablan al oído, los que hablan mal, los que desprestigian, los que calumnian, los que diatriban, es necesario que se aclare aquí con una justicia superior a la que han hecho siempre los jueces venales de la República, y esperamos que nuestras autoridades judiciales vengan a poner la piedra de nuestro verdadero progreso, y que aquella institución más alta que ha de ser la conquista de la Revolución, esté a la altura de su misión actualmente, que el Procurador sepa perseguir con toda la severidad necesaria, a los responsables, que los jueces en cuyas manos se encuentre ese asunto, sepan que la Representación Nacional y la República entera, tienen sus miradas fijas en ellos, que no es bastante que se diga de un hombre que ha sido culpable porque él personalmente disparó, para que se crea que allí ha acabado el crimen; que investiguen, que penetren, que averigüen toda la verdad, que entren a los cerebros de los instigadores del crimen, donde se recatan las segundas manos, y entonces veremos desfilar ante toda la República, a todos los macabros ideadores de este funesto atentado de que ha sido víctima un representante de la Nación. Yo, como todos los demás, por la misma idea de que la Revolución ha legado todo ese pasado de sufrimientos tan conocido en toda la República, por el recuerdo que tenemos del licenciado Acuña cuando también en otra época como ésta, nefasta para él, en pleno Centenario, el día 15 de septiembre de 1910, fuera herido por la mano de un federal, y fueron entonces los compañeros del Congreso Nacional de Estudiantes quienes ante el balcón del Presidente de la República, hubieran dado los primeros mueras para el tirano, pidiendo la libertad de que se había despojado al licenciado Acuña.....(Aplausos.)Ya no somos ahora los estudiantes, señor diputado Acuña, no somos ya los compañeros de aquellas lides fervorosas de la juventud que en pleno Centenario y ante el fausto oropelesco con que se engaño a los representantes extranjeros, se quiso erigir la caduca dictadura de Porfirio Díaz. No somos ya aquellos que en el Palacio de Minería lanzamos los primeros "mueras" a la dictadura y los primeros que atacamos a todos los esbirros de ella, somos los compañeros de Representación Nacional, los que ya no vinimos representando a un colegio de la República para ver por el engrandecimiento de la clase estudiantil, somos los representantes de un distrito los que vinimos a hacer ahora la protesta más enérgica por el atentado de que habéis sido víctima, y recordando aquellos días, yo también invito a todos, aquí hay varios compañeros del Congreso Nacional, a que también hagan su protesta más enérgica que nunca, porque ahora se trata de un representante de un distrito, para que no se cometa más un atentado como éste, y se castigue al responsable del crimen frustrado de que afortunadamente ha salido bien el señor licenciado Acuña! (Aplausos.) - El C.Presidente: Tiene la palabra el C.Medina Hilario . - El C.Medina Hilario: H. Asamblea: Cuenta la leyenda griega, que el titán, por haber arrancado la chispa con que animara el primer hombre, fué encadenado a las rocas del Cáucaso, y su condenación, pronunciada por el implacable Júpiter, consistió en mandar un buitre que le devorara eternamente las entrañas. El titán era la humanidad, el titán encadenado a la roca y aquel titán, según dijera Lucrecio en Roma, había recibido la terrible maldición de Júpiter y había pronunciado aquellas enormes, aquellas graves, aquellas solemnes palabras: "Los dioses morirán" Y los dioses murieron. Dioses y hombres eran en el viejo Olimpo, eran en la leyenda griega, la imagen de este microcosmos, de este

pequeño mundo que se agita aquí abajo en el hormiguero humano. Dioses y hombres antojábanse lo mismo que se antojan los gobiernos y los hombres; y los gobiernos encadenando muchas veces al hombre, a otras rocas del Cáucaso, prohibiéndole sus libertades y sus derechos, han provocado la enorme, la grandiosa y la solemne maldición de todos los hombres libres: "Los gobiernos caerán." Es preciso, señores diputados, penetrar en el fondo de la conciencia humana para descubrir cómo es que la humanidad progresa a pesar de los malos gobiernos y a pesar de la maldición de Júpiter. Es necesario que nosotros nos demos una cuenta exacta de que desde el momento en que hay un Gobierno que ha aparecido de una Revolución y que ese Gobierno no podrá subsistir sino mediante la lucha constante