Legislatura XXXVIII - Año III - Período Comisión Permanente - Fecha 19430308 - Número de Diario 37

(L38A3PcpN037F19430308.xml)Núm. Diario:37

ENCABEZADO

MÉXICO, D. F., LUNES 8 DE MARZO DE 1943

DIARIO DE LOS DEBATES

DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS

DEL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS

Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración Local de Correos, el 21 de septiembre de 1921.

AÑO III.-PERIODO ORDINARIO XXXVIII LEGISLATURA TOMO I.-NUMERO 37

SESIÓN SOLEMNE

DE LA

COMISIÓN PERMANENTE

EFECTUADA EL DÍA

8 DE MARZO DE 1943

SUMARIO

1.-- Se abre la sesión. Una comisión introduce al Salón de Sesiones a los señores licenciados Ernesto Martín, José Albertazzen y Julio Muñoz, diputados al Congreso de Costa Rica.

2.-A nombre de la Asamblea dan la bienvenida a los visitantes los CC. diputado Alfonso Corona del Rosal y el senador Alfonso Sánchez Madariaga. El señor diputados costarricense Ernesto Martín contesta los conceptos vertidos. Se retiran los visitantes. Se lee y aprueba el acta de la presente sesión, levantándose ésta.

DEBATE

Presidencia del

C. EUGENIO PRADO

(Asistencia de 24 ciudadanos representantes).

- El C. Presidente (a las 17.15 horas): Se abre la sesión.

Se designa en comisión para introducir al salón a los diputados costarricenses Ernesto Martín, José Albertazzen y Julio Muñoz, a los representantes Adolfo Ortega y Alfonso Gutiérrez Gurría.

- El C. secretario Flores Muñoz Gilberto: Por acuerdo de la Presidencia se entra en receso de quince minutos, mientras llegan los señores diputados de Costa Rica.

(Receso).

(Es introducida la representación de la H. Cámara de Diputados de Costa Rica).

- El C. Presidente: Se reanuda la sesión.

Tiene la palabra el C. diputado Alfonso Corona del Rosal.

- El C. Corona del Rosal Alfonso: Honorables miembros del Parlamento de Costa Rica; compañeros senadores y diputados:

El sábado pasado, el Ejecutivo de mi país os dio, por medio de su autorizada palabra, la más cordial bienvenida, y os expresó todo el cariño y la admiración que siente México por el viril pueblo de Costa Rica.

La Comisión Permanente del Parlamento Mexicano quiere repetir ahora idénticos conceptos; os quiere testimoniar también, haciéndose fiel intérprete del pueblo mexicano, el cariño, la estimación y la profunda solidaridad que sentimos para vuestra patria.

En México, señores diputados, conocemos y queremos a Costa Rica; sabemos que ese país hermano, alejado de nosotros por muchos kilómetros, está cerca de nuestros corazones; sabemos que Costa Rica es un país hermoso, es un país rico y fértil; es un país de elevadas montañas, de valles, de tierras feraces surcadas por multitud de riachuelos y de ríos que la fecundan . Pero sobre esa riqueza material, sabemos que Costa Rica posee una riqueza más , inapreciable, una riqueza que no poseen todos los pueblos de la Tierra: el valor de sus hombres, el valor de su pueblo.

Los costarricenses pertenecen a una raza fuerte, sana, tenaz, trabajadora, honesta; a una raza que, para fortuna nuestra, está unida a nosotros por el mismo tronco común; a una raza que expresa sus sentimientos, sus quereres y sus penas, y su visión hacia el porvenir, en el mismo lenguaje que nosotros. Costa Rica es un pueblo con tradiciones semejantes a las de México, con historia que coincide en muchos puntos con la nuestra, con creencias que sustenta la mayoría del pueblo, iguales a las que sustenta la mayoría del de México. Por mil razones estamos unidos a Costa Rica, a ese pueblo bravío, que tiene con México un denominador común: la creencia de que es indispensable la libertad del individuo y un orden justo para que se pueda desenvolver ampliamente la convivencia humana.

Nos complace conocer a Costa Rica, nos complace rendirle este público testimonio de cariño y afecto; pero nos halaga sobremanera también, que Costa Rica conozca y comprenda a nuestra patria.

Digo que Costa Rica conoce a México, porque así lo expresaba claramente el excelentísimo señor Presidente, doctor Ángel Calderón Laguardia, quien en palabras que pronunció el sábado pasado,

reconoció que las luchas de México han sido para construir un orden social más justo más humano.

Ustedes, señores diputados de Costa Rica, tienen la inmensa dicha de ver en su patria toda la propiedad rural perfectamente dividida; han vivido años de tranquilidad y de prosperidad, así como de seguridad, basada sobre esta razón social, que es fundamental. En vuestro país, la propiedad de la tierra está en muchas manos de hombres que la fructifican y la trabajan con su esfuerzo, que se vinculan con ella, sintiendo que ese vínculo es el que los une firmemente a su patria.

En México, señores diputados de Costa Rica, durante varios siglos no sucedió así; durante varios siglos la propiedad de la tierra en México estaba en unas cuantas manos privilegiadas, en poder de unos cuantos individuos que mantenían a la masa de la población campesina en calidad de esclavos o gañanes, haciéndolos trabajar y fructificar la tierra con su sudor y sus lágrimas; lágrimas de impotencia y de rabia ante esa situación injusta; y en esto, señores, estuvo el germen del gran movimiento social nuestro que conocemos con el nombre de Revolución mexicana.

A nosotros nos halaga profundamente que vuestro distinguido e ilustre Primer Mandatario nos haya hecho justicia en sus palabras; nos revela que, a pesar de la distancia, se preocupan en los pueblos hermanos de Centro América de tratar de comprender a México, de entenderlo, de sentir junto con México sus dolores y de compartir con nosotros nuestras profundas esperanzas hacia el porvenir.

Amamos la libertad profundamente, amamos la igualdad, ¿pero qué son la libertad y la igualdad sin la rendición económica? Pregunta que se planteaba el Primer Mandatario de Costa Rica, y la respuesta nos la daba él en forma certera y vigorosa: "la libertad y la igualdad sin una redención económica, no son sino falsos espejismos".

México fue a la lucha para alcanzar su ideal político: un Estado cuya fuerza proteja siempre a los débiles, redimiéndolos económicamente, porque falsos espejismos son la libertad y la igualdad cuando la mayor parte de la población es esclava de unos cuantos privilegiados; porque falsos espejismos son la libertad y la igualdad cuando la mayor parte de la población es esclava de unos cuantos privilegiados; porque falsos espejismos son la libertad y la igualdad cuando se negaban derechos a los trabajadores, derechos fundamentales para ellos, como los de asociarse en defensa de sus intereses de clase; porque vanos espejismos son la libertad y la igualdad cuando a las masas trabajadoras se les negaba el derecho de huelga, el derecho de asegurarse contra el paro, contra la vejez, contra los accidentes; porque vanos espejismos son la libertad y la igualdad, también cuando la educación no es un derecho para el pueblo entero sino para unos cuantos privilegiados; porque vanos espejismos son también la libertad y la igualdad cuando un orden injusto se mantiene por medio de la violencia.

Por esta razón, México ha visto con profunda simpatía vuestra venida; sabe que vienen aquí representativos de un pueblo hermano, de un pueblo cuyo corazón late al unísono con el nuestro; de un pueblo que siente las profundas tragedias de México, sus luchas por la independencia, sus luchas por la redención económica de sus masas, y por eso, os ha abierto con cariño y simpatía su corazón, y ¡cómo no vamos a abrir nuestro corazón a un pueblo que está firmemente unido con nosotros en esta difícil hora en que la guerra se desata, como dijera también vuestro ilustre Primer Mandatario, como un huracán de fuego que abrasa al mundo entero y amenaza aniquilar los ideales de justicia e igualdad que tanto amamos!

Los pueblos de América se han levantado como un solo hombre para defender los ideales de la democracia. El estruendo de las bombas que los aviadores nipones dejaron caer en Pearl Habor, al consumarse la más negra y aleve de las traiciones que registra la historia universal, indudablemente resonaron lúgubremente en el alma del pueblo norteamericano; pero tuvieron una virtud también: así como despertó el pueblo norteamericano para lanzarse a la lucha así también se irguieron magníficos todos los países de la América para ir a defender los ideales de libertad y democracia y en ese sentido ha estado en plano preponderante el pueblo hermano de Costa Rica.