de lo que significa ese Gobierno, y de lo que significa la masa que está colocada fuera de ese Gobierno, es la única manera de que la humanidad obtenga lo que desea, que es el progreso continuo, que es el movimiento en el orden; ese es el progreso. ¿De qué vienen a asustarse los señores diputados a quienes la voz pública ha señalado como oposicionistas? ¿Qué, es un crimen ser oposicionista? Eso es no tener el valor, eso es no tener la conciencia de la oposición, la oposición sublime, consciente, viril, es lo que ha hecho las democracias, es lo que ha establecido las libertades, es la que ha hecho los códigos, es la que ha traído el progreso político en todos los pueblos. ¿Qué de nuevo les coge que se les llame oposicionistas?, ¿qué tiene eso de particular si precisamente las oposiciones son lo que significa, son la clave del progreso, en cuyas manos está la garantía de ese mismo progreso? ¡Ah, señores! Es que sobre nosotros está pesando la tremenda tiranía de treinta años, y es que ya estábamos acostumbrados a que todos los asuntos de México caminaran en los carriles de la paz porfiriana, y no se hallara una palabra discrepante en aquella sinfonía de todos los regocijos. ¿Es, señores que no hemos podido substraernos, a pesar de este enorme movimiento revolucionario, y que todavía aquellos que son los más conscientes, los más viriles, los más indicados para la oposición, tratan de dar explicaciones y decir que no es la oposición, que es algo así como una semi-oposición, en fin, algo que no es ni oposición ni es la oposición? Es necesario poner los puntos sobre las íes en momentos en que como el actual, un incidente nos ha colocado en condiciones de hacer un balance político, de saber quiénes son los unos y quiénes son los otros, aunque pareciera paradógico, supuesto que la primera impresión fué unánime entre todos nosotros, para protestar y para tomar la misma actitud; fué la ocasión, repito, de que se concretaran y de que se dibujaran los grupos que hay en este Congreso. Es indispensable, y esa es la garantía de la democracia, que los grupos políticos existan en todo congreso, porque si no, el congreso está perdido, no va a hacer una labor fecunda; es necesario que haya dos grupos en el mismo congreso, que unos defiendan una tesis y otros defiendan otra, y que de la lucha de esas tesis, resulte lo que debe ser benéfico para el porvenir nacional. De manera que si nosotros tenemos oposición, si en el actual Congreso hay oposición al Gobierno, y si en el actual Congreso hay individuos que pertenecen al Gobierno, la democracia mexicana debe entonar un canto de alegría de que es verdad entonces que estamos realizando, que estamos llevando a la práctica los principios democráticos que llevaron a la República a la Revolución. Debemos alegrarnos de ello. (Aplausos.) Sin embargo, precisamente por aquella triste herencia que pesaba en nosotros, yo no sé qué afán de que todas las cuestiones, desde las más altas hasta las más pequeñas, se atribuyan a las personalidades. Probablemente como un paso necesario y fatal, toda nuestra política debe ser en sus comienzos personalista, hasta ir sacudiendo poco a poco, como quien sacude las cenizas al elevarse a las alturas, hasta ir sacudiendo esos viejos prejuicios y colocarnos solamente a la altura de los principios y juzgar de esa manera los grandes problemas nacionales. ¿Qué es ese afán de personalizar todas las cuestiones? ¿Por qué todas nuestras revoluciones? ¿Por qué nuestros fracasos? ¿Por qué todas nuestras miras han de ir precisamente vinculadas en las energías, en las debilidades de un hombre? Esto es enteramente falso y absurdo. ¿Por qué el Japón en la guerra ruso-japonesa no atribuía la gloria a sus militares o a uno de sus generales, sino que atribuía la gloria la pueblo japónes, y por encima del pueblo a los espíritus de sus antepasados? ¿Por qué la Francia, por qué Inglaterra, por qué Suiza cuando ha sabido que su Guillermo Tell, su única gloria, no era más que un héroe de las viejas leyendas danesas, por qué entonces Suiza no renegó de sus antepasados y contestó: Quien es la gloria de la Suiza, es el pueblo suizo? Pues bien, señores, esas son las verdaderas democracias, esas son las que debemos tener nosotros aquí, no obstante que comiencen a agitarse los partidos que son la garantía de un verdadero régimen democrático. No obstante eso, vienen de cuando en cuando las sombras políticas de la fatalidad, a posarse sobre todos nosotros, y a unos les causa verdadero pavor, a otros verdadero entusiasmo. Unos consideran esas sombras como un verdadero abrigo, en tanto que otros las consideran como las tinieblas por donde no pueden penetrar ni los verdaderos sabios. Y todos estamos equivocados. Mientras los grandes problemas de la patria, aquellos que se refieren a las relaciones que debe tener nuestro país con el extranjero, nuestro sistema económico, nuestro sistema militar, nuestro llamado problema religioso, ect., no se examinen a la luz de los verdaderos principios democráticos, científicos y de libertad, y siguen proyectándose las sombras fatídicas de las personalidades en medio de esos problemas; seguramente llevamos un camino errado, y seguramente no vamos a hacer de aquí nada que pueda garantizar, que pueda darnos prestigio ante la Nación que estamos representando. Esas son las flaquezas de que yo padezco y de que me ha acusado el señor Martínez Escobar. Las personalidades, indudablemente se han deslizado en el Partido Liberal Constitucionalista, eso es innegable. Cuando en un principio un orador, también en el calor de la improvisación, se refirió a la obra de los Constituyentes y juzgó la Constitución, cuando poco tiempo después otro orador...... - El C. García Vigil, interrumpiendo: Y no me arrepiento. - El C. Medina, continuando: Ya lo sé, señor; permitidme que no entre en detalles; cuando se acumulaban algunos datos que debían imponerse a la conciencia como significado de una opinión general y sostenida por un determinado grupo, y entonces ya la opinión pública estallaba y señalaba a ese Partido Liberal Constitucionalista como un partido que en los momentos actuales no sabía estar a la altura de la Revolución, entonces, señores diputados, ustedes lo recordarán perfectamente bien, yo declaré desde esta tribuna, que debaja de pertenecer al Partido Liberal Constitucionalista, al cual me había inscrito en un momento de entusiasmo, y cuando todos sus miembros habían asegurado pureza en sus propósitos y libertad verdaderamente amplia en sus ideas. Pues bien, desde ese momento hasta hoy, mi conducta no ha variado;

¿en qué ha estado mi flaqueza? mi flaqueza ha consistido en no volver al Partido Liberal Constitucionalista, y consiste en no mostrarme satisfecho de las explicaciones que ese partido iba a dar a la Nación cuando ese partido prometió que solemnemente iba a desautorizar esas palabras y a tomar medidas enérgicas en contra de aquel individuo que había expuesto aquí una opinión verdaderamente subversiva, y no lo hizo; al menos, no quedé satisfecho con lo que ese Partido Liberal hiciera y nada más desautorizara debidamente aquella opinión. ¿No me contó Martínez de Escobar que los individuos pertenecientes a aquel Partido que habían verdaderamente exigido una conducta enérgica y radical para aquel caso, a lo cual se había negado la mayoría, y que aquellos individuos habían preferido salirse de allí? Pues entonces, señores diputados, y no obstante que yo he reconocido en el fondo, no obstante que yo sigo reconociendo la necesidad del valor democrático, de la existencia de un partido, vengo a decir que no estoy enteramente convencido para mi manera de ser personal, para mis convicciones, con la explicación dada, y no he podido volver al Partido Liberal Constitucionalista. Esta es la flaqueza de que se me ha acusado. Un día va a venir, señores diputados, en que todos tengamos que sumar nuestros esfuerzos para estudiar y resolver los problemas trascendentales que la fortuna quiso que nosotros conociéramos para resolverlos, y ojalá que los resolvamos satisfactoriamente. Un día va a llegar en que vamos a pesar no precisamente todas nuestras actitudes ni precisamente el lugar en que nos encontramos en un partido, ese día lo único que se va a tener en cuenta en cada uno de nosotros, porque allí estará la salvación nacional, van a ser los principios de libertad y de democracia, los principios de patria, de justicia y de ley. Aquí decía un orador y decía bien :"Muchos han venido invocando las palabras de justicia, patria y ley, y tanto se han pronunciado, que ya casi no sabemos qué son, que ya casi no encuentran eco en nuestros corazones. Esto, afortunadamente, no es verdad. Se habla también aquí de las responsabilidades que tenemos ante la patria, ante la nación y ante la posteridad, y cuando se han repetido también tanto tiempo esas palabras, llega acaso a creerse que son las palabras que se leen en los libros y que no tienen importancia y consecuencia; pero cuando se ha vivido más de la vida individual, cuando se están viviendo los momentos críticos de la vida nacional, cuando hemos visto que tanta sangre se ha derramado en los campos de batalla y que quien más quien menos han perdido, unos, sus afectos, otros sus intereses, pero todos han perdido; cuando se ha visto que todos llevamos en el corazón una especie de tumba en que llevamos encerradas muchas decepciones, muchas aspiraciones y en las cuales hay un sudario que no han podido cubrir todavía nuestras sensaciones pasajeras ni nuestras esperanzas impacientes, entonces esas palabras vienen a tomar un efectismo práctico, inmenso, y entonces se tienen las impresiones que están pesando sobre nosotros continuamente, y que la opinión nacional entera ha de juzgarnos un día sin apelación, y la historia que es obra humana y que por ser humana es falible, llega ya a tomar en una época no sé qué aspecto de infalibilidad y el fallo de la historia es sencillamente la última palabra. Pues bien, señores diputados, hemos hecho el balance de nuestra situación; nosotros sabemos que es necesario y que es preciso que haya la oposición consciente, la oposición patriótica, no la oposición sistemática, porque esa es la única personal, ese es el odio, y el odio y la inquina no pueden llevarnos a las grandes construcciones nacionales. Bien hayados los de la oposición en su puesto, criticado cada uno de los actos del Gobierno, el señor Sánchez Potón se ha quedado corto en las críticas que ha hecho, porque yo también tengo muchos datos que ofrecer al señor Sánchez Potón en ese sentido, y en su oportunidad yo los ofreceré, pero esa es la crítica sana, esa es la buena porque fecunda, esa es la que nos enriquece. Bien hayados en sus puestos los oposicionistas, y ya no deben, de hoy en más, tratar de dar explicaciones al público explicando su oposición es un factor democrático de gran trascendencia; bien hayados también los que se encuentren sosteniendo al Gobierno por los intereses actuales del momento, y por las necesidades sociales que están vinculadas en él; yo estoy seguro de que cada quien en su puesto, con un corazón honrado y con un sentimiento patriótico, cumplirán la misión para que los ha mandado aquí toda la Nación entera, y podrán un día presentase ante ella ofreciendo la obra que se haya hecho enriqueciendo los principios democráticos y dando libertades al pueblo, y entonces, veremos que ha desaparecido enteramente de este campo tormentoso actual, esa tempestad de catástrofe que acompaña a todas las grandezas venideras. (Aplausos.) - El C. Predidente: Tiene la palabra el C. Urueta. - El C. Urueta: Señores diputados: La discusión, como era de esperarse, se ha elevado; el incidente lamentable de que fué victima el Señor licenciado Acuña, nos ha hecho pensar un poco en nuestros problemas en nuestros angustiosos problemas nacionales; la leyenda de Prometeo atado conduras cadenas en las rocas del Cáucaso, no significa otra cosa que un símbolo eterno: La humanidad redimida y levantada por el sagrado dolor, porque solamente el dolor es capaz de producir la grandes rebeldías y enfrentarse con la iniquidad de los dioses para señalarles el término ineludible y fatal de su caída; y envueltos en su ineludible y fatal de su caída; y envueltos en su ropaje de púrpura han ido cayendo todos al fondo del abismo para que no subsista sino el inconmovible, el inminente, el inmortal, el hombre mismo, verdadera divinidad por su pensamiento torturado y por su corazón sangrante. Y es claro que todas las revoluciones sociales y políticas provienen de un gran dolor popular que a su vez impulsa las energías y derroca a todas las dictaduras; pero por eso mismo, señores diputados, es absolutamente necesario que pongamos el pensamiento en el fondo de la cuestión y que aclaremos con pertinencia y con claridad algunos conceptos. La oposición, dice el señor licenciado Medina, tiene una razón de ser fundamental y desde esta tribuna la ha saludado y le ha ofrecido su contingente de observación y de hechos. En buena hora; pero es necesario aclarar este concepto de oposición política. Creo interpretar el sentimiento íntimo del Partido Liberal Constitucionalista al decir en el seno de la Representación Nacional y desde lo alto de esta tribuna las siguientes palabras: El Partido Liberal Constitucionalista desea ardientemente que se consolide sobre bases firmes y absolutamente sólidas de honestidad política, el Gobierno Constitucional de C. Carranza. (Aplausos nutridos.) Por eso mismo, señores diputados, apoyaremos el Gobierno del señor Carranza cuando lo veamos encarrilado por el sendero de la ley y del progreso, y por la propia razón, señores, seremos los primeros en señalarle serena y honradamente sus errores cuando de este camino se aparte. No puede ser otro nuestro papel. La oposición sistemática es tan peligrosa como la amistad incondicional. Es claro que la oposición sistemática