Juntos defendemos los ideales de democracia, y al hablar de democracia, ¡qué mejor homenaje que rendirlo a una nación hermana, que es ejemplo para todo el Continente Americano en este orden de ideas sociales! Ligados estamos en nuestro destino común de defensa de las democracias, y ya que -continúo repitiendo autorizadas palabras para todos nosotros, como son las del señor doctor Guardia- si triunfaran las fuerzas satánicas que luchan por la victoria del mal, se derrumbarían todos los valores de nuestra civilización que dignifican la existencia, haciéndonos sentir el orgullo y el decoro de ser hombres.

México y Costa Rica, señores lo revelan las palabras de nuestro ilustre huésped de México; México y Costa Rica, repito, tienen la suerte de que se encuentren al frente de sus destinos, dos distinguidos estadistas.

La Comisión Permanente del Parlamento Mexicano se complace en rendir un culto testimonio de admiración a las cualidades de estadista del señor doctor Calderón Guardia.

Tal parece que los pueblos, en las horas cruciales de su destino, felizmente encuentran a los hombres que saben imprimir rumbos definitivos para su porvenir. Así, cuando Inglaterra pareció doblegada y vencida, surgió un hombre magnífico: Churchill; así, para llevar las fuerzas productivas y el enorme poderío de Estados Unidos a esta gran conflagración en que se debate el porvenir del mundo, surgió vigorosa y enorme, en todo el Continente y en el mundo entero, la gran figura del Presidente Roosevelt. Así, en todos los tiempos han sabido interpretar los anhelos de la masa, sus ideales, sus esperanzas, hombres excelsos y eminentes. Por esa razón, decía hace un momento que Costa Rica y México tienen la gran suerte de ver al frente de sus destinos a dos grandes estadistas: en Costa Rica, en el pueblo hermano, la figura respetable, culta y profundamente humana, del doctor Calderón

Guardia; y aquí, en nuestra patria, la figura del general de división Manuel Avila Camacho.

Nos confortan, nos animan, y hacemos nuestras también, las palabras del señor doctor Calderón Guardia cuando se refirió a nuestro destino común, al momento en que vivimos. Decía literalmente lo siguiente: "En las horas de prueba, de dolor y peligro, es cuando los lazos de amistad se estrechan y depuran, y el sentimiento de solidaridad se fortalece entre quienes se encuentran colocados en un plano de similar destino e intereses. Y sabemos también que nuestros pueblos, unidos como se hallan en las tragedias angustiosas del presente, habrán de permanecer mañana para la obra trascendental de la paz, que es el gran compromiso que las naciones unidas contraen con la Humanidad futura: que de este choque de odios que han desatado las naciones regidas por gobiernos dictatoriales, surja un mundo nuevo, un mundo más justo y más humano, donde las desigualdades sean menores, donde haya una absoluta libertad para el individuo y una mejor justicia social".

¡Ese es el gran compromiso de las naciones unidas!

Indudablemente, como dijo el ilustre visitante nuestro, así como estamos unidos hoy en las horas de angustia, de dolor y de lucha, estarán mañana Costa Rica y México con su gran aliada, la nación norteamericana, en la mesa de la paz, para discutir las normas sobre las que se erigirá el mundo del futuro la forma en que daremos a las generaciones de mañana una vida mejor que la que nos ha tocado vivir a los de la generación del presente.

Por eso es justo decir que, si unidos estamos en este momento de peligro, cuando rendimos un homenaje a uno de nuestros aliados, como es la república de Costa Rica, lo hagamos con la misma fe, con el mismo cariño, con la misma visión en el porvenir de la Humanidad, a otros aliados, como la gran nación norteamericana, como la heroica china, como la inquebrantable Inglaterra, como la revolucionaria Rusia; a todos nuestros aliados, sin distinción, nuestro más cálido homenaje y nuestro respeto.

Por tanto, señores, México os recibe como hermanos, Sentíos como en vuestra propia patria, que México lo es para vosotros como lo es para todas las naciones indoamericanas.

Ayer, en una fiesta popular, cuando nuestro corazón se emocionó al escuchar el hermoso himno de Costa Rica, observé cómo los miles de personas que se encontraban en ese lugar se emocionaban y sentían ese himno como si fuera el nuestro; y es que todos los pueblos unidos con nosotros por esa historia común, por esa misma lengua, por esa misma tradición de que antes hablaba, somos los mismos, somos hermanos y por esa misma razón estaremos unidos siempre en el porvenir.