es menos vil que la amistad incondicional, porque ésta que naturalmente emplea todas las formas posibles de divinización, produce la ceguera de los hombres que están en el Poder y ya sabemos cuán sabia es la palabra de la antigüedad: "Los dioses empiezan por cegar y por enloquecer a aquéllos a quienes quieren perder." Y ¿cómo es posible, querido, compañero Medina, que nosotros logremos hacer una separación absoluta entre la discusión de meras ideas y la discusion de personalidades? pues qué, ¿acaso en el mundo de la política se mueven solamente las ideas? No, señor, en el mundo de la política se mueven más que las ideas, los intereses representados por la personalidades o por las agrupaciones políticas. Aquí se ha protestado con un sentimiento que soy el primero en aplaudir, por parte de los señores treviño y Múgica en contra de una imputación a todas luces temeraria, pero se ha protestado demasiado en contra de esa imputación porque no se necesitaban los ardientes apóstrofes de los dos honorables diputados a quienes acabo de citar, para que todos comprendiéramos que, efectivamente, un compañero nuestro había tenido un lamentable desliz de lenguaje; no necesitaba el C. Carranza de una defensa así, porque hay actos que por sí mismos se están defendiendo y desde este punto de vista el C. Carranza es invulnerable, el C. Carranza es intocable. (Aplausos.) Pero ¿qué de extraño tiene entonces, señores, que a nosotros se nos impute que cuando atacamos a una Secretaría de Estado, forzosamente nuestro ataque va enderezado contra el Jefe de la Nación? Y sépalo el señor Martínez (risas) yo no rehuyo la responsabilidad; evidentemente que cuando se ataca a un Secretario de Estado en cuestiones de orden político, se ataca al Primer Magistrado de la Nación, y yo no he hecho absolutamente mérito alguno, y, sin embargo, he confesado que al atacar la política de Secretario de Hacienda, atacaba de una manera evidente, real y directa la política hacendaria del C. Carranza; pero definamos las responsabilidades: Creo yo que la responsabilidad del Primer Jefe de la Nación, se contrae simplemente al hecho de depositar su confianza en personas de cuya sabiduría, de cuyos conocimientos y de cuya honestidad confía. Atacar directamente a éstas cuando obran mal, es señalarle al Primer Magistrado de la Nación un mal en su política, un mal en su gabinete y eso es honrado, eso no significa enemistad; por el contrario, eso significa en el fondo amistad y lealtad. Si yo, señores diputados, observo que un amigo íntimo mío tuerce su conciencia por las múltiples contingencias de la vida, no tengo más que un deber que cumplir y es señalarle el abismo al cual se precipita; pero si por el contrario, por halagarlo, por acariciar sus pasiones, le digo: Obras bien, obras honradamente, prosigue en el vicio, porque eso no es el vicio, al contrario, vas a ser coronado de palmas, entonces yo soy un pérfido, soy un ingrato, un miserable, falto a los deberes fundamentales de la amistad. Pero vosotros no lo entendéis así, vosotros lo entendéis de otra suerte, vosotros sois tan esclavos que ni siquiera podéis asemejaros a los esclavos que alquilaban los emperadores romanos, cuando penetraban a la ciudad de Roma en medio de los agasajos del triunfo, para tener detrás de ellos quien les dijera: "Acuérdate que no eres un Dios, sino un hombre." (Aplausos nutridos.) Así, pues, definido el concepto de la oposición, no como una oposición sistemática, sino como una oposición de cordura, de orientaciones honradas, nosotros no podemos considerarnos como enemigos del actual Gobierno en manera alguna; sabemos nosotros que no teniendo régimen parlamentario, no podemos cambiar la forma de Gobierno sino hasta el momento de las elecciones, en cuanto al personal, y no somos tan insensatos para pretender que esta forma de Gobierno se cambie eternamente en nuestro país por medio de la violencia que solamente trae consigo aparejada otra violencia. No, que se consolide el Gobierno, pero que se consolide en términos de absoluta honestidad y entonces, ¿por qué se nos llama, no opositores como ha dicho el señor licenciado Medina, sino conspiradores, traidores, izcariotes y felones? Pues esto solamente pudo salir de la boca del servilismo más puro, más perfecto y más incondicional. Ahora, señores, ¿no es absolutamente injusto que por el hecho de que pensemos y de que expongamos nuestras ideas, se nos maltrate diariamente en la forma en que se nos maltrata? Yo no estoy de acuerdo con mi querido amigo Martínez de Escobar cuando dijera que si la prensa continuaba en ese sendero tan bochornoso, debiamos nosotros impedirle la entrada a este recinto. No, que continúe y que penetre. ¿Estas son vuestras armas, la mentira, la difamación y la calumnia? Pues estáis perdidos, (risas) irremisiblemente perdidos. Esas fueron las armas de vuestro maestro señor Martínez, y aquí siento que no se realice la bella palabra de Leonardo de Vinci, mejor dicho, se realiza sí porque empieza con ay, "¡ay del discípulo que no supera a su maestro!" y vos no habéis superado a Reyes Spíndola porque carecéis del talento que aquel tenía. (Aplausos ruidosos. Señores, ahí tenéis la opinión; señor Martínez, no me aplauden a mí, aplauden una verdad que he dicho. (Aplausos ruidosos.) Pero, señor, no es solamente eso, porque si sólo fuera la prensa, es claro que ya ni las horteras creen lo que la prensa dice; pero no es sólo la prensa, son las Secretarías de Estado, señores diputados, las que inspiran esa prensa. ¿No dijo el desconfiado,- y ya sabéis el pensamiento de Benavente, - ¿no dijo el desconfiado señor Nieto que la Secretaría de Estado daba dinero a toda la prensa? (Aplausos.) Pues naturalmente la prensa tiene que decir lo que ellos quieran y ¿quién es tan inocente para suponer que el licenciado Calabrés no sigue inspirando la conducta política de la Secretaría de Hacienda? Es claro, él se va a las galerías, se hace cronista de Palavicini, escribe artículos de desorientacíon política y envía al señor Nieto para que venga a decir a esta tribuna: "Pues señores diputados, esa es una imposibilidad casi imposible." (Risas y aplausos.) Pero no todo presta a risa y a íntimo regocijo. ¡Ojalá y eso fuese nada más! No, hay cosas muy serias, esa prensa con letras grandes estuvo diciendo todos los días: "Mientras el Poder Legislativo no conceda al Ejecutivo facultades extraordinarias, se suspenden todos los pagos." Bien , es verdad, señores diputados, que yo tuve la satisfacción de recibir a algunas pobres maestras y a algunos humildes maestros que me dijeron: "Señor, no importa, ya veremos qué comen nuestros hijos, pero seguid cumpliendo con vuestro deber." (Aplausos.) Pero las razones del hambre son más duras que las razones del corazón, y naturalmente la Secretaría de Hacienda arrojaba sobre el Poder Legislativo toda la avalancha de la burocracia de la capital de la República y más, se decía, es verdad que había la excepción de pago en favor del Ejército y sin embargo - entiendo que ya se retiro - el honorable senador señor general don Amado Aguirre, nos contó que que algún coronel o teniente coronel había ido a la Tesorería y no había podido conseguir ni un sólo centavo que se le dijo: "No, si la culpa la tiene el Poder Legislativo, si esos conspiradores, si esos traidores son los que ponen a ustedes en la contingencia de no poder sustentar a un soldado y muérase de hambre el soldado," y entonces, este señor coronel

o teniente coronel engañado y sin reflexionar suficientemente, pedía a voces ametralladoras para venir las Cámaras de la Unión! (Risas.) Esos son los procedimientos, eso sí es una verdadera confabulación. Pues, señor, cuando se nos colocaba en circunstancias tan precarias y tan difíciles por el gran crimen de emitir opinión todavía después se nos arrojaba encima, no solamente como dijera antes, a toda la burocracia de la capital, sino al Ejército mismo de la República. ¿Hay perfidia mayor? (Una voz: ¡No!) Entonces, señores diputados, ¿por qué no protestaron contra estos hechos? Y esta protesta, ¿puede significar un ataque al C. Presidente de la República? En manera alguna; esta protesta significa una advertencia al C. Presidente de la República, una advertencia amistosa, cordial, íntima, esto significa, señores diputados, la palabra del pobre esclavo atado al carro del triunfo del Emperador romano: "No eres un dios, eres un hombre," (aplausos) no te equivoques, procura ir por el recto camino, que solamente las buenas acciones logran hacer la felicidad de los pueblos." (aplausos.) El caso del señor licenciado Acuña, señores diputados, no es más que un episodio, un simple aunque desgraciado episodio de esta política de adulación ilimitada. Quisiera yo recordar cuando llegó a decirse en los periódicos de Spíndola aquello que Palavicini dijo cuando salió el C. Primer Jefe a caballo rumbo a Querétaro, aquellas frases: "Sobre el brioso corcel, como Napoleón, Guillermo...." ¡Qué sé yo! Y aquellas otras tan tristemente ridículas, tan bochornosamente ridículas del señor "Rip Rip," en su célebre artículo: "Buenos días, señor Presidente." (Risas.) Esto es especial, estas son frases que a veces asoman tímidamente en los labios de una desgraciada mujer brutalmente maltratada por el amo. (Risas.) De manera que es, pues, un simple episodio lo acaecido al señor Acuña, y digo que es un episodio, porque el origen de este atentado es el mismo que tienen los hechos que someramente he citado. Ya dije antes, y no he tenido ningún contradictor en esta tribuna que el muchacho que atentó contra la vida del señor licenciado Acuña tiene muchas atenuantes, y yo, sin faltar a los deberes de la amistad con el señor Acuña, podría defenderlo con toda conciencia; pero del banco de la acusación surgirían ante el jurado popular otras figuras, y una de ellas sería usted, señor Martínez. (Aplausos) No se sabe, señores, hasta dónde llega la obra de sugestión y contagio de la prensa! Hasta libros enteros se han escritos sobre le particular. El señor Medina, debe conocer la monografía del doctor Aubri: "El contagio del Asesinato," pues como asienta "El Contagio del Asesinato," si existe el contagio para asesinar y lo sabemos precisamente cuando la prensa en sus editoriales arma el brazo del delincuente, y cuando en sus columnas no hace otra cosa que referir con toda clase de detalles espeluznantes, los crímenes más abominables, estampando las fotografías de los asesinos y de las víctimas, no hace otro cosa que multiplicar en la sociedad los asesinatos y suicidios. Este caso es el mismo: Aquí se ha agitado la pasión política y la pasión política es una cosa terrible, la pasión política ciega, cuando se desborda, es avasalladora; agitar la pasión política es armar la mano del anarquista; el hecho citado aquí por el compañero Sánchez Pontón es de sobra elocuente, y cuando se ha dicho que nosotros debíamos estar cerca de Villa, cuando se nos ha dicho que nosotros hemos incitado al cuartelazo, cuando ha habido hasta un miembro de esta Cámara, el señor Cravioto, que ha asegurado a la prensa que, efectivamente, sólo por la lealtad de los jefes militares no había acaecido esto, entonces ¿qué de extraño tiene que un joven adepto al Primer Magistrado de la República, a quien le debe favores, a quien le debe su grado, a quien le debe toda clase de consideraciones, que lo quiere personalmente, que tiene por él estimación, que ve en él al salvador de la República; qué de extraño tiene que esta hombre, cegado por la pasión haya dicho: "¡Ahí va aquel canalla, aquel villista, aquel conspirador, aquel traidor, seguemos esa vida y la República se salvará! Está es la verdad; de esa responsabilidad no os podréis librar; y todavía, señores diputados, viene aquí el C. Cravioto a decirnos que habla en contra de la proposición; no porque realmente esté en contra de una protesta que hagamos en contra del atentado, sino simplemente porque nos ponemos en ridículo pidiendo que la justicia haga un castigo ejemplar, pues ya sabemos - dice el señor Cravioto - que castigo ejemplar es la pena de muerte. ¿Conque castigo ejemplar es la pena de muerte? (Risas.) Pues, o yo no entiendo mi lenguaje, o castigo ejemplar significa tan sólo una pena que sirva de ejemplo, y que ésta pueda variar del arresto a la guillotina y naturalmente, nosotros no vamos a prejuzgar sobre la magnitud de la persona; deseamos simplemente emplear la palabra ejemplar, aun cuando salga sobrando si el señor Cravioto quiere, pero nuestro pensamiento es ese, que signifique un ejemplo para todos los que, sugestionados por la prensa, pretendieran seguir el mismo sistema que siguieron con el diputado Acuña, con todos los demás miembros de esta conspiración tenebrosa. No, señor Cravioto, no está de más que nosotros pidamos que la justicia intervenga - ya se sabe que aun cuando nosotros no lo pidamos, la justicia tendrá que intervenir -, pero es preciso que nosotros solemnemente lo pidamos, porque le damos más respetabilidad a la demanda, porque cuando todo un Poder de la Federación le dice al Procurador de la República: "Te denuncio ese delito cometido en uno de nuestros miembros", entonces la acusación se solemniza, señor Cravioto, de manera que es absolutamente necesario de esa suerte. En consecuencia, señores diputados, resumiendo las ideas expuestas en mi peroración, debo decir que nuestro deseo más sincero es la consolidación del Gobierno que preside el señor Carranza, pero al lado de este deseo, formulamos otro: El de que la política del señor Carranza se oriente siempre por el camino del deber, de la verdad y de la justicia, que cuando esto sea, tendrá siempre el señor Carranza nuestro aplauso y nuestro apoyo, y que cuando esto no sea, tendrá siempre el señor Carranza nuestra crítica y nuestro ataque. Debo decir que, puestos los puntos sobre esta "i" formidable que tanto nos ha maltratado, no tengo temor alguno de que nos sigan maltratando; que penetre siempre aquí, seamos nosotros más liberales de los que ella es. Démosle toda clase de armas, que desfigure, que aumente, que oculte, que mienta, que difame y que calumnie. Sí, hay cosas que no pueden ni podrán nunca contra la verdad! El gran trágico inglés decía: "Calumnia, que algo queda." Es porque el mundo era otra cosa; ahora, señores, la calumnia ha perdido una enorme fuerza de su poderío: La calumnia día a día se debilita. ¿Por qué? Por que las comunicaciones aumentan y se hacen más rápidas y seguras, porque la difusión de las ideas penetra a todos los hogares y a todas las conciencias. Ya no es la calumnia ese espectro pavoroso; ya es muy raro que un hombre vaya a la sepultura envuelto en el sudario negro de la calumnia. No, después de cinco años de torturas, de fiebres, de lágrimas y de silencio forzado en la isla del Diablo, el capitán Dreyfus ha recibido en su pecho la condecoración

de la Legión de Honor, porque después de cinco años la justicia francesa pudo demostrar la calumnia de los capitalistas y de los jesuítas. (Aplausos) Pero, señores, es preciso que hagamos respetar nuestros derechos, que esta proposición se apruebe en todas sus partes y que demos con esto un ejemplo a la sociedad de íntima, de estrecha solidaridad política. Cuenta Anatole France que cuando un desterrado de Tiberio, Ellius Lamia, se encontró después de muchos años con Poncio Pilato en Roma, haciendo recuerdos de las bailarinas y cortesanas judías, le hablaba de sus amores con una, y terminaba diciéndole: "Por cierto que esta mujer acabó por seguir a una tropa de desarrapados que andaba en torno de un taumaturgo galileo, se llamaba Jesús y era de Nazaret; por cierto que fué crucificado por algún crimen que cometió. ¿No te acuerdas, Poncio Pilato?" Y el Gobernador de Judea, frunciendo, el entrecejo y llamando a sus recuerdos, el dijo: "¿Jesús? ¿Jesús, y de Nazaret? No, no me acuerdo." ¡No se acordaba Poncio Pilato de haber juzgado a Cristo! Y efectivamente no se acordaba; ¡juzgó a tantos que cometieron el mismo crimen contra el Estado que cometió Cristo, que no se acordaba! Pero vosotros, los representantes de la prensa, vosotros, el Secretario y Subsecretario de Hacienda, cuando se os pregunte: ¿Os acordáis de vuestra actuación política en los tiempos crueles de la dictadura? Vosotros ahora respondéis, pero a sabiendas de que mentís: "No, no nos acordamos." (Aplausos ruidosos.)

El C. Secretario Padrés: Habiendo pasado el tiempo reglamentario para la sesión, la Presidencia pregunta a la Asamblea si desea que continúe la discusión. (Voces: ¡No, no, a votar!)

El C. Secretario López Lira: Se pregunta a la Asamblea si se considera suficientemente discutido el asunto; los que estén por la afirmativa se servirán ponerse de pie. Está suficientemente discutido; se va a proceder a la votación de la proposición que dice: (Leyó). Se procede a la votación económica; los que la aprueben se servirán ponerse de pie. Se aprueba.

El C. Presidente, a las 9.15 p. m.: Se levanta la sesión de la Cámara de Diputados; se cita a Cámara de Diputados para mañana a las cuatro de la tarde.

El jefe de la sección de taquigrafía,

JOAQUIN Z. VALADEZ.