Por eso aquí, al desearos que vuestra estancia sea lo más grata posible en nuestra patria, no puedo menos que, tratando de interpretar el sentir de esas miles de gentes reunidas ayer, decir a Costa Rica que siempre sea realidad para ella una de las estrofas de su bello himno, y que bajo el límpido y azul cielo de Costa Rica perduren el trabajo y la paz. (Aplausos).

- El C. secretario Flores Muñoz Gilberto: Por acuerdo de la Presidencia, tiene

la palabra el ciudadano senador Alfonso Sánchez Madariaga.

- El C. Sánchez Madariaga Alfonso: Señor Presidente, señores senadores, señores diputados:

Para el Parlamento mexicano constituye un honor recibir en esta sesión solemne a los distinguidos legisladores de la hermana República de Costa Rica, señores diputado y licenciados Ernesto Martín, José Albertazzen y Julio Muñoz, y por su conducto tributar el homenaje de nuestro leal afecto e inquebrantable solidaridad al culto y demócrata pueblo costarricense. La visita a nuestra patria de la comitiva que encabeza el señor doctor Rafael Angel Calderón Guardia, Presidente de la progresista República de Costa Rica, nos llena de orgullo, pues ella brinda al mundo la oportunidad de comprobar que la fraternidad americana es indestructible.

En los momentos de prueba que vivimos, reviste especial significación para nuestra causa la presencia de un grupo tan selecto de compañeros nuestros en el ideal y en la acción.

México, señores diputados de Costa Rica, está dedicado, lo mismo que vuestro país, a una labor intensa, con el objeto de proporcionar a las naciones aliadas la mayor suma de elementos a su alcance. Está dedicado también a la preparación militar que requiera el estado de guerra con las dictaduras nazifascistas.

Los mexicanos somos conscientes de que la guerra que actualmente azota al planeta definirá el futuro de la Humanidad.

Con la indudable victoria de las naciones democráticas se obtendrá para todos los pueblos, como lo determina la Carta del Atlántico, los medios de vida en la seguridad, dentro de sus propias fronteras, y además que todos los hombres, en todas las tierras, puedan vivir sus propias vidas en la libertad, alejados de la zozobra y de la necesidad.

Pero el advenimiento de la paz, para hacerla que perdure con las instituciones populares así como para impedir nuevas conflagraciones internacionales, precisa la unidad de nuestro Continente. La que se ha logrado en las condiciones actuales de emergencia servirá sin duda al terminar la guerra para dejar resuelto cualquier escollo político, económico o social que pudiera interferir el armónico desenvolvimiento de las naciones. De allí que la presencia en nuestro suelo de tan destacados embajadores costarricenses, la veamos como la afirmación de los acuerdos de solidaridad panamericana adoptados en las conferencias de la Habana y Río de Janeiro, principalmente.

Pero, además, significa que la vieja unión de Costa Rica y México no sólo se ha mantenido la misma en el tiempo, sino que se acrecienta mediante la amistad de sus ilustres Presidentes doctor Rafael Angel Calderón Guardia y general de división Manuel Avila Camacho.

Costa Rica, la de la altiplanicie de eterna primavera, es cuna de hombres generosos como su tierra y serenos como sus altas cumbres. Su historia

está unida a la de México porque sus primeros pobladores fueron de origen azteca. Cuando la capitanía de Guatemala estuvo adherida al victorioso plan de Guerrero e Iturbide, Costa Rica fue parte de la nación mexicana. Pueblo culto y laborioso, amante de la paz, ha sabido empuñar las armas ante la invasión extranjera. La mejor descripción de su carácter la ostenta su himno nacional, en la parte que dice:

"cuando alguno pretenda tu gloria manchar,

"verás a tu pueblo, valiente y viril,

"la tosca herramienta de armas tocar"

Cultura y civismo son distintivos de la vida costarricense.

Su acción social se deriva de una auténtica vida democrática; Costa Rica, como México, se preocupa por elevar el nivel económico y cultural de los humildes. Ha mejorado la vida de sus campesinos y obreros y ha puesto en vigencia la Ley de Seguros Sociales, que protegerá a su clase productora en los momentos de adversidad.

Por sus altas virtudes Costa Rica ocupa un lugar de predilección entre las naciones democráticas.

Por todo esto, la visita que nos hace tan selecta representación como la que esa República hermana ha enviado, estimula nuestra trayectoria de país amante de la libertad y la justicia.

Más de un siglo de luchas forjando la fisonomía y el carácter de la nacionalidad mexicana, nos definen como pueblo rebelde a la tiranía.

Como lo expresó en memorable fecha, con acierto de estadista, el ciudadano general de división Manuel Avila Camacho, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, los héroes de nuestra patria son la mejor garantía de nuestro presente y la más brillante promesa de nuestro futuro. Su obra se proyecta en el horizonte de México alumbrando la ruta que hemos escogido: la de la dignidad.

Nos guían también los ideales americanos de unión y libertad que legaron al Continente: Washington, Bolívar, Martí, Sucre, O'Higgins, San martín, Morelos y Juárez.

Pensamos así con ellos que la hora que vive la América no es la hora de Cortés, no es la de Albarado, no es tampoco la de Quezada, ni es la de Pizarro, ni la de ningún otro conquistador; esta hora es la de los patriotas como Juan Rafael Mora, el Presidente de Costa Rica, que batió al filibustero William Walker; como el benemérito Benito Juárez, que aniquiló en el Cerro de las Campanas al invasor europeo; esta es, finalmente, la hora de Roosevelt, Churchill, Stalin, Chiang Kai Shek y todos los ilustres jefes de Estados que, como el doctor Rafael Angel Calderón Guardia y el general de división Manuel Avila Camacho, postulan y defienden la democracia y la libertad.

México conoce los sacrificios que se deben hacer para conservar las libertades, ya que solamente perduran las que se conquistan y sostienen con las propias manos. Así nos lo enseñaron los próceres de la Independencia; así nos lo enseñaron los hombres de la Reforma, y así nos lo han enseñado los paladines de la Revolución mexicana.

Sabemos también, como lo expresara el gran Martí, "que podemos ser el pueblo de hojas que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando según la acaricie el capricho de la luz o la tundan y talen las tempestades....... que estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los valores de Juan de Castellanos".

Yo hubiera deseado, ilustres huéspedes, haber concretado mi salutación a ustedes en frases de cordial bienvenida; pero la lucha que libra la Humanidad es de tal magnitud, que cuando recibimos la visita de un hermano, sentimos la necesidad de comunicarle nuestras preocupaciones y nuestros propósitos. Por ello mi empeño en hacer notar la trascendencia que tiene la unión férrea de nuestras naciones, y por ello también me he permitido hacer referencia a lo importante que es la preparación debida para ganar la guerra y organizar la paz.

El provenir, se ha repetido en varias ocasiones, es de la joven América. Su potencialidad de producción, su enorme territorio, en gran parte deshabitado, y la afinidad misma que existe entre sus pueblos, son propicios a un grandioso desarrollo.

Si la antigua Europa no ha podido resolver ni los problemas básicos de aquel Continente, de manera específica, los de la seguridad social, es lógico que pertenezca a la moderna América señalar el sentido humano que corresponde a la actual etapa histórica.

Concluyo, haciendo votos por que nada empañe la leal amistad de Costa Rica, y México, y ruego a los señores diputados de aquel hermoso país, que al retornar ante sus conciudadanos les digan que el corazón de México, pleno de afecto, está con ellos y que en la acción común para abatir a la barbarie nazifascista, lo mismo que Costa Rica, México se encuentra de pie. (Aplausos).

- El C. secretario Gilberto Flores Muñoz: Por acuerdo de la Presidencia, tiene la palabra el señor diputado costarricense Ernesto Martín.

-El Sr. diputado Martín Ernesto: Los diputados costarricenses que en estos días disfrutamos de la suntuosa hospitalidad de México, consideramos un alto honor el gentil recibimiento de la Comisión Permanente del Parlamento de esta nación,

Avaloramos ese honor, en forma que hondamente compromete nuestra gratitud por las frases muy galantes que se han dispensado a nuestra pequeña patria, que es la devoción de nuestras devociones, y a su Presidente que dignamente la representa ante los países extranjeros.

Con razón se ha dicho por los voceros de esta Cámara que conocemos a México; conocemos las tradiciones gallardas del Congreso mexicano, que a través de trágicas convulsiones, de luchas encarnizadas en que los mexicanos han derramado a torrentes su sangre y su heroísmo, ha sabido modelar leyes que constituyen un timbre de honor para los pueblos libres de nuestra América, por su contenido profundamente humano y justiciero. Sabemos que ha sido el privilegio y la tragedia de México, que en su territorio, sobre el cual ha volcado la

naturaleza sus galas más exquisitas y sus tesoros más valiosos, se ha librado lucha épica desde que se conserva en los anales la memoria de su pasado. Pero por encima de los combates, de las lucas intestinas en que por momentos parecían desgarrarse las entrañas de la patria, siempre ha estado la justicia de parte del pueblo mexicano, y sobre el fragor de los combates han resplandecidos los ideales cuya encarnación en sabias instituciones es la obra primordial de este ilustre Parlamento.

En las luchas por la libertad que en todo nuestro continente se han librado, en las conquistas que ha sido necesario ganar palmo a palmo en el campo del derecho, ocupa México lugar preferente en la admiración del pueblo de Costa Rica. Nuestra pequeña patria ha vinculado su existencia al derecho y a la libertad y al culto de la democracia porque sabemos que sólo el derecho procura solución estable a los conflictos de los hombres, y sólo en ámbitos de libertad y con arreglo a los principios de la democracia alcanzan los individuos y las colectividades la plenitud de su existencia.

Por ello los costarricenses que tenemos en estos momentos la honra de representar a nuestra patria ante vosotros, nos complacemos y nos honramos al presentar nuestro saludo más cordial y respetuoso a la dignísima representación de la grande y poderosa República mexicana, cuyo culto a la libertad, al derecho y a la democracia son ya consubstanciales con su propia vida, y han obtenido el tributo de la sangre heroicamente derramada por millones de mexicanos en los campos de batalla, y la consagración eterna que les asegura su cristalización en las leyes que constituyen el honor y el orgullo de esta gran patria de nuestra América. (Aplausos).

- El C. secretario Flores Muñoz Gilberto: Por acuerdo de la Presidencia, se nombra a la misma comisión que introdujo al salón a los señores diputados de Costa Rica, para que los acompañe a su retiro de esta Cámara.

(Se retiran los visitantes acompañados de la Comisión).

- El mismo C. Secretario (leyendo):

"Acta de la sesión solemne celebrada por la Comisión Permanente del H. Congreso de la Unión, el día ocho de marzo de mil novecientos cuarenta y tres, en honor de los diputados de la República de Costa Rica.

"Presidencia del C. Eugenio Prado.

"En la ciudad de México, a las diez y siete horas y quince minutos del lunes ocho de marzo de mil novecientos cuarenta y tres, con asistencia de veinticuatro ciudadanos, representantes, se abre esta sesión solemne que celebra la Comisión Permanente del H. Congreso de la Unión, en honor de los representantes de la República de Costa Rica que visitan nuestro país.

"Una comisión nombrada por la Presidencia introduce al salón de sesiones a los señores licenciados Ernesto Martín Albertazzen y Julio Muñoz, diputados al Congreso de la República de Costa Rica.

" El C. diputado Alfonso Corona del Rosal, a nombre de esta Asamblea, da la bienvenida a los visitantes y pone de relieve la identidad de ideales de nuestro país y de la República de Costa Rica.

" El C. senador Alfonso Sánchez Madariaga también dirige un saludo a los legisladores costarricenses, en el que les expresa la admiración de México por el país de donde proceden.

"En seguida, se concede la palabra al señor diputado costarricense Ernesto Martín, quien agradece los conceptos vertidos por los oradores que le precedieron y reafirma los sentimientos de amistad de su país para el nuestro.

Se retiran los visitantes acompañados de la misma comisión que los introdujo al Salón de Sesiones.

"Es leída la presente acta".

Está a discusión el acta. No habiendo quien haga uso de la palabra, en votación económica se pregunta si se aprueba. Los que estén por la afirmativa, sírvanse manifestarlo. Aprobada.

- El C. Presidente (a las 18.5 horas): Se levanta la sesión y se cita para el miércoles de la semana próxima.

TAQUIGRAFÍA PARLAMENTARIA Y "DIARIO DE LOS DEBATES"

El Director, Jefe de la Oficina, JUAN ANTONIO MOLL